Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/07/16 00:00

Los resistentes

Cuando casi todas las tiendas de música de Colombia y el mundo están cerrando, en el país todavía existen milagros como Tango Discos. ¿Cuál es el secreto?

Álvaro Roa fundó Tango Discos en 1991. Hoy, 25 años después, tiene ocho locales en el país y su tienda continúa vigente pese al surgimiento de nuevos formatos. Foto: Daniel Reina Romero

Es preciso resistir”. Eso decía el cartel que hace cuatro años Álvaro Roa, el dueño de Tango Discos, colgó en sus tiendas. Su intención no era otra que reafirmar una convicción: negocios como el suyo, pequeños y de atención personalizada, sobrevivirán así la tecnología siga avanzando.

Para una tienda de música, hoy es casi heroico sobrevivir en una era donde la tecnología desplazó a los formatos físicos y acabó con imperios como Tower Records, en 2006, que llegó a tener casi 200 locales en el mundo. En Colombia cayeron muchos: Prodiscos, 2015; La Rumbita, Discorama y el Mercado Mundial del Disco, entre 2008 y 2009; Bambuco, 2003, y Globo Musical, 2002.

Las cifras son contundentes. Según un estudio publicado por la firma BuzzAngle Music, durante el primer semestre de 2016 el streaming de música (oír sin descargar) por primera vez le ganó al de video: aumentó más de un 50 por ciento con respecto al año pasado, mientras que este último creció solo 23 por ciento.

Sin embargo, a Roa no lo asustan esos números: “A los que realmente disfrutan destapar un disco, apreciar su carátula, leerse el folleto y ponerlo en el reproductor, la tecnología no los va a seducir”, dice.

Él es una prueba de ello. A sus 62 años –25 después de haber abierto Tango Discos en un pequeño local del centro de Bogotá, sobre la calle 18 con carrera Séptima– tiene una selecta discoteca personal que carga para donde vaya.

Aunque él no cambia, su negocio sí se adaptó. Desde 2005, cuando la caída de Tower Records fue inminente, entendió dos cosas: los costos que implica ser una gran corporación de la música no son rentables en la era digital y a las tiendas pequeñas no les basta con vender discos, hay que innovar. De ahí surgieron varias ideas. Una de ellas fue comercializar películas, especialmente después del cierre de Blockbuster y Betatonio, o recurrir al libro, un producto que aunque parece peligrar repuntó en los últimos años. “Eso reaviva la esperanza de que el mundo no puede ser tan impersonal. Quizá ese revivir del formato físico ocurra también en la música”, advierte.

Y eso es justamente lo que está pasando. La curiosidad que tienen los jóvenes por los vinilos y los tocadiscos ha sido otro salvavidas para las tiendas de música. Además de Tango Discos, que tiene un repertorio de más de 2.000 vinilos, negocios como Musiteca Discos o Tornamesa, ambos en Bogotá, han echado mano de este recurso. Sergio Álvarez, que fundó Musiteca en 1980 y todavía atiende con su hermano César Julio, también encuentra otra explicación para la supervivencia de este tipo de negocios: “Nosotros tenemos algo que internet difícilmente lograría: somos un punto de encuentro entre coleccionistas, aficionados y músicos”. Por razones como esta no sorprende que el año antepasado hayan abierto en la capital no menos de diez nuevas tiendas de música como La Roma y RPM, entre otras, o que Tango Discos tenga ocho tiendas en el país, siete en Bogotá y una en Medellín.

También ha habido otras tácticas. “En la época en que todos nuestros colegas estaban de retirada –Prodiscos, especialmente– decidimos no desfallecer y más bien renovarnos”, cuenta Roa, al referirse al día de 2013 en que el logo de su tienda dejó de tener la tipografía de El padrino para convertirse en un cuadrado gris con verde donde la ‘O’ de Tango se asemeja a un botón de play.

¿Pero es enteramente responsable la tecnología de todos estos cambios? No. Para Roa y Álvarez, la industria ha dejado de producir mucho en los últimos años y, especialmente, la colombiana. Ese rezago ha llevado a que, por ejemplo, un 80 por ciento de lo que vende Tango Discos sea importado. La piratería, el streaming y las descargas de música son para estos resistentes, más que enemigos, competencia. Una competencia que, en su concepto, difícilmente los acabará porque como van las cosas, así como las publicaciones impresas y digitales convivirán por mucho más tiempo del previsto, pasará lo mismo con la música en formato físico y digital.

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