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| 5/14/1984 12:00:00 AM

EL 007 ATACA DE NUEVO

Después de 13 años, Sean Connery reencaucha a James Bond en "Nunca digas nunca jamás".

Fleming murió. Viva Sean Connery, quien se convirtió en el maestro de James Bond, uno de esos mitos que, como Tarzán, ha creado el séptimo arte.
Connery, 53 años, escocés, más de 1.80 de estatura, una figura que sigue siendo sexy y unas atractivas canas, aún recuerda cuando, hace 13 años, al estrenarse "Los diamantes son eternos" exclamó: "nunca jamás".
Había cumplido los 40, quería "entregar las armas" y con ellas el código "007 con licencia para matar". Sin embargo, resolvió hace poco recuperar el papel que le había prestado a su amigo Roger Moore para la película "Octopussy" y, sacudiéndose el polvo, volvió a esas aventuras que llenan las salas de cine del mundo occidental. Por esas ironías de la vida, aceptó una tentadora oferta que se calcula en cinco millones de dólares, pero puso sus condiciones: controlaría toda la película, salvo la música. Inclusive eligió el título como para burlarse de sí mismo: "Nunca digas nunca jamás".
Connery había demostrado en repetidas oportunidades que no simpatizaba con Fleming: "era un jubilado del M-15 (Servicios Secretos del Ejército británico). Como todos ellos era un snob, un aficionado; habían salido de Eton, Oxford y Cambridge, y para ellos el espionaje y el contraespionaje era un juego de salón muy intelectual". Pero si Connery no simpatizaba con Fleming, Fleming tampoco simpatizaba con Connery. Se dice que el autor soñaba con que Cary Grant hiciera el papel del Agente 007, porque "tiene aristocracia" y que cuando los realizadores le comunicaron que Grant no aceptaba y que tenían a Connery, demostró un disgusto que no pudo ocultar el día que lo conoció:
"Y con ese horrible acento escocés quiere usted interpretar a Bond".
Antes, Richard Burton no había pasado la prueba, porque Fleming no toleró su acento galés. Al respecto, Connery tuvo problemas con el acento cuando rodaba "007 contra el doctor No" y en una entrevista afirmaba: "Mi acento escocés ha sido un problema desde que empecé, pero no me gustaría perderlo por completo, porque le quitaría color a mi voz. Eso ocurre con muchos actores. Por ejemplo, Richard Burton no habla inglés en realidad. Es decir, habla inglés, pero con acento galés. Y, de hecho, esa es su principal característica, aparte de su dicción, que es impecable. Pero es su música al hablar, su cadencia, la que le da el color".

BISOÑE POR SENTENCIA
Tanto se ha empapado del papel como Bond, que Connery se ha dedicado a la geopolítica y, además, sostiene que nunca aceptó ser una marioneta de Fleming y que Bond no puede concebirse como un simple pistolero. Reapareció en el cine a petición de su amigo el productor Kervin McClory -otro escocés- y trabajó en el guión con Len Deighton, un irlandés "tan irracional y extravagante como yo", afirma Connery. Deighton autor, entre otros, del guión de "Mis funerales en Berlín", había imaginado que la organización terrorista "Spectre" era responsable de la desaparición de aviones y barcos en el Triángulo de las Bermudas. Sus agentes atacarían la Bolsa de Nueva York por las alcantarillas, utilizando tiburones con ondas eléctricas teledirigidas. Connery intervino en el guión, porque consideraba que en cintas anteriores el guión y los diálogos "eran flojos" y escogió personalmente los actores: Klaus María Brandauer, el "malo", Edward Fox en el rol de M el superior de Bond, y, ni más ni menos, que la nicaraguense Bárbara Carrera que interpreta a Fátima la "última enemiga".
Pero "Nunca digas nunca jamás" no es una película nueva, sino una nueva versión de "Operación trueno" con mayores dosis de imaginación. Curiosamente, para filmarla, hubo que recurrir a los tribunales en busca de un permiso para su realización, con el fin de no afectar los derechos de los productores de hace 15 años. Se quería evitar que después de que el film estuviera listo, resultara una petición de embargo y prohibición. La autorización se consiguió con una salvedad impuesta por los antiguos productores: Connery debía aparecer exactamente igual a la película anterior, para evitar que envejeciera por cuenta y riesgo del envejecimiento natural de Connery. Es la primera vez en la historia del cine que una sentencia judicial obliga a un actor a mantenerse joven y a usar un bisoñé. Pero a pésar de los esfuerzos, los años no pasan impunemente y Connery encarna en la película a un Bond más maduro.

UNA MUJER LLAMADA FATIMA
El argumento de la cinta lleva a Bond a perseguir a un multimillonario, Largo, quien se ha apoderado de dos misiles termonucleares que piensa dirigir contra la ciudad de Nueva York y contra los campos petrolíferos de Medio Oriente, a menos de que se le haga entrega de dos mil millones de dólares. Fátima Bush, quien trabaja para Largo, se empeña en enamorar a Bond antes de que éste pueda acercarse a su jefe y logra que firme una curiosa declaración: "El mayor placer de mi vida me lo produjo, en un barco, una mujer llamada Fátima Bush".
"Nunca digas nunca jamás" está llena de detalles humorísticos que se burlan de la historia y de los personajes mismos. El armero de Bond, por ejemplo, quien es el artífice de los sofisticados aparatos que utiliza el agente se lamenta: "Esto es un asco, me han rebajado el presupuesto. Aquí hace frío y tengo sinusitis. Si la CIA me hiciera una oferta, me iría con ellos de inmediato. Menos mal que has venido, Jaes. Estábamos esperando que llegaras tú, para que aquí hubiera algo de sexo y violencia". Sexo y violencia, la vieja fórmula que todavía funciona y sobre la cual Connery afirma que "es eso lo que uno espera: ver al héroe en una difícil situación de la que finalmente sale, a pesar de los pronósticos en contra y, además, encontrar que la pasa maravillosamente bien con las mujeres.
¿Por qué ha vuelto Bond al cine? ¿El jugoso ofrecimiento? ¿Nostalgia del éxito que no logró con otras películas? ¿Una mezcla de las dos razones y algo más? Nadie sabe muy bien por qué lo hizo. Es indudablemente un hombre más maduro que, después de una última interpretación del 007 hace 13 años, ha encontrado ahora una forma ligeramente distinta de hacerlo, "dándole un aspecto más maduro, más humano".
Connery ha vuelto a la fórmula del éxito no sin haber intentado sobresalir en otros papeles. Hizo películas con Hitchcock -"Marnie, la ladrona"-, con John Boorman -Zardoz"-, Richard Attenborough -"Un puente lejano"- y Fred Zinnemann -"Cinco días, un verano"-. Pero ninguna obtuvo éxito comercial y pocos espectadores las recuerdan, mientras que todo el mundo puede afirmar que ha visto al menos uná de las películas de James Bond, las más taquilleras de los años 70 . El actor Sean Connery ha sido tan responsable de ese éxito como el director italiano Sergio Leone lo ha sido de la creación del spaghetