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| 9/16/2006 12:00:00 AM

¿Dónde se acaba el arte?

La instalación 'Arquitectura de sonido', de la artista española Ana Laura Aláez, se exhibe en la Casa de Moneda, de Bogotá, y pone a pensar una vez más sobre los alcances del arte contemporáneo.

Paneles de madera y paredes pintados de rosado, fotografías y videos que parecen sacados de una revista de moda y música electrónica a mitad de camino entre lo experimental y el chill out que se oye en cualquier bar de moda ocupan un par de salas al lado del adusto corredor colonial de la Casa de Moneda. Un par de salas, donde lo habitual es que se cuelguen cuadros y se exhiban esculturas, ha adquirido el aspecto de... ¿una nave espacial? ¿El show room donde se lanza algún nuevo perfume? Lo único cierto es que la obra se denomina Arquitectura de sonido, de la artista vasca Ana Laura Aláez, una reconocida figura en el ámbito europeo. Ella forma parte de un inmenso colectivo de creadores que recogen las antorchas de Marcel Duchamp, Andy Warhol, Malewski y tantos otros pioneros que cuestionaron la esencia del arte desde el arte mismo.

"Cuando fui evolucionando en mi trabajo me di cuenta de que tenía una capacidad para pensar más allá del objeto y pensar en el espacio", cuenta Ana Laura, quien encontró una desconexión entre la galería y el objeto. Por ese motivo algunos críticos españoles dicen que, más que artista, es una diseñadora de interiores. "No me desagrada esa apreciación. Y agrega: Me da rabia que se trate al artista como si fuera una mariposa en un microscopio, refiriéndose a los críticos, que siempre sienten la necesidad de explicarlo todo, de enmarcarlo en algún discurso. Hay gente que visita mis espacios y los aprecia sin tener una teoría detrás".

Aunque, claro está, los críticos muchas veces son quienes orientan al público acerca de la validez de estas obras aparentemente incomprensibles o sin sentido. Jaime Cerón, director de Arte del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, señala que en obras como la de Ana Laura "el trabajo consiste precisamente en situar en otro lugar una práctica cultural ajena al ámbito tradicional del arte. El choque con las expectativas que genera el papel institucional del museo es lo que termina por validar la obra".

Gloria Posada, artista y poeta antioqueña que trabajó en el Grupo Urbe, manifiesta que el artista ha pasado de un interés por los objetos a un interés por los espacios y los contextos. De hecho, cada vez importa menos la firma del artista y más la participación activa, ya sea de otros artistas o del mismo público, en la obra. "El espectador es parte de la obra. La complementa con sus recorridos y sus interpretaciones sobre ella".

¿Arte? ¿No-arte?

Desde hace por lo menos un siglo se habla de que "el arte está en crisis". Como recuerda José Ignacio Roca, curador de esta exposición y director de arte de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, desde los tiempos del impresionismo se ha planteado una pugna entre la vanguardia y lo establecido. Una pugna cada vez más difícil de resolver porque ahora no está en juego únicamente una técnica determinada para pintar o los materiales con los que debe esculpirse sino la función misma del arte.

Gloria Posada considera que no es lo mismo ser artista en el Renacimiento que en el siglo XXI. "El artista actual es un investigador que realiza su trabajo con los recursos de su época", en la que proliferan gran cantidad de imágenes y de técnicas.

Otro resultado de estos cambios de paradigmas ha sido una especie de democratización del arte. En la medida en que cada vez es menos necesario conocer el oficio (dibujo, pintura, grabado, escultura) y cada vez son más accesibles a todos los nuevos medios (video, fotografía, música), los talleres de los artistas huelen cada vez menos a trementina y más a Sanandresito. "Mi estudio es mi ordenador", dice Ana Laura.

En un computador de precio más que accesible se pueden realizar toda suerte de manifestaciones artísticas."En últimas lo que importa es tener ideas. Tú puedes ser un virtuoso en el uso del óleo o tener el mejor 'software' del mundo. Pero si no tienes ideas para transmitir, o no sabes cómo transmitirlas, tu obra no le dice nada a nadie, dice Ana Laura. Lo que determina si una obra es buena es todo lo que hay detrás de ella. Sólo conociendo lo que hay detrás se puede llagar a entender porque generalmente el objeto como tal es mudo", agrega Roca.

Señala además que muchas veces los artistas no meten la mano en la obra sino que crean el proyecto. Ana Laura viajó a Colombia antes de decidir en qué consistiría su muestra. Escogió un espacio y sobre este diseñó su propuesta. Después se asesoró de un escultor, de un arquitecto, de unos operarios que armaron los módulos y de un DJ (su novio Daniel Holc) que escribió y realizó la música.

Esta manera de crear tiene muchos opositores entre los expertos y el público en general, y la critican diciendo que es muy fácil tomar un par de elementos, ponerlos en otro espacio y reivindicarlos como arte. "Todo movimiento en su momento no fue comprendido por facilista, por deforme", dice Roca. Al respecto, agrega Cerón: "Los artistas desde siempre han tomado prestadas. Los pintores clásicos sustentaron su práctica en procedimientos técnicos -óleo sobre tela- y convenciones estéticas -descripción ilusionista del mundo- que se mantuvieron casi inmutables durante siglos. Los artistas de nuestro tiempo hacen lo mismo, sólo que de una forma un poco más consciente".

Para Roca los museos son muy importantes en la medida en que ayudan a educar la mirada del público, y el considera que se debe cambiar la percepción de que sólo es arte aquello que esté enmarcado. "Hoy en día no hay que cuestionar si algo es arte o no. Lo que hay que hacer es cuestionarse si una obra está bien hecha, si es trascendente, si es importante". Y para ello, agrega Gloria Posada, la educación ha sido muy deficiente. "En Colombia existe una gran distancia entre los conocimientos artísticos y técnicos. El arte sigue siendo un asunto de especialistas. Hay graves falencias en la educación artística, tanto en los colegios como universidades, a menos que se estudie artes plásticas".

Las generalizaciones son muy peligrosas y, como dice Roca, "de la misma manera que hay pintura buena y mucha pintura mala, también hay instalaciones buenas y muchas instalaciones malas". Sin embargo, puede decirse que los artistas están cada vez más alejados de las torres de marfil y reflexionan más y más sobre la realidad del mundo y la cuestionan de manera eficaz y contundente.

¿Dónde comienza el arte? ¿Dónde termina el arte? En una era en la que ha hecho carrera una frase de Joseph Beuys, "todo el mundo es artista" -a la que adhiere Ana Laura Aláez-, establecer esos límites resulta poco menos que imposible.
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