Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/12/2017 10:15:00 PM

Dunkerque: la verdadera historia

La película del momento ha recordado uno de los episodios cruciales de la Segunda Guerra Mundial. El historiador Pedro Arciniegas hace un recuento de uno de los hechos de heroísmo civil más recordados del conflicto.

“se preguntarán por qué contuve a las divisiones acorazadas en las afueras de Dunkerque”.

Adolfo Hitler

La película del brillante director Christopher Nolan sobre la dramática evacuación del gigantesco Cuerpo Expedicionario Británico en Francia, y la humillación que implicó para Occidente, lo intenta pero no logra capturar la importancia y la intensidad de este momento. Tal vez no sea posible capturar esas 48 horas tan decisivas para el curso de la historia. Sin embargo, sí logra capturar lo absurdo de la situación…

Muchos no caen en cuenta del enigma que implica el teatro que vieron. ¿Pero es que dónde demonios están los alemanes? Esa es la pregunta que nada menos que cuatro potencias mundiales coaligadas y muchos países se hicieron hasta el pánico y esa es la pregunta que deberán hacerse pues ahí reside el meollo de la cuestión. Muchos no entienden lo que sucede aunque terminan asintiendo. Por entonces nadie entendía ni jota de lo que estaba sucediendo y Heinz Guderian, el audaz comandante de los tanques alemanes estacionados al frente de la playa, con su cara roja de la furia y la incredulidad, y después de casi irse a los golpes con su superior, observaba cómo se le escapan de las manos. ¿La clave? Además del esfuerzo civil británico, que cruzó el canal de la Mancha con todo lo que pudiera mantenerse a flote, no fue que las tropas lograran poner a raya a los alemanes, sino que estos los dejaron escapar. Así, lisa y llanamente. Ese es el gran secreto que se esconde. ¿Qué fue lo que sucedió?

Puede leer: Dunkerque la película del año

Preludio

Para empezar, la Primera Guerra Mundial, Ypres o Verdún, el estancamiento en el frente occidental y el fracaso final la ofensiva alemana de 1918 en que estuvo Hitler, antes de ser herido por segunda vez, y que llegó a 60 kilómetros de París. Y entre tanto el golpe comunista y socialdemócrata, antes y después tratado del Tratado de Versalles firmado en 1919 que le echó toda la culpa a Alemania por la guerra, y que provocó una situación de debilidad de esta de cara al mundo, a pesar de haber derrotado a Rusia y haber conquistado Ucrania, los Países Bálticos y el Cáucaso, además de sus victorias en Italia, los Balcanes y Cercano Oriente y haber permanecido invicta en África suroriental. El dictado de Versalles creó países artificiales, que ya no existen, dejó a Alemania desmantelada, desmembrada y humillada, con las subsiguientes imposiciones, y tan absurdo, que el mariscal francés Foch reconoció que no era una paz, sino un armisticio por 20 años, y el político británico Lloyd George, que tendrían que pelear otra guerra en 25 años. Cuando los propios aliados violaron el tratado superando sus límites, Hitler, después del acenso del nacionalsocialismo, procedió a desconocer el tratado, a rearmar a Alemania y a recuperar territorios alemanes en la “Guerra de las Flores”, es decir, sin disparar un solo tiro y consultando al pueblo mediante plebiscitos, incluyendo la “reunificación” con Austria en 1938. Se ha debido reconocer que si Hitler hubiera muerto ese año habría pasado como el alemán más grande de todos los tiempos.

Este recorrido vertiginoso de Hitler en el interior, en que incluso creó lo que se ha llamado un “Estado de bienestar” que ha causado perplejidad, y exterior, en que incluso mandó al diablo a la Sociedad de Naciones (antecesora de la ONU) y sus sanciones, y a pesar del importante movimiento de resistencia, incluyendo dentro de las fuerzas armadas, el servicio de inteligencia y el propio jefe de Estado Mayor del ejército, que tenía contactos con la Gran Bretaña ofreciendo derrocar e incluso asesinar a Hitler, se topó con el llamado corredor de Dánzig, es decir, Prusia Occidental, que separaba el país en dos. Las relaciones polaco-alemanas habían sido muy buenas, y habían incluido un pacto de no agresión, hasta la muerte en 1935 del héroe nacional polaco y artífice de su independencia, el mariscal Kósciuzsko.

A partir de entonces la política polaca fue completamente antialemana e incluyó otro lado de la historia, incómoda, es decir, las persecuciones, violaciones y masacres de la importante minoría alemana, al igual que sucedió en la región perdida de los Sudetes, en la antigua Checoslovaquia, la cual según Hitler estaba metida como un cuerpo extraño en Alemania y la actual República Checa había sido de hecho alemana. La propuesta reiterada y repetida hasta el último momento antes de estallar era evitar una guerra innecesaria, compartir por 20 años el puerto de la “ciudad libre” Dánzig, que según Versalles era “neutral” pero estaba completamente bajo control polaco, hasta que pasara gradualmente a Alemania, y aliarse contra la Unión Soviética en la cual Polonia encontraría “espacio vital”. Polonia se negó contando con la ayuda francesa y británica (que nunca llegó), Hitler invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939 en una brillante campaña que superó las expectativas, a pesar de la importante resistencia que habría podido desbaratar a los invasores y decidió que Polonia dejaría de existir como Estado independiente.

El Oeste entre tanto permanecía relativamente tranquilo. Francia e Inglaterra, que se preparaban en grande, le declararon la guerra a Alemania (pero esta no se la declaró) en solidaridad con Polonia pero Hitler no les dejó tiempo de nada. Se dieron encontronazos por mar, aire y tierra, incluyendo el hundimiento por el capitán submarinista Günther Prien del orgullo de la armada británica, el HMS Royal Oak, en una operación físicamente imposible al meterse en el puerto natural de Scapa Flow, en Escocia, rodeado de un anillo de islas, separadas por canales pocos profundos, con mareas muy rápidas, por lo cual los británicos tuvieron que inventarse la historia de un espía pues nadie hundía así como así el orgullo de la Royal Navy. Con casi todas las divisiones alemanas en el Este y con la Unión Soviética invadiendo a Finlandia, país que dio una paliza que avergonzó a los soviéticos, Francia, con superioridad, atacó simultáneamente en la región del Sarre contra tropas alemanas de segunda pero fue derrotada sin siquiera alcanzar el Muro del Oeste (línea fortificada Sigfrido), construido por Hitler, tal y como este previó. Hitler no creía que la Gran Bretaña, además de Francia, declararía la guerra, pero no conocía el alcance del movimiento de resistencia alemán que alentó a los aliados a declararla y continuarla hasta el fin.

La invasión

La decisión estaba tomada por Hitler. Ahora había que atacar a Francia, y obligarla a acabar con el Tratado de Versalles, lo cual implicaba devolver las regiones Alsacia y Lorena, dos regiones que, junto con Málmedy, Moresnet y Eupen perdidas ante Bélgica y Schweslig-Holstein ante Dinamarca, históricamente le habían pertenecido más a Alemania que a Francia, y que estaban siendo brutalmente afrancesadas. Pero en este punto comienza el drama de Dunkerque. Hitler no estaba interesado en ninguna guerra con el Oeste y menos invadir, por lo cual no había planes para una ocupación, y fue improvisada. Ofrecía la paz. Sinceramente. También es falso que el pueblo alemán quisiera la guerra. Es uno de los grandes secretos que Churchill, que irónicamente mandó un campo de concentración en la guerra contra los Bóers en África, había caído en desgracia en la Primera Guerra, por el fallido desembarco en Gallípoli, Turquía, en 1915, cuando era secretario de la Armada, y había salido de la oscuridad, resurgiendo de las cenizas cuando nadie daba un bledo por él, al reemplazar a Chamberlain como Primer Ministro del imperio británico. Salía acompañando al rey Jorge VI, el padre de la actual reina Isabel y que reemplazó a su hermano Eduardo VIII, veterano de la primera guerra, miembro de una asociación de veteranos que abogaba por el entendimiento anglo-alemán y que abdicó para poder casarse con una norteamericana plebeya, divorciada dos veces: esta abdicación fue un papelón pues que era simpatizante de los “nazis”, se había reunido con Hitler, y después de la guerra afirmó que “Si yo hubiera sido rey, no habría habido guerra entre Inglaterra y Alemania”. Churchill lo tenía exiliado en una jaula de oro con dinero y bajo vigilancia, en un rincón, las Bahamas. Además, la casa real británica hasta el día de hoy es de extracción alemana, de Hánover y luego la dinastía Sajonia-Coburgo-Gotha, que tuvo que cambiarse el apellido por el de Windsor en la primera guerra mundial, para no incomodar a sus súbditos.      

Ante el rechazo occidental, Hitler ordenó invadir Francia. Pero el mito del dictador omnipresente y al que se le obedecía sin rechistar rodeado por militares muertos de ganas de guerra está lejos de la realidad. Hitler comentó que cuando llegó al poder creía que el Estado Mayor del ejército era una especie de bulldog al que tenía que encadenar, pero descubrió que era él el que tenía que ponerse fiero. El anterior jefe, Beck, prácticamente el fundador de la resistencia alemana, además de sabotear de antemano cualquier plan, conspiraba activamente para derrocarlo y asesinarlo, y le dio un memo, entre otros, a Hitler asegurando que si Alemania y Francia se enfrentaban en una guerra esta le daría una paliza, y apelando a 40 años de experiencia militar, memo que Hitler tiró a la basura. De hecho, el general von Tippelskirch, un berlinés que después recibió las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero, comentó sobre uno de los famosos memos de Beck que no tenía firma “¿Fue escrito por un inglés o un alemán? Si es este, está atrasado para un campo de concentración”. El sucesor escogido por Beck al renunciar por considerar a Hitler un loco era Halder, un conservador reaccionario que en cierta ocasión creyó que Hitler había descubierto la conspiración cuando habló del “espíritu de Zossen”, es decir, un espíritu de subversión, amotinamiento, y traición, y ordenó a los conspiradores abortar el golpe de Estado y magnicidio.

Le sugerimos: Dunkerque la mejor película de Christopher Nolan

Los franceses tenían vigente la inexpugnable línea fortificada Maginot y Halder, al igual que el comandante del ejército, von Brauschittsch, otro conspirador contra Hitler, estaba contra la invasión por imposible, pero de todas maneras repetir el Plan Schlieffen de la primera guerra, que habría funcionado en 1900, pero no en 1914, y que implicaba concentrar todo el avance en el flanco derecho en el extremo norte, a través de Bélgica que a pesar de haber declarado neutralidad militarizó la frontera hacia Alemania, y porque más al sur estaba la línea Maginot. Hitler, al principio fue muy tolerante con el ejército, no opinaba lo mismo y llegó, por separado, a la misma conclusión que quizás el mejor general de la guerra, von Manstein, que no era “nazi”, admiraba el genio militar de Hitler y había ideado un plan que implicaba atacar a través de los Países Bajos como en el Plan Schlieffen, para mover las reservas aliadas al norte, pero el ataque principal sería por un punto inaccesible, el bosque de las Ardenas, región en el norte de Luxemburgo y al sur de Bélgica, y cruzar el río Mosa, un terreno espantoso para los tanques, en dirección al Canal de la Mancha, aislando al ejército aliado en el norte. Así fue Dunquerke.

Cuando la propuesta llegó a Halder, que, al igual que Beck, von Fritsch, von Stuelpgnagel y muchos otros no había creído en el uso revolucionario del tanque y en general en la exitosa Blitzkrieg, rechazó el plan, al igual que Brauchitsch, y ambos degradaron a Manstein mandándolo lejos. Este alcanzó a reunirse con Hitler, pues a finales de enero de 1940 el coronel Schmundt, adjunto militar en jefe, después general y jefe del departamento de personal del ejército, muerto por sus heridas en el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, regresó del frente con el Plan Manstein, que era lo mismo que Hitler había propuesto en octubre de 1939, rechazado por Brauchitsch y Halder. Seis semanas después, marchaban delante de la torre Eiffel, y no se dio la carnicería que Hitler vivió en carne propia. Fueron muchos sus aciertos militares y quitando las consideraciones morales de que no debió haber ganado, al final se quejaba de haber perdido porque habían conspirado neurálgicamente saboteando sus planes, al punto de la traición, y es cierto. Era inconcebible para esos barones prusianos de la guerra que ese cabo de clase media austriaca y de profunda bohemia supiera más de guerra y además muchos militares y civiles no querían que ganara, o cuando la situación se complicó, actuaron solo por creer que la guerra estaba perdida. Lo mismo que en la música, Hitler quería generales competentes y nazis, no era suficiente ser nazi y mal músico, y tuvo mucha amargura por no haber hecho lo que Stalin, purgar las fuerzas armadas y no poder confiar en el criterio de sus generales aunque les dio la oportunidad. Incluso había ordenado tropa de invierno con anticipación en la Unión Soviética pero el intendente general Wagner lo consideró innecesario, y no quería seguir hacia Moscú en 1941 por la inminencia del invierno pero cedió ante sus generales, que después intentaron retirarse a Alemania, y Hitler era el lúcido cuando Halder, que alteró planes y modificó papeles después de la guerra, vivía en otra realidad. Quería generales competentes y nazis como von Reichenau, Model, Schörner, Raus, von Richthofen o Rendulic, no solo competentes y anti-nazis como von Manstein, von Kleist o Whöler (“¡Whöler puede no ser un nacionalsocialista, es verdad, pero al menos es un hombre!”) y nazis e incompetentes como Busch, Reinefarth o Dollmann. No había un frente unido en Alemania, lo cual los aliados supieron muy bien, y el papel de la resistencia alemana con la cual tuvo contacto el propio jefe de las SS y la Gestapo, que jugaba y mal un doble juego, Himmler, “el leal Himmler”, para la victoria aliada, no se puede subestimar. Los anglonorteamericanos, incluyendo Churchill, no lo reconocieron. Por ejemplo el colapso del Grupo de Ejércitos del Centro entre junio y agosto de 1944.

La batalla de Francia

La campaña francesa de 1940 tenía muchos elementos contra Hitler. Para empezar, los aliados tenían la máquina de cifrado Enigma, joya vendida por un alemán a los polacos y que advirtió la inminencia de la invasión. Además, el segundo del almirante Canaris, mal jefe de la inteligencia militar y conspirador que incluso se reunió personalmente con los jefes de inteligencia aliados, el general Hans Oster, le pasó a los aliados los planes de la ofensiva en el Oeste, solo que no le creyeron, hasta que fue muy tarde, porque les parecía inconcebible que alguien hiciera una traición de semejante forma (y creyeron que era un engaño). Además había planes concretos para derrocar a Hitler y asesinarlo. El temido Heydrich, el jefe de la inteligencia policial, que además de ser jefe de la Interpol, marinero y esgrimista sirvió como piloto de reconocimiento en la invasión del Oeste, y luego la Unión Soviética donde fue derribado y cruzó las líneas herido, un nazi sincero a quien Hitler escogió como su sucesor y le causó a Albert Speer una “impresión fresca, implacable y enérgica”, estaba a punto de destapar a Canaris, Oster y demás, pero estos conspiraron para lograr su muerte, en Praga, dos años después, equivalente a perder doce batallas. La aviación francesa detectó de antemano el avance alemán en las Ardenas pero el comandante del ejército francés, Gamelin, creyó que no podía ser porque era una hazaña irrealizable. La invasión a Francia es comparable con la marcha de Aníbal con elefantes desde Hispania por los Alpes al invadir la propia Roma o la marcha de Santander, Anzoátegui y Bolívar por Pisba en 1819.   

Es necesario derribar el mito de que los franceses no tenían qué oponer a los alemanes y que no pelearon. Nada más lejos de la verdad, porque por ejemplo tenían más tanques, mejor acorazados y con mayor potencia de fuego, hasta el punto que las armas antitanques alemanes no podían penetrarlos o solo con demasiada dificultad y lo mismo sucedía con sus tanques, muchos de los cuales eran modelos obsoletos, dándose incluso la situación de que tocaba destruir los tanques franceses manualmente, con granadas o dinamita y con gran peligro, y también los británicos tenían tanques superiores. A los alemanes les sucedió lo mismo en la Unión Soviética. Y por si fuera poco tenían al Cuerpo Expedicionario Británico con una fuerza aérea comparable y demás aliados, su gigantesco imperio, incluyendo la segunda mejor armada del mundo y muchas tropas coloniales de todas partes, y jugaban de local con mucha geografía a su favor. Bélgica incluso tenía una fortaleza inexpugnable, Eben-Emael. Además, le abrieron un segundo frente a Alemania en Dinamarca y Noruega poco antes, Hitler no tenía intención de invadir Escandinavia sino relaciones amistosas y eventualmente una integración que no fuera impuesta, no había planes de invasión sino hasta el último momento, cuando se adelantó a los aliados, que intentaron invadir Suecia, para cortarle materias primas vitales. La campaña escandinava se seguía peleando con mucha dificultad en la campaña francesa, incluyendo el excelentemente defendido puerto fortificado noruego de Narvik. En ella, se perdió prácticamente la flota de superficie alemana, pero en medio de la poderosa armada y tropa y aviación aliada, se capturó Dinamarca y Noruega con solo un número miserable de tropas de tierra, transportadas por mar o aire y paracaidistas (usadas por primera vez en una guerra), apoyados por aviones que combatieron incluso en Oslo en una campaña brillante. Ahí se distinguió el general de tropas de montaña Dietl, héroe nacional, comparable a Rommel, que alcanzó la frontera con Suecia, el culo del mundo, y luego peleó en la nieve del Ártico contra los soviéticos en el extremo norte del planeta.

El ejército alemán no era el ejército moderno que se cree, solo muy pocas tropas eran motorizadas y mecanizadas, no tenían tanques pesados a pesar de los intentos de Hitler porque lo consideraban improcedente y muchos eran obsoletos, amén que todavía se usaba mucha caballería que peleó contra tanques franceses, e incluso para la logística o la artillería. La invasión a Francia se dio en cinco ejes, uno se dirigió a Holanda y la capturó no sin fuertes bajas con tropas aerotransportadas que aterrizaban in situ o paracaidistas y el bombardeo masivo por error a Rotterdam pero que acabó la resistencia holandesa. Otro a través de Holanda y Bélgica, y que incluyó capturar la inexpugnable Eben-Emael, magnífica fortaleza de montaña en una operación que se debe a Hitler con fuerzas especiales, planeadores y paracaidistas. Otro con mayor número de tropas blindadas avanzó a través de las Ardenas, bajo resistencia enemiga cruzó el río Mosa y logró la decisiva ruptura de la batalla de Sedán y siempre contra parte de las mejores divisiones francesas y el orgullosísimo Cuerpo Expedicionario Británico (BEF), lo mejor que tenía lo que era el mayor imperio mundial, entre violentos combates avanzó implacablemente hacia la costa británica, la cual alcanzó aislando al grueso del ejército aliado al norte de París que debió retroceder a Dunkerke. Otro eje en principio defensivo taladraba la Línea Maginot más al sur ante una barrera material y artillera impresionante. Y otro desde el aire, la Luftwaffe, cuyos pilotos fueron los mejores del mundo, incluyendo los rivales amistosos Mölders, mayor as en la Guerra Civil Española, o Galland, que instaló un cenicero para sus puros. Los alemanes estaban encima.   

Dunkerque

El ejecutor del plan Manstein no fue Manstein, que se enteró de la invasión en el Este, a través de la radio, y solo pudo participar después de Dunquerque. La punta de lanza era Guderian, un prusiano macizo y genial, que detestaba la raya roja de los pantalones del Estado Mayor (a pesar de ser el oficial más joven en entrar a este en 1917) y a los oficiales de alto rango, había presenciado la pesadilla de Marne y de Verdún y fue el artífice de la guerra relámpago en Alemania reconociendo como inspiradores a los británicos Fuller, Lidell-Hart y Martel. Era simpatizante del nacionalsocialismo, ardiente admirador de Hitler, un militar de honor, que nunca fue acusado de crímenes de guerra, y después de la guerra dijo que “Dejando de lado todo el argumento de las tropas blindadas, sin embargo, Beck era sobre todo un procrastinador en temas militares al igual que políticos. Era un elemento paralizante donde fuera que apareciera” y “Un hombre de este tipo era la última persona capacitada para tomar parte en un coup d’état… no tenía popularidad con las tropas”. Cuando Hitler fue nombrado Canciller vio las maniobras de los minúsculos Panzers I de Guderian, declaró "Eso es lo que quiero" y creó tres divisiones Panzer. El superior de Guderian, que mandaba un cuerpo motorizado con tres divisiones Panzer y el regimiento élite “Gran Alemania”, era el general von Kleist, un nostálgico monárquico que siempre había preferido el caballo al tanque, pues el alto mando alemán le tenía miedo a Guderian y consideraba demencial su doctrina del tanque y la guerra moderna.

Guderian realizó una maniobra imposible contra el 2º ejército haciendo retroceder a los reforzados franceses, que además habían destruido los puentes del Mosa. Kleist se había dejado contagiar de Guderian y ordenó seguir. El avance continuó con el apoyo de los bombarderos en picado del VIII Cuerpo Aéreo, artillería aérea que con el ruido de una sirena se lanzaba como nadadores olímpicos sobre el suelo y en el último segundo levantaba el vuelo mientras dejaba un regalo, al mando del general von Richthofen, primo del famoso “Barón Rojo”, un nacionalsocialista y gran admirador de Hitler a quien no temía contradecir, aristócrata, ascético, duro, brillante y con ocho derribos confirmados en la anterior guerra. Guderian casi murió por un ataque de la aviación francesa pero Kleist le dijo que siguiera. Acompañando de cerca a Guderian con dos divisiones Panzer estaba el general Reinhardt, uno de los mejores tanquistas que han existido en el planeta tierra, y que con Gudieran llegó a las afueras de Moscú al otro año. Lograron un cabeza de puente tan absurdo que una división de infantería francesa se desintegró del pánico. Los franceses contraatacaron con tanques pero en hora y media más de la mitad ardía. Otra división de infantería francesa dejó de existir. Una división blindada y otra mecanizada no pudieron detenerlos y el 9º ejército francés comenzó a desintegrarse. La resistencia frente a Guderian colapsó y comenzó el avance a Gran Bretaña, en vez de hacia París. El avance asustó al superior de Kleist, el general von Rundstedt, el respetado comandante del Grupo de Ejércitos A cuya madre era una protestante francesa y nacido prácticamente cuando los alemanes derrotaron a los franceses en 1871 al capturar la ciudad de Sedán, capturar a Napoleón III y fundar el II Imperio, ordenó detenerse para que la infantería alcanzara a Guderian. Pero este se insubordinó y respondió a Kleist que ni soñaba detenerse, tuvieron en persona una discusión acaloradísima, y brevemente fue relevado del mando. Aun así, Guderian continuó el avance en secreto.

El general De Gaulle, héroe de la resistencia francesa, que tenía ancestros alemanes y que detestó a Churchill con toda su alma, sentimiento correspondido, contraatacó sorpresivamente con su 4ª división de tanques el 16 de mayo, seis días después de la invasión, pero fue derrotado. La orden de alto de Guderian fue revocada por Hitler el 18 de mayo y los aliados trataban desesperadamente de detenerlos. La 1ª división mecanizada francesa no pudo y los cuarteles del 9º ejército fueron copados con su comandante corriendo hasta ser capturado por una unidad de cocina alemana, y el 9º dejó de existir. Había caos en el gobierno francés, el comandante del BEF solicitaba evacuar, y una brigada británica fue reducida a 250 hombres. A las 7 de la noche del 20 de mayo un batallón alemán alcanzó la costa interponiéndose entre el 6º y 7º ejército francés, y el 1º que incluía las mejores unidades, el ejército británico y el ejército belga que estaban en Bélgica y el norte de Francia. Más de 400.000 británicos y franceses estaban aislados en la Bolsa de Dunkerque. Si eran aniquilados, era el fin del imperio británico y la derrota total para Churchill.

El enigma                           

Parecía el fin pero los aliados asustaron a todo el alto mando alemán el 21 de mayo al lanzar un contraataque con tanques en Arras, escenario de una de las batallas más sangrientas de la primera guerra, contra una leyenda, el general Rommel, el suabo, comandante de la 7ª Panzer, apodada la “división fantasma” porque y sin apoyo avanzó tanto que nadie sabía dónde estaba, y apagaba las comunicaciones “para no ser molestado”. Al otro año Rommel desembarcó en Libia en el norte de África, sin tropas y sin recursos casi hizo pedazos al 8º Ejército británico mientras avanzaba a Egipto, llegó a las puertas de Alejandría cerca a las Pirámides, e hizo que el Cairo casi fuera evacuada en pánico. Estuvo a punto de bloquear el Canal de Suez, entrar en contacto con el futuro héroe egipcio Nasser y otros oficiales que lo apoyarían con un golpe de Estado contra los británicos, y enlazar en algún punto cercano a Palestina con las tropas alemanas que habían invadido la Unión Soviética, que estaban en el umbral de Asia en 1942, entraron en tierras de musulmanes e incluso budistas, y estaban a punto de capturar con sus tanques los yacimientos petrolíferos de Cercano Oriente y Medio Oriente, en dirección hacia Irán por el Cáucaso, ubicándose a pocos kilómetros de Georgia hasta ser detenidos en Stalingrado, y hacia Turquía desde Bulgaria. Tel Aviv y Haifa llegaron a ser bombardeados por el Eje. Ucrania fue capturada, Leningrado (San Petersburgo) estaba sitiada, y todavía estaban a poca distancia de Moscú, ante la cual se ubicaron a menos de 20 kilómetros a fines de 1941 y antes de ser detenidos por ese durísimo invierno de 1941, un motociclista de una compañía de la división Das Reich de las SS que llegó a la terminal del sistema de trolebuses de Moscú, a 17 kilómetros de las afueras y a 27 del Kremlin, logró eludir a las tropas soviéticas y se cuenta que llegó a la estación de tren Bielorusia, a solo 3 kilómetros del Kremlin, cuando fue abatido por el NKVD, las tropas de seguridad de Stalin. En 1943 Rommel fue responsable en Túnez, hacia Casablanca, de una de las mayores derrotas y rendición en masa de los Estados Unidos. El III Reich, de los mil años, fue del círculo polar Ártico al desierto del Sahara y del océano Atlántico a las montañas del Cáucaso, incluyendo el famoso monte Elbrús, y además, la cruz gamada ondeaba en la Antártida.

Así de cerca estuvo de cambiar la historia mundial. Poco antes, Rommel había sido detenido entre Le Cateau y Cambrai por un salvaje contraataque francés pero fue rescatado por la división Totenkopf de las SS, compuesta por guardias de campos de concentración con el general Eicke, un nazi fanático hasta la médula, incorruptible y arquitecto de los campos, primero con un “vicioso” combate casa por casa y cuerpo a cuerpo contra tropas marroquíes y luego repeliendo varios ataques de tanques británicos el 20 de mayo. Rommel no pudo expulsar a los británicos que peleaban con heroísmo inaudito al este de Arras, y no solo eso, los tanques británicos contraatacaron el 21 de mayo con ataques simultáneos en otros lados. Fue una confusa batalla de tanques, vehículos blindados e infantería. Las tropas de Rommel estuvieron al borde de la histeria y afortunadamente para Eicke el ataque cayó sobre su batallón antitanque, sus cañones rebotaban contra los tanques pesados británicos que infligieron fuertes bajas a la Totenkopf, a la que incluso pasaban por encima, pero Eicke contraatacó atacando los tanques con granadas de mano, lo cual también falló. Tras una hora de resistencia desesperada, los detuvo milagrosamente con su artillería y luego los bombarderos en picado hicieron retroceder lo que quedaba de los tanques. Los británicos, con sus cascos ridículos, dejaron aturdidos a los alemanes, y siguieron resistiendo tercamente reducidos al perímetro de Dunkerque.   

Este es el enigma. Guderian, ansioso, estaba a punto de caer sobre Dunkerque, al igual que Eicke, el nazi fanático, que cruzó el canal La Basée pistola en mano bajo fuerte resistencia. El 24 de mayo se dio la “orden de alto” que permitió escapar a 224.585 británicos y 112.546 aliados entre el 26 de mayo y el 4 de junio ayudados por voluntarios civiles, incluyendo yates recreativos, veleros de deporte y barcos pesqueros, que acudieron al llamado, desesperado, de rescatar a sus tropas en territorio enemigo de la boca del lobo. La operación Dínamo, una verdadera hazaña. Kleist reportó que sus pérdidas en tanques excedían el 50%, probablemente inflado en 20%, lo cual preocupó a Hitler, pero por otro lado, cuando llegó la orden de Rundstedt la ignoró, avanzó y casi captura al comandante del Cuerpo Expedicionario Británico, hasta que el mismo día recibió una segunda orden más “fuerte” de detenerse directamente de Hitler y retrocedió. La orden casi mata de la furia a Eicke, que quedó expuesto y retrocedió, y al parecer desafió la orden de Hitler. A las tripulaciones y comandantes de tanques, boquiabiertos a 15 kilómetros de Dunkerque, nadie les hacía fuego y aseguraban que podían tomarla sin problemas a pesar del terreno aledaño desfavorable que advirtió Hitler. ¿Qué sucedió? Se pueden barajar varios motivos.

Para empezar, el avance superó todas las expectativas incluso de Hitler, a pesar de que la superioridad aliada en tanques era enorme, entre los franceses y los británicos tenían 3.432 tanques, sin contar los anticuados y los tanques ligeros británicos, y los alemanes comenzaron con 2.574 tanques, de los cuales 1.478 eran obsoletos, y ninguno mediano y pesado a diferencia de los aliados, a pesar que Hitler siempre intentó introducirlos en contra del Estado Mayor del ejército, y la infantería todavía intentaba llegar a la línea. Rundstedt, que había apoyado a Manstein, presionó al Führer, que curiosamente se había mostrado cauteloso en la campaña, para detenerse, porque el temerario ataque británico en Arras puso al alto mando alemán al borde del colapso, Rundstedt dio la orden de detener el avance hasta resolver la crisis de Arras y temía además que se produjera otro ataque a las tropas blindadas expuestas. Después de la guerra le echó injustamente la culpa a Hitler pues este había seguido su consejo. En este sentido, no se las quería arriesgar porque había que descansar, repararse y prepararse pues faltaba la segunda fase de la campaña al sur del Somme y el Aisne, hacia Verdún, París, el Sena interior y el sur de Francia, donde todavía quedaban muchos ejércitos franceses, la flota y el imperio. Y en la capital francesa podían alzarse los comunistas con apoyo soviético. El jefe de Estado Mayor de Göring comentó que “El Führer desea ahorrar a los británicos una derrota humillante” y Göring mintió informando del “éxito en el puerto de Dunkerque” y dijo que “Solo llegaban barcos de pesca; espero que los soldados británicos sean buenos nadadores”. El VI Ejército alemán comentó que “el enemigo ha demostrado sus superioridad aérea. Para nosotros se trata de un hecho insólito”.

Se puede decir que fue una equivocación, pues el alto mando no informó a Hitler que estaban logrando abandonar en masa el campo sino hasta el 26 de mayo, una semana después de que Londres tomara la decisión, negligencia en que intervino Halder. Hitler, por fin, solo el 26 permitió avanzar a los tanques, detenidos 48 horas antes, hacia Dunkerque pero sin entrar en la población para no desgastarlos en las calles, cosa que hicieron con demoras por el alto y dominaron las alturas al Oeste pero sin seguir, esperando el peso a la artillería terrestre y aérea, y que se vieran aprisionadas por la infantería y empujadas por el avance al norte. El 25 explicó a sus ayudantes que quería esperar llegada de la brigada élite Leibstandarte de las SS, posiblemente por solicitud de Himmler, la cual llegó el 26. Sin duda en la decisión de no seguir influyó el mariscal Göring, comandante de aviación completamente trastornado por la morfina y drogas para el dolor, por una vieja herida, al decirle que podía presionarlos, a pesar de inicialmente no escoltar bombarderos con cazas y la advertencia de su lugarteniente, el general Milch, descollante nazi convencido que se detestaba con Göring pues sus bases estaban sobre todo en Alemania, los aviones alemanes tenían poco radio de acción y la arena hacía que las bombas no explotaran, era muy difícil apuntar a barcos pequeños y la británica tenía bases más cerca y superioridad numérica local, sumado a la niebla que durante tres días evitó despegar. Las bajas causadas fueron relativamente insignificantes. Esta demora de 48 horas fue vital, los británicos y franceses se reforzaron y lucharon incluyendo la llegada de más aviones que se adelantaron a Dunkerque y el comandante del Cuerpo Británico ignoró órdenes francesas de romper el cerco y unirse al sur para ayudar a París. Asimismo, se quería evitar daños en bienes de la población flamenca de Bélgica. Los submarinos del almirante Dönitz, el sucesor de Hitler, alcanzaron a intervenir, y aunque no habían sido apoyados por el comandante de la armada, almirante Raeder, y la debilitada marina luchó inauditamente como el acorazado Bismarck o el corsario Atlantis, lo que hicieron un número insignificante de esos “lobos de mar” en condiciones terribles llegó a bloquear varias veces a la Gran Bretaña y Estados Unidos y lucharon incluso en Extremo Oriente, como el Sureste asiático, y el propio mar y la costa norteamericana.

Pero el factor que se sumó y más polémico que influyó en el ánimo psicológico de Hitler, que llegó a creer que no evacuarían sino lucharían en Francia hasta el último hombre pues, como demostraron toda la guerra y la anterior, era casi imposible desalojarlos, y le dijo a su edecán naval y su valet que esperaba que se quedaran sin municiones y devolver los que pudiera como gesto y que “Siempre es bueno permitir que un ejército derrotado regrese a su casa para mostrar a los civiles la paliza que sufrieron”. No tenía entusiasmo en aniquilarlos y en acabar el honor de la Gran Bretaña. Sin esas tropas estaba acabada. Se reflejó en la planeada invasión a la Isla tras Dunkerque, prefiriendo atacar Gibraltar, para cortar su acceso al Mediterráneo, lo cual saboteó Canaris y el dictador de España general Franco, a quien detestó. Quería neutralizarlos para que hicieran la paz con él, sin que implicara el fin del imperio. “Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”. Esta propuesta la reiteró hasta el final, en secreto y en sus discursos y siempre sintió amargura que le hiciera la guerra y deber aliarse con el Japón contra ella. Efectivamente, la guerra acabó con el imperio británico, que no volvió a estar siquiera a la sombra de lo que fue en años pasados, y es más, desde antes aspiraba a una alianza con los británicos que consideraba como un pueblo emparentado. Solo tenía interés en el Este, lo cual creyó que los británicos entendieron el Pacto de Múnich de 1938, porque consideraba que el verdadero enemigo era la Unión Soviética, que quería invadir Europa y se estaba preparando para ello, y con la cual se alió Churchill, que se aprovechó para engañarlo y capturar a su lugarteniente, Hess, que en una hazaña voló a Escocia y se tiró en paracaídas, creyendo que iba a firmar la paz. Churchill, que bombardeó primero a la población civil alemana repetidamente y desde antes de la Batalla de Inglaterra, aseguraba que incluso estaba dispuesto a aliarse con el Diablo contra Hitler y que quería destruir el imperio británico, Hitler lo describió como un “periodista corrompido” y lo consideraba un borracho y un títere de los judíos.

Epílogo                           

Hitler les dijo a sus generales que “La verdad es que no podía permitirme el lujo de malgastar energías militares. Temía que el enemigo lanzara una ofensiva desde el Somme y destruyera las débiles fuerzas acorazadas del cuarto ejército, llegando incluso quizá hasta Dunkerque. Este revés militar hubiera podido tener efectos intolerables en la política exterior”. Ofreció evacuar todos los territorios conquistados incluyendo Francia, dejando para plebiscito cualquier unión y renunció a recuperar las antiguas colonias a cambio de mano libre en el Este, rechazado por Churchill. Quería que ambos países fueran baluarte contra el comunismo soviético y el capitalismo norteamericano, y además Haushoffer, padre de la Geopolítica moderna, desarrollaba una teoría, concluida y plasmada por Hitler, sobre “espacio vital”, en la cual Alemania dejaría de quitarle tierra al mar para sembrar, una nueva era de la humanidad estructurada en grandes bloques o imperios terrestres. Una Gran Alemania sería construida a partir de territorios vinculados en Europa como Escandinavia y el Benelux, el norte de Francia y el norte de Italia, los países Bálticos y parte de los Balcanes, lo que la convertiría en la gran potencia continental a nivel mundial y la haría aspirar a convertirse en la potencia oriental del mañana, es decir, en la potencia Euroasiática del futuro, un eje de influencia que pasaba por Berlín-Moscú-Pekín conectado por amplias autopistas y largos puentes aéreos y le permitiría el acceso a ricas materias primas aparentemente inagotables y a los mercados de Extremo Oriente. Inglaterra se convertiría en la gran potencia marítima a nivel mundial a través de un vasto Imperio que ya abarcaba grandes partes del orbe, y el control de los principales puertos neurológicos del mundo y un sólido contrapeso a los Estados Unidos y al Japón aunque muy posiblemente debía limitar su influencia en el mar Mediterráneo a favor de Italia por razones sentimentales e históricas.

Algunos generales que ayudaron después se salvaron, como Montgomery, que se enfrentó a Rommel en Egipto con ayuda norteamericana y al que detestaba Patton, el único general “yanqui” temido por los alemanes, o Brooke, que lloró al ser evacuado. Poco después Churchill perdía Grecia, en donde los alemanes alcanzaron el Monte Olímpico, la isla de Creta, capturada increíblemente por paracaidistas a pesar de que los estaban esperando gracias a la máquina Enigma y les disparaban como en una feria, y Japón, la fortaleza inexpugnable de Singapur con casi cien mil británicos. Hitler comentó a su círculo íntimo que “Churchill está medio loco. Acabará con Inglaterra” y “Quiero salvar a Inglaterra. Lo mejor que podemos hacer es lograr una paz equitativa”. Tras Dunkerque, el ministro de relaciones exteriores preguntó a Hitler si podía hacer el borrador de un tratado de paz, pero: “No. Eso es algo que yo mismo haré. Contendrá muy pocos puntos. El primer punto dirá que nada se hará que pueda perjudicar el prestigio de la Gran Bretaña; en segundo lugar, la Gran Bretaña tendrá que devolvernos una o dos de nuestras antiguas colonias [simbólicamente]; y, en tercer lugar, tendremos que llegar a un estable modus vivendi”. Hitler consideraba su imperio “aún hoy, un factor importante para el equilibrio mundial”. No solo eso, se fomentaba la emigración judía pero las potencias occidentales se negaron a refugiar más judíos, en lo que se llamó el crimen occidental, debiendo ir a otros países o no pudieron salir. Se contempló un Estado judío en Palestina, se habló con la comunidad judía internacional, fueron judíos alemanes e incluso existe una medalla conmemorativa con la esvástica y la estrella judía, pero los palestinos no estuvieron de acuerdo y se decidió mandar a todos los judíos a la despoblada colonia francesa de Madagascar, para lo cual se necesitaba la flota británica pero la guerra dio al traste el plan, se decidió expulsarlos al Este y la guerra se intensificó.   

¿Derrota o victoria?

París fue abandonado por los británicos y el gobierno, aunque Churchill suplicó a los franceses defenderla para detener el avance y resistir hasta llegar los norteamericanos. El mariscal Pétain, héroe, se hizo cargo y el 17 de junio pidió armisticio. Hitler dijo que necesaria devolver el territorio robado los últimos 400 años y otros bienes y anunció que esa victoria acabaría todos los entuertos causados por el tratado de Westfalia de 1648, en la cual Francia dividió Alemania. El tratado fue mucho más clemente que el que esta debió aceptar humillantemente en 1918, aunque el lugar fue el mismo, el famoso vagón de Compiègne. Mussolini no quiso apoyarlo, pero el 10 de junio declaró la guerra a Francia y la Gran Bretaña y 32 divisiones sufrieron una humillante derrota ante 6 divisiones francesas, y eso que París cayó. Hitler dijo que Mussolini “Se va a llevar la mayor sorpresa de su vida. Los franceses respetan a los italianos mucho menos que a nosotros” y “Primero, la cobardía les impidió ponerse de nuestro lado, y ahora se pelean por los despojos”.

