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| 3/8/2014 2:00:00 AM

El silencio de la violencia

Por primera vez se exhibe en Colombia 'Plegaria muda', una intensa obra de Doris Salcedo. La pieza estará hasta marzo en Flora, un centro cultural de arte contemporáneo dirigido por el curador José Roca.

Lo más impactante de Plegaria muda, una de las obras emblemáticas de Doris Salcedo, es lo que no muestra. Como ocurre con gran parte de la obra de la artista colombiana, esta pieza es una reflexión sobre la violencia. Pero no hay sangre, cadáveres, cuerpos mutilados o ninguna imagen explícita. Solo insinúa lo que ocurre detrás de estos actos: Salcedo muestra el silencio que queda después de la violencia.

La artista –que desde hace años decidió no aparecer en fotos ni dar entrevistas– empezó a trabajar en esta pieza en 2005. Durante un viaje a Los Ángeles presenció varios casos de violencia entre pandilleros jóvenes de origen latino. Salcedo vio cómo entre ellos había una cadena de violencia que parecía infinita: los victimarios se convertían en víctimas en una larga serie de venganzas. Lo que más le impactó entonces fue la crueldad con la que estos pandilleros se masacraban entre ellos.

De regreso en Colombia, en 2008, Salcedo se interesó en los falsos positivos. Empezó a investigar sobre estos horrendos crímenes y a hablar con las madres de los muchachos que fueron asesinados por agentes del Estado. “Durante meses entrevisté a un grupo de madres acerca de la búsqueda de sus hijos desaparecidos, y del terrible proceso de reconocerlos en las fosas donde habían sido enterrados por los asesinos. Posteriormente, estuve con ellas en el doloroso y arduo proceso de elaboración del duelo y vano intento de lograr justicia, ante la barbarie cometida por el Estado”, escribió en un texto que acompaña Plegaria muda.

Salcedo hizo una conexión inconsciente entre estas desapariciones y los horribles crímenes que había visto en Los Ángeles. Como ocurre en muchas de sus otras obras, decidió utilizar muebles. Para ella las sillas, los armarios o las mesas son artefactos que están estrechamente ligados al cuerpo humano o a su ausencia. En esta pieza en particular utilizó mesas, pero no comunes: fabricó unas con la misma proporción de los ataúdes. Luego las reunió en grupos de dos, una encima de otra. En el medio incrustó un bloque de tierra y sembró pasto. Al crecer, este césped sale por las grietas de la madera.

La artista, que también es conocida por su perfeccionismo, trabajó con arquitectos, con ingenieros y con jardineros para que su obra funcionara sin tener que regar el pasto. Al poner las mesas de esta manera, Salcedo quería anular uno de sus usos: congregar a un grupo de gente alrededor de la comida. Así mismo quería que se transformaran en objetos vacíos, que dieran la sensación de ausencia. El pasto, por otro lado, da la sensación de abandono, pero también lleva un mensaje esperanzador: a pesar de todo la vida vuelve a crecer en cualquier circunstancia y en los lugares más áridos.

“La muerte de cada joven genera una ausencia y cada ausencia demanda una responsabilidad con respecto a los ausentes, ya que su única posibilidad de existir es dentro de nosotros, en el proceso mismo de la elaboración del duelo. ‘Plegaria Muda’ es un intento de elaboración de dicho duelo, un espacio demarcado por el límite radical que impone la muerte. Un espacio fuera de la vida, un lugar aparte, que recuerda a nuestros muertos”, escribió.

En 2008 la obra empezó a recorrer las galerías y museos del mundo. La pieza final tiene 162 unidades, pero ese número varía según donde sea expuesto. Salcedo analiza cada espacio donde se va a exhibir y diseña cada vez un nuevo recorrido. Sus curadores dicen que se trata de un recorrido incómodo y confuso: justamente para que los espectadores se sientan encerrados y sofocados. También la luz es tenue y no hay ningún sonido: crea la sensación de un cementerio, de una sala de velación o de una morgue.

Plegaria muda no había pasado por Colombia. El año pasado, el curador José Roca empezó a planear la programación de Flora ars + natura, un centro cultural de arte contemporáneo que abrió sus puertas en junio (ver recuadro). Entonces se puso en contacto con Salcedo y ella le manifestó su interés por exhibir la obra en Bogotá. Flora era el espacio perfecto, pues es un lugar en el que se hace una reflexión sobra las relaciones entre arte y naturaleza.

La muestra se inauguró hace unas semanas y ha sido un éxito. No solo porque la obra de Salcedo es impactante, sino porque es la primera vez que la artista hace una exposición individual en el país desde 1992. Aunque sobre esto hay una discusión: algunos dicen que Salcedo ha hecho acciones artísticas y performances más recientes. Salcedo, desde luego, no ha aclarado el asunto. No le interesa que la historia personal de la artista opaque la obra. El silencio, como siempre, es su gran aliado.

Arte y naturaleza

José Roca es uno de los curadores colombianos más destacados en la actualidad. Después de un exitoso paso por el Museo del Banco de la República, se convirtió en curador de la prestigiosa Tate Gallery en Londres. Sin embargo no se alejó de Colombia. En junio del año pasado, al lado de su esposa Adriana Hurtado, inauguró Flora ars + natura, un centro cultural de arte contemporáneo, ubicado en el barrio San Felipe de Bogotá. No se trata de una galería, es un espacio alternativo que expone artistas que reflexionan, de alguna manera, sobre la relación entre arte y naturaleza. La casa tiene salas de exhibición, un auditorio, una biblioteca y una tienda. Así mismo, ofrece residencias para artistas de todo el mundo, que pueden pasar un tiempo en la sede de Bogotá o en una segunda, ubicada en Honda.

Flora ars + natura le ha dado una segunda vida al viejo barrio bogotano. La idea de sus directores es que ayude al desarrollo del sector y que este se convierta en un nuevo centro de creación artística. Y parece estar funcionando: ya varios artistas han mudado sus estudios al barrio y dos nuevas galerías, Sketch y Doce cero cero, abrieron sus puertas recientemente.
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