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| 3/23/2017 6:25:00 PM

Las increíbles historias detrás de las obras de arte que llegan a Ablac

Una supuesta pintura de Francisco José de Caldas, dos piezas escondidas de Luis Caballero y la tragedia de una artista a quien su esposo le apuñaló sus pinturas. ¿Cómo saber si una pieza es original?

Encontrar esta galería no es la tarea más difícil pero tampoco es la más fácil. Está en el barrio Teusaquillo de Bogotá. La fachada es un edificio que parece residencial. Hay un pequeñísmo aviso fucsia que dice Nest artcenter. La puerta de entrada es mínima. Pero una vez se está dentro del lugar todo se hace grande, espacioso, iluminado.

Sobre una mesa cubierta con un mantel vino tinto de terciopelo está un intaglio de Omar Rayo, un Ana Mercedes Hoyos, dos penes de Luis Caballero y una lupa que permite ver los más pequeños detalles. Alrededor de la mesa está Ricardo Perdomo y Gustavo Espinel, investigadores de Ablac, la agencia colombiana que hace poco certifica la autenticidad de las obras de arte latinoamericanas y específicamente colombianas. Ellos ilustrarían el proceso para identificar si una pieza es original. Pero serían más interesantes las historias detrás de ese proceso.

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La obra de la colombiana Ana Mercedes Hoyos (1942 - 2014) constituye uno de los más sobresalientes logros del arte latinoamericano de finales del siglo XX y comienzos del XXI

“Toma la lupa y acércate”, dice Ricardo. Con esa lupa se pueden ver hasta los poros del papel. “La línea es perfecta. ¿Lo notas?”, pregunta él. “Para hacer algo así se necesita una máquina especial. Hacer cosas como esas requiere de máquinas, de ayudantes y eso valoriza la obra. Esta obra es original”, agrega.

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Intaglio de Omar Rayo. La geometría, la ilusión óptica y el rigor técnico caracterizaron la propuesta del artista colombiano Ómar Rayo (1928 - 2010). Foto: Cortesía Nest.

Cuando llega a sus manos una obra lo primero que hacen es preguntar por la procedencia. Miran si la obra ha rotado por el mercado negro, si hay alguien que ha denunciado el robo de esta obra o si se ha denunciado una falsificación. El camino a seguir depende de cada pieza; se hacen análisis de firmas, un análisis comparativo y tipográfico. Se consulta con museos, otros expertos, historiadores y profesores. La obra se compara con otras obras del mismo autor, se hacen pruebas de luz, se verifica la posibilidad de que haya sido producida en esa fecha, la técnica, el color, el material, el objeto del dibujo. Cada detalle es importante para certificar si una obra es original y así facilitar la comercialización de la pieza.

“Muchas personas llegan con obras que heredaron de sus abuelos. Son objetos misteriosos y cada historia es fascinante”, afirma Ricardo. Tiene los ojos abiertos las manos están cubiertas con unos guantes higiénicos. Las magas de su saco están recogidas y se puede ver un tatuaje, que da la impresión de que sus manos están atadas por cuerdas de marioneta.

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El cuadro de Francisco José de Caldas

Francisco José de Caldas (1768 -1816), astrónomo y matemático, es considerado el primer científico colombiano. Pieza: Pintura con la firma de Francisco José de Caldas. Foto: Cortesía Nest. 

Hay un rostro de un joven indígena. La pieza puede tener 200 años. La pintura no es demasiado buena. “Pero es de alguien que estaba aprendiendo a pintar y que tiene algo de destreza. Lo raro es que la firma dice Francisco José de Caldas”, explica Ricardo, director de Ablac y uno de los cinco curadores de Nest.

Para saber si esta obra es original los investigadores tuvieron que preguntarse en qué momento de su vida Caldas tiene acceso a estos rostros. Sabían que Ingeniero, científico y militar, era de Popayán lo que le daba acceso a poblaciones con estos rasgos. Vivió en Medellín, y que había colaborado con la expedición Botánica después de que José Celestino Mutis lo invita. “Si él pintó esto, tuvo que haber sido en ese periodo, cuando recibió clases para dibujar las plantas. De pronto lo aprendió y en otros momentos desarrolló la técnica suficiente”, especulan. “Pero tuvo que pasar al menos seis meses pensando como artista para ese nivel de calidad”, reflexionan.

Fueron a Casa Museo Francisco José de Caldas. Recabaron en los documentos. Miraron los trazos, miraron las firmas. No hay muchos referentes acerca de qué pintó Caldas. Pasan los meses. Hablaron con historiadores, con expertos, con el Jardín Botánico. “Y cuando llegamos a los dibujos, al color nos damos cuenta que es muy básico y esta pintura necesita conocimiento sobre el color. Para poder pintar a alguien de esta etnia debes tener una técnica”, dice Gustavo. Tiene los ojos muy abiertos, casi se salen de sus gafas de marco negro, se pone la mano en el mentón y mira hacia arriba. Solo se ve su bigote. “La firma tampoco pasa la prueba”, dice él.

La firma que tenía la pintura que supuestamente había pintado Francisco José de Caldas.

Después de mirar la historia están por pensar que la investigación ha terminado. Francisco José de Caldas no pudo haber pintado esa obra, pero la obra es importante “porque el que la hizo sabía que si ponía ese nombre, sería más valiosa. El que la pintó tuvo clases, era bueno. Puede ser de Borja. Pero eso sería otro capítulo en la investigación”, explica Ricardo.

La pintura era de un soldado de La Flota Marina. La puso en el espaldar de su cama, mientras estuvo vivo. Cuando murió les dijo a sus hijos que la había pintado el militar. La Familia quería saber si era cierto y si tenía algún valor.

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Los penes de Luis Caballero

"Mi pintura es personal y autobiográfica. Se nutre de mí mismo. Tengo que estar al acecho de mis emociones para poder transformarlas en cuadros", dijo Luis Caballero en una entrevista. Dibujo de Luis Caballero. 

Lo mejor de su obra, una de las más importantes de la historia del arte colombiano del siglo XX, se halla esparcida por los museos, galerías y colecciones privadas de Europa y de Colombia. Dibujo de Luis Caballero. 

Los cuadros estaban en el consultorio de un urólogo. Era amigo del artista Luis Caballero, destacado por sus desnudos eróticos de cuerpos masculinos. A él no le importaba tenerlos en su oficina. Era el único lugar donde esas obras no escandalizaban a nadie. El médico era gay. No tuvo hijos. Sus sobrinos se quedaron con sus cosas. ¿Pero qué hacer con los cuadros? La sobrina del decía: “Tenía pena. Pensaba que el pene podría ser del tío”. Los investigadores y observaron los detalles, los trazos, las manos, el gesto, la sombra. Eran Luis Caballero. Estos cuadros permanecieron en el closet guardados por un buen tiempo. Ninguno de los sobrinos el urólogo se sintió cómodo con las piezas. Ahora se exponen en Nest.

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El puñal

La artista no quiso revelar su nombre. Foto: Cortesía Nest. 

Hay una mujer que pinta porque le gusta. Se tomó el tiempo de aprender. Ha mostrado su obra en varios lugares, pero nunca ha querido vender una sola pieza. Lo que hace es tomar fotografías de sus creaciones convertir esas fotos diminutas en aretes, collares y pulseras. Con eso comen ella y su familia.

Conoció a otro artista y pasado el tiempo se fueron a vivir juntos. La relación avanzó por unos años, hasta que todo dejó de funcionar porque él tiene problemas graves con el alcohol. Un día ella le pidió que se fuera de su casa. Él se enfureció, tomó un cuchillo y empezó a apuñalar los cuadros. Era una forma de apuñalarla a ella, a lo que quería, a lo que le había dedicado tiempo, a eso de lo que no quería despegarse, a eso que para ella no tenía precio. 

En este caso tuvieron que hablar con el juez que llevaba el caso para explicarle cuál es la carga emocional de un ataque como este y el valor económico que tenían las obras.

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¿Cómo darle valor a una obra?

Ricardo y Gustavo explican que el valor de una obra puede depender de su relevancia histórica. Puede que un dibujo no sea bueno per si es de Francisco José de Caldas tiene un valor impresionante.

También tienen en cuenta la exposición de la obra. Es decir en qué galerías ha expuesto y junto a qué artistas. Si la obra se ha expuesto en algún museo, de seguro el valor incremente. Si vive o no, y si tiene una fundación que lo respalda, o si dejó hijos que puedan reconocer la obra.

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Si es una obra de la que se desconoce el autor, el valor radica en la apreciación, en la calidad con la que fue elaborada, pero también la época, los artistas que hacían cosas similares, la técnica, para ver si es posible encontrar al autor.

Pero no hay una formula exacta para determinar el valor de una obra, varía con el tiempo y depende de lo que le pase, pero al menos siempre quedarán las historias.  

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