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| 10/8/2013 12:00:00 AM

La verdad sobre la mentira de Armstrong

The Armstrong Lie (La mentira Armstrong), del documentalista ganador del Oscar Alex Gibney, muestra por primera vez cómo se construyó el engaño del afamado ciclista.

El documental, uno de los mejores del cineasta hasta ahora, abarca todo el espectro de la historia y de la complejidad del personaje, desde la cima de su éxito hasta su caída como héroe. Gibney recibió en el 2009 el encargo de hacer una película sobre el regreso triunfal de Lance Armstrong al Tour de Francia tras su retiro definitivo del ciclismo en el 2005. 

Se llamaría The Road Back (El camino de regreso) y estaba pensado como el relato épico del retorno de un héroe. “Arruiné el documental”, le dijo Armstrong a Gibney cuando perdió el Tour. Pero ese no fue el motivo para suspender el proyecto.

Gibney sintió que lo estaban usando para una campaña publicitaria. “Empecé a sentir que era parte de una elaborada estafa”, dijo Gibney. Además, las demandas, las investigaciones y la polémica sobre dopaje lo obligaron a darle un compás de espera a la historia. Casi dos años después, Gibney recibió una llamada de Armstrong, semanas antes de su confesión en televisión ante Oprah Winfrey. En ese momento el documental echó a andar de nuevo con otro título, La mentira Armstrong. Así se estrenó en el en pasado Festival Internacional de Cine de Toronto.

Según la crítica, es el documental más complejo de Gibney, donde explora la secuencia del caso entretejiendo la acción dramática del Tour de Francia 2009 con escenas de testimonios de los excompañeros de equipo y los periodistas cuyas reputaciones fueron dañadas por atreverse a denunciarlo. Gibney recupera la continuidad de la historia y muestra el papel del personaje que construye mientras se crea a sí mismo.

Cuando Armstrong apareció en el programa de Oprah, muchos se preguntaron por qué lo hizo. Su confesión no sólo sorprendió al mundo que todavía creía en él sino que le trajo más problemas de los que tenía porque era una confesión que hasta entonces no se había dado. Desde la perspectiva jurídica, la confesión televisada fue grave para él.

Muchos especularon que con ese mea culpa, Armstrong buscaba volver al deporte. Alex Gibney se dio cuenta de que se trataba de otra cosa: “Creo que había perdido el control de su propia historia. Él es un muy cuidadoso curador de su propio mito y de repente su historia  ya no era la suya”, cuenta Gibney.

La película puede verse mediante la decepción de Gibney, de su ira y su vergüenza al ver que Armstrong no sólo le había mentido a él directamente, sino que además lo quería hacer parte de la máquina para perpetuar su mito. “De muchas maneras fue frustrante para mí como documentalista. Yo quería entrevistar a la crítica y ver lo que tenían que decir, pero ni siquiera querían hablar conmigo porque se suponía que yo era parte del equipo de promoción”.

El documental también muestra que en esa época del Tour siempre hubo drogas. “¿Lance era el único que se dopaba?”, se pregunta Gibney, “simplemente no tiene sentido. Pero yo estaba enojado porque sentí que había sido parte de una campaña de relaciones públicas. Eso me hizo enojar, además del hecho de saber que me miró a los ojos y me mintió cualquier número de veces”.

¿Qué es nuevo en la película? Gibney parece menos interesado en el descubrimiento de nuevas revelaciones que en analizar cómo cambia el personaje y su circunstancia a lo largo de su tragedia. 

Cuenta Gibney que desde el principio tuvo la intención de hacer un documental sobre el deporte y sobre Armstrong como ser humano, sobre “su lado luminoso y su lado oscuro”, pero poco a poco se le convirtió en una película sobre la voluntad. En este sentido, lo interesante no es tanto la novedad como el nivel de detalle emocional en torno a cómo se construyó la mentira y cómo se protegió y se sostuvo durante tanto tiempo.

Vea acá un fragmento:



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