Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/10/31 00:00

DRAMA EN LA CAMPIÑA

A pesar de estar más lejos que nunca de la comedia, en "Septiembre" está el Woody Allen de siempre.

DRAMA EN LA CAMPIÑA

La más reciente película de Woody Allen (con él, nunca se puede afirmar que es la más nueva o la última porque, mientras estrena una, finaliza el montaje de otra y avanza en la redacción del guión de una tercera), se llama "Septiembre" y el título alude a un tiempo físico y sicológico específico, el final del verano y los primeros dias del otoño en una de las locaciones más hermosas del este norteamericano, la campiña de Vermont donde un grupo de amigos pasa esos ultimos días dedicados al ocio, la pesca, la lectura, la música, el cine y los cocteles. Y los recuerdos, por supuesto.

Tratándose de Allen, esos recuerdos no alegran y por el contrario, traumatizan a los personajes, los presionan, los colocan contre ese muro que el director de fotografía Carlo Di Palma ha captado en tonos pastel, mesurados, imitando los amarillos y los marrones que abundan en el bosque.

Los recuerdos siempre han sido elementos claves en las películas de este director, especialmente los recuerdos que aluden a niños encerrados escuchando radio o yendo a los parques de diversión o mirando las peleas de los padres y parientes judíos o el primer amor o el descubrimiento del sexo en condiciones ridículas o la con vicción de que en ocasiones, ni siquiera la religión es capaz de acabar con la angustia y el vacio que los personajes soportan desde hace muchos años o los recuerdos de amores frustrados, porque al final ambos se quedaron con las manos vacías.

Los recuerdos son cicatrices que nunca cerraron del todo, que son reabiertas cuando una hija se atreve a desafiar la omnipresencia de esa madre que es como una aplanadora fique todo lo tumba, que todo lo destruye, que todo lo aniquila porque, por encima de todo, se encuentran su propia vitalidad, sus ganas de seguir disfrutando, aunque el cuerpo ya no soporte una arruga más.

"Septiembre" es una de las películas más duras, violentas y amargas de este director. Algunos espectadores saldrán lastimados, especialmente después del choque brutal entre esa, madre posesiva y esa hija,que en un pasado remoto mató e intentó olvidar la sangre en las manos (hay una reminiscencia curiosa entre esta anécdota y un caso real que ocurrió en Hollywood, cuando la hija de Lana Turner mató al amante de ésta, Johnny Stompanato, un hampón que explotaba a la madre). Ahora, en el silencio de la campiña, luego de un apagón, cuando una cena informal se frustra, cuando la hija descubre que ama al hombre equivocado (Mia Farrow está mejor que nunca como esta muchacha que se defiende de todos como gata boca-arriba), es cuando siente que la madre, con más años, es más joven y renovadora que ella misma. Hace un balance de su vida y descubre también que el saldo es negativo, cuando todas las pasiones saltan y entonces, los que están ahí, encerrados como en un infierno sin electricidad y con un brandy tibio, confirman las teorías que tenían sobre nociones equívocas como la fidelidad, el amor, los celos, el matrimonio, la felicidad, el sexo y la religión.

No es la primera vez que Allen reúne un grupo de personas para confrontar sus emociones, vacios y riqueza espiritual. Ya en "Interiores" tuvimos la experiencia de esa familia desintegrada que alcanzará la inminencia del suicidio con una lucidez desconcertante y luego en "Comedia sexual de una noche de verano", medio en broma medio en serio vemos cómo las parejas que supuestamente estaban alimentadas por la pasión y los sentimientos se van separando, se van resquebrajando en un proceso que en otros hombres y mujeres opera al contrario y mientras Allen ensaya el vuelo rústico en una parábola de la libertad que van perdiendo sus compañeros, unos y otras descifran esos signos inevitables de la desgracia. En "Hannah y sus hermanas" los lazos familiares (se inicia con ese monólogo espléndido de Michael Caine, observando el suéter ceñido de Bárbara Hershey, su cuñada), las ataduras de la sangre no son obstáculo para la destrucción mutua mientras una de las mujeres sigue dando palos de ciego.

"Septiembre" es de las peliculas más completas, más acabadas y también más hermosas de Allen. En esa atmósfera de encierro, con esos tonos pastel, en medio de esa mesura cromática que resulta un freno natural al desbordamiento de todos esos sentimientos ariscos, presenciamos el desdoblamiento de los personajes, como si se arrancaran máscaras y pieles, como si buscaran una identidad que está aplazada desde muchos años atrás, cuando esa muchacha mata en un acto ritual que la dejará marcada para siempre. Quizás algunos echen de menos el humor intelectual y explícito de otras películas, otras comedias (¿se pueden llamar comedias estos dramas donde el espectador sufre tanto como los personajes acorralados?), pero en el fondo es el Allen de siempre, el que mira al espectador por encima de sus anteojos muy gruesos, muy distantes. --

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.