Esa primavera hubo demasiados casos donde los franceses lucharon con un heroísmo impresionante y donde pusieron a sufrir a los alemanes, como la batalla de tanques de Hannut, de la que se ha dicho fue una victoria, y cubrieron la evacuación británica, al punto que el ejército francés se ganó el respeto de Hitler, lo mismo el ejército belga, y los británicos, haciéndole temer por su ejército. Hitler comentó “la heroica resistencia” de Francia. De Gaulle declaró que “la llama de la resistencia francesa no puede extinguirse, no se apagará”, sin acordarse que se cumplían 125 años de Walterloo, cuyo resultado lo decidieron los alemanes. Y sin las tropas aliadas evacuadas en Dunkerque, a pesar de dejar un enorme material incluyendo 50.000 vehículos, casi 1.000 tanques y más de 2.000 cañones y decenas de miles de prisioneros en su mayoría franceses, y de perder los británicos algunos destructores, buques y embarcaciones menores y los franceses algunos destructores y barcos, el Eje no habría sido derrotado. Pero las pérdidas aliadas fueron unos 90.000 muertos, 200.000 heridos y 1,9 millones de capturados o desaparecidos, y los muertos alemanes no llegaban a 30.000, ni el número total de bajas a 165.000. Los alemanes perdieron más de 1.000 aviones y los británicos casi otros tantos. Como anécdota, entre los últimos defensores del búnker de Hitler, además de españoles, estaban franceses de la división Carlomagno de las Waffen-SS, se colaron en el último momento en el cerco de Berlín sabiendo que la batalla estaba perdida, y uno de ellos, Henri Fenet, herido dos veces contra los alemanes en Francia, destruyó unos 62 tanques soviéticos. Algunos  alcanzaron a escapar y fueron ejecutados por el general Leclerc, de la Francia Libre, cuando les preguntó por su uniforme alemán y uno le preguntó por su uniforme norteamericano.

Hitler aprovechó para visitar los campos de batalla de su juventud, a París y contactar a una francesa que al parecer le dio un hijo en 1918. A su amigo de infancia Kubizek, compañero en Viena, que describió como “cinco años de miseria y calamidad” donde casi fue mendigo pero vendía pinturas y prefería gastar en ópera en vez de comida, al que vio por última vez el 23 de julio, le dijo “Esta guerra nos hará retrasarnos muchos años en nuestro programa de construcción. Es una tragedia. No me convertí en Canciller del Gran Reich Alemán para pelear guerras”. A Arno Breker se lo llevó por aparte y le dijo “Al igual que usted, amo a París. Desde el siglo XIX ha sido un lugar de importancia artística. Y como usted, yo habría estudiado allí si el destino no me hubiera impulsado hacia la política, puesto que todas mis ambiciones, antes de la Guerra Mundial, estaban en el campo del arte”. En un discurso dijo que “No era mi ambición hacer guerras, sino construir un nuevo estado social de la más elevada cultura y cada año de guerra me aleja… la causa de este robo...”.

Cuatro años después, en las Ardenas, Hitler causó pánico al ejército de Estados Unidos y su mayor rendición en masa. El brigadier von von Treschow, que aparece en la película “Valkiria”, desde antes de la guerra consideró deber matar a Hitler y perteneció al “Staff” del Grupo de Ejércitos del Centro que no estaba enfocado en el Este, porque fue un “nido de intrigas y conspiración”, y cuyos miembros todos querían derrocar a Hitler, comentó: “¿No es esto terrible? Aquí estamos, dos oficiales del Estado Mayor alemán, discutiendo como matar a nuestro Comandante en Jefe. Esto debe hacerse. Es nuestra única oportunidad… Hitler debe ser matado como un perro rabioso.”. Al ser capturado por los “yanquis”, Göring, al que en los juicios de Núremberg le quitaron sus drogas y adelgazó 20 kilos, dijo que “Han tenido mucha, mucha suerte de que la guerra no haya durado unos meses más”. Las fuerzas especiales y aviación alemana luchó en Iraq, Irán, Afganistán, la India y otras partes del mundo, submarinos desembarcaron en Canadá, los Estados Unidos y otras partes, y las armas milagrosas que había prometido Hitler, existían, como las bombas atómicas que Hitler se negó a usar porque dijo que solo partes como el Amazonas serían habitables, solo dos meses antes de terminar la guerra el famoso proyecto “Manhattan” estaba completamente estancado, pero capturaron material nuclear, y las bombas de Hiroshima y Nagasaki eran alemanas, solo les cambiaron su apariencia. El general Jodl, consejero de Hitler a quien consideraba un genio, absuelto junto al general Keitel después de ser ejecutado en Núremberg, declaró tras el atentado del 20 de Julio de 1944 “que si la suerte nos es adversa, entonces debemos decidir que, al final tomaremos las armas y nos reuniremos alrededor del Führer… tenemos que permanecer en pie” y ese año comentó que “El cuerpo del Estado Mayor debería ser disuelto”. Hitler declaró en 1945, “el Estado Mayor es la única orden de francmasones que todavía no he abolido”, y el 30 de abril “quiero que escriban en mi tumba ‘él fue víctima de sus generales’”.

El historiador John Lukacs sostiene que “Contrario a la idea famosa de ‘¿Arde París?’ en 1944, no ordenó que París fuera destruida. Al tiempo de la retirada alemana de Roma ese año, tampoco, que Roma permaneciera intacta e intocada”. Sin embargo, en enero de 1939 en un discurso dijo que “Hoy volveré a hablar como un profeta. Si la judería financiera internacional, dentro y fuera de Europa, consigue una vez más precipitar al mundo a la guerra, el resultado no será el dominio bolchevique de la tierra y el consiguiente triunfo de la judería, sino el aniquilamiento de la raza judía en Europa”. Judea ya le había declarado la guerra a Alemania en 1933 y Chaim Weizmann, presidente de la Organización Judía, le escribió a Chamberlain, el antecesor de Churcill, prometiendo que todos los judíos del mundo estaban con él, publicado en The Times.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?