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| 1/1/1990 12:00:00 AM

ECO REPITE

El italiano Umberto Eco vuelve a causar sensación con su nueva novela, "El pendulo de Foucaut".

Como en cualquier novela policiaca, esta, que es un homenaje calido a la imaginación y el humor negro del lector-complice, comienza con una frase simple pero suficiente: "Fue entonces cuando ví el péndulo", y luego sigue: "La esfera, movil en el extremo de un largo hilo sujeto de la boveda del coro, describia sus amplias oscilaciones en isocrona majestad".

A partir de esos dos parrafos y a lo largo de 588 páginas en la edición colombiana de Alianza, asistimos a la divertida, tensa, enmarañada, siniestra, cómica, ridícula, ilustrada y agresiva reconstruccion de lo que el novelista ingles Anthony Burguess ha calificado como conspiración de los Templarios para manejar el mundo como sea, aunque tengan que matar y destruir, como lo hacian en otras épocas cuando la vida era más fácil, menos simbólica y confusa que ahora.

Como en cualquier novela policiaca, el protagonista, que se llama Casaubon, tiene 30 años, trabaja en una editorial importante de Milan y en los años sesenta se graduó con una tesis sobre un tema que después descubriria que era una bomba de tiempo: los Templarios. La novela comienza un sábado pero el jueves anterior, mientras se queda pereceando en su cama, Casaubon recibe una agitada llamada telefónica de uno de sus mejores amigos, Belbo, compañero en la editorial y quien con frases entrecortadas revela su desesperada situación que al principio el otro toma a broma: "Los Templarios, por Dios, Casaubon, se que no querra creerme, pero todo era cierto. Creen que tengo el mapa, me han tendido una trampa, me han obligado a venir a Paris. Quieren que el sabado a medianoche este en el Conservatoire, el sábado, entiende, la noche de San Juan. No quiero ir, estoy huyendo, Casaubon, esos me matan...".

El lector conoce bien la histeria que se ha armado en el mundo entero, en todos los idiomas, o en casi todos, alrededor de esta novela. Como se mantuvo en secreto absoluto el tema hasta cuando uno de los mejores amigos de Eco publico un artículo en un periódico de Italia contandolo todo, cometiendo una infidencia que despertó aún mas la curiosidad. Cómo los críticos han coincidido en señalar "El péndulo de Foucaut" mas interesante, más emocionante que su libro anterior, "El nombre de la rosa" y, por suspuesto, mas complejo.
Porque despues de muchos años de investigaciones, miles de libros consultados, incontables fichas elaboradas, Umberto Eco escribe este libro para canalizar toda su sabiduria, la que despliega con humor, contando la historia a su manera, adelantando y regresando, congelando la acción, quedandose con unos personajes y abandonando otros, mientras deja que el lector, impresionado por la estructura perfecta del libro, entienda que tiene que convertirse en complice del escritor para que la lectura de esta obra no sea un simple ejercicio de información, sino un momento de diversión y hasta entretenimiento, aunque algunos no lo crean.

El grupo de Casaubon y Belbo también cuenta con Diotallevi y entre los tres, por simple juego, se inventan que los Templarios sostienen desde hace muchos años un complot para dominar el mundo, mediante el control de las corrientes que atraviesan la Tierra. Existe un lugar desde donde es posible dominar esas corrientes. Lo que comienza como un juego se convierte inexorablemente en una prolongación real y peligrosa de la vida de los tres personajes y todo cuanto los rodea. Los dos mundos, el supuestamente ficticio de los Templarios y el entorno real de los tres amigos, se confunden mientras los protagonistas investigan, hurgan en archivos, siguen pistas falsas y reencuentran datos auténticos. Otros personajes aportan nuevos elementos a un drama que va enredandose cada vez más porque la presencia satánica es evidente por medio de ritos y palabras, además de la desaparición de algunos personajes. Por eso un jueves en la mañana Casaubon recibe esa llamada angustiada del amigo a quien los Templarios estan persiguiendo. Los peligros aumentan y la Muerte se hace presente en una trama que el lector va siguiendo como si se tratara de uno de esos laberintos medioevales a los cuales Eco, más que nadie, es un adicto.

Todo un retrato de la civilización occidental se encuentra en estas paginas, lo pasado y lo presente y tambien algunas anticipaciones de lo que viene. Y alrededor de esa trinidad de inventores, esos editores que por juego crean un complot que luego se les saldra de las manos y la imaginación, se mueve un zoológico compuesto por maquinas y seres humanos que sufren y gozan por igual. El computador donde se almacena toda la información, donde las investigaciones quedan memorizadas, es uno de los ejes centrales y Eco rinde asi un emocionado homenaje al instrumento que viene usando desde hace varios años para escribir estas historias. Y junto a ese ordenador, los demás, los Templarios, los rosacruces, los asesinos, los alzados contra el Orden, los jesuitas, los filósofos, los masones, los sabios de Sión, los judios, los mentirosos y los que dicen verdades, los lectores y los autores, todos ellos envueltos en esta crisis de identidades porque, en un momento de la novela, ninguno de sus personajes principales sabra hasta dónde llega su mundo real y hasta dónde esa ficción.

