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| 12/13/1982 12:00:00 AM

DROGADICTA Y PROSTITUTA

Una adolescente que recorre el camino del vicio protagoniza "Cristina F", del realizador alemán Elder

DROGADICTA Y PROSTITUTA DROGADICTA Y PROSTITUTA
A principio de los sesentas, antes de que el auge de la droga produjera obras como "Hair", el hit de Broodway, una película sobre alcohólicos conmovió al mundo. "Días de vino y rosas" de Blake Eduards, 1963, se regodeaba en un matrimonio que avanzó a tal grado en su amor por los "drinks" que tuvieron que luchar juntos para poder dejar el vicio. Uno asiste incómodo a este proceso de descomposición y jura, al terminar la película, que dejará el trago de los fines de semana.
Ahora, Ulrich Edel, alemán de 35 años, revive el tema relacionándolo con la heroína y entra al marco cinematográfico por la puerta grande al realizar la película más taquillera de la historia alemana desde el éxito mundial de la maravillosa "El Angel Azul" de 1930.
Cristina (Natja Brunckhorst) comienza a vivir las primeras noches como asistente solitaria a las discotecas. Estamos en 1980 en un Berlín de gente joven y vicio al rojo vivo. "Sound", un establecimiento de música rock, considerado el mejor de Europa, según los anuncios publicitarios, la atrae hipnóticamente. La cámara la sigue con la misma ansiedad que ella demuestra y con el sentido de permanente descubrimiento con que lo hará a través de sus dos horas largas de proyección. Ella es virgen, es "pura" en drogas y apenas cumple trece años .
La historia no es otra que el proceso de una joven en el camino de la droga, desde el consumo de un vallium o un mandraz, hasta pinchazos diarios de heroína para poder asistir al colegio. Esta apareció en septiembre de 1978, en "Stern", con foto de Cristina en primera página, y por doce semanas consecutivas bajo el sugestivo nombre de "Yo, Cristina F., trece años, drogada y prostituida" .
Edel, como también su compatriota Wolfgang Petersen en "El Barco", utiliza el sistema de Steadycam (la cámara a mano, en un soporte basculante que permite desplazarse con cualquier movimiento sin perder el nivel a ras), para seguir los pasos y las decisiones de esta juventud actual que ha llegado (y lo sigue haciendo) a extremos que sugieren espectros de El Bosco, palpables en las secuencias de Subway.
Para ser la primera incursión de Edel para el cine, el tema está contado a la manera de las películas de los cincuentas. Este aspecto puede deberse al proceso que retrata, a la historia que tiene un prólogo, un infierno y un final casi feliz. Ulrich Edel viene de estudiar en "La mama", en Nueva York, luego de una serie de cortometrajes, alguno con actuación de Harma Schygulla, de Fassbinder recordación y de películas que se han presentado en la televisión alemana.
El guión fue asesorado por la propia Cristina, quizás por éso mismo es tan real. Las primeras pastas, la insistencia de la cámara en las drogas y la forma de aplicarlas que recuerdan las "tomas" del "excedrín", en "All that jazz", producen en el espectador una rara urgencia, un cierto deseo y la sensación de lo inevitable del desastre.
El retrato de la juventud que Edel hace es desquiciante: la relación con Detlev, excelente actor, es en su retorcimiento, una muestra de la supresión de todo valor, los sentidos son lo único importante. Estos seres que frecuentan las estaciones del metro están vacíos, no hay un asomo de vida interior fuera de la sensibilidad que da la droga. Viven vegetando. Pasan por la vida como cuando se viaja en un tren nocturno.
Dura, es el adjetivo para definir a "Cristina F.". Veamos una sola secuencia: "Cristina necesita inyectarse, busca un baño público. Entra, va al retrete, se acuesta en el suelo, lava la jeringa en el agua del inodoro, prepara el brazo y en ese momento otro drogadicto aparece por encima de la puerta, se le abalanza, le quita la jeringa, ¡corre al espejo del baño y se la inyecta en la vena aorta...!
Después de ver esta película, uno va a dudar de cualquier jovencito con una bolsa de plástico en la mano, va a pensar muy mal. Tanto como de la verdadera Cristina: resistirá su exilio voluntario del paraíso de la droga. ¿Por cuánto tiempo?

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