Por encima de cualquier consideración, el elemento más importante y más vivo de este libro es el lenguaje, como posibilidad de cambiar y danar y mejorar la vida de los seres humanos. Por eso, estos hablan y siguen hablando durante páginas y páginas, reinventan su historia, se compadecen de su drama y suenan y tienen pesadillas y siguen hablando, mientras Eco les facilita esos signos impresos para que millones de lectores se enteren de sus pesares y compartan su soledad en medio de una trama que se alimenta cada vez con más furor de sus propias excrecencias, de sus propias glorias.

Homenaje a la palabra, al oficio de escribir, a la imaginación, a la fabulación, a ese trastocamiento de los elementos reales y sonados, esperamos ver pronto esta historia convertida en imagenes porque, al fin y al cabo, Eco es el gran sacerdote de todos los medios de comunicación, aunque el lector, como en este caso, se sienta atrapado en una estancia cada vez más asustadora.-

UMBERTO ECO:
"LA VIDA SE INTERPRETA COMO UN ETERNO COMPLOT"
Pocos escritores logran despertar la curiosa voracidad de la prensa como Umberto Eco, a quien le fascina hablar todo el tiempo, en todos los idiomas, no solo sobre sus libros también sobre los ajenos y otros temas. De las innumerables entrevistas concedidas durante el último año, desde cuando apareció originalmente "El péndulo de Foucault", este inventario de sus ideas:
- "Exageran quienes afirman que esta novela es compleja. No puede hablarse de complejidad literaria en un mundo donde hasta los mecánicos y los albañiles ya leen a escritores como Joyce. Ahora, no se piense que exagero: si no leen a Joyce entonces estan viendo peliculas en la televisión y el cine, telenovelas con unas trama que son tan complejas como las del "Ulises" .
- "Hay una enfermedad que se ha apoderado de la cultura y de la política de nuestro tiempo. Por esa razón he escrito este libro: para denunciarla. Es una enfermedad de la interpretación que ha influido en todo: en la teología, en la política, en la vida sicológica. Su nombre es sindrome de la sospecha. Su instrumento es la traslogía: detrás de un hecho se esconde otro más complejo, y otro más, y así hasta llegar al infinito. La vida se interpreta como un eterno complot. Más bien se trata de una cadena de complots. Ni siquiera Dios es suficiente para explicar el origen del universo. También el esta comprometido o involucrado en la sospecha. Será, de verdad, él sólo? Y por qué nos ha creado? En mi libro denuncio la idea del complot como explicación eterna de la historia y de la vida, no la idea de que existan los complots"
- Cuando yo tenía 30 años, les decia a mis amigos del Grupo 63 que, despues de los 50 un intelectual sóla debe ocuparse de los poetas isabelinos. En realidad, quería decirles que la capacidad de comprensión de los fenómenos contemporaneos disminuye con los años. Por eso, a medida que el tiempo pasa, es necesario deja de lado los problemas de actualidad dedicarse a los básicos y fundamentales... No es que uno se vuelva tonto. Digo que necesariamente Picasso no puede entender a Lichtenstein. Las vanguardias se producen en el cambio".
- "Tengo que confesar algo: si no fuese el autor de "El pendulo" despues de tres meses de ver que todos los periodicos hablan de la novela no se me hubiera ocurrido leerla. La hubiera leido 10 años despues de su salida 62.000 años después, porque asi he leido a Homero y me siento francamente bien" (esto lo decía en septiembre de 1988 cuando acababa de aparecer en italiano).
- Fue un proceso largo escribir este libro. Despues de,"El nombre de la rosa" me vino a la mente la idea de escribir otra novela y me golpearon enseguida dos imagenes que eran autobiográficas: cuando vi el péndulo de Foucault en Paris, en 1952, y cuando yo mismo toque la trompeta en el cementerio. Al principio no era Casaubon, el estudiante, sino Jacopo Belbo, el editor, el que hablaba en primera persona y el comienzo de la novela tenía un estilo muy distinto.
La novela anterior era lineal, toda seguida, pero "El pendulo" tenía que tener en cuenta todo el tiempo lo que paso al día siguiente para explicar lo que paso el día anterior y cuidar que no se mostraran algunos aspectos del complot. Todo muy minucioso".-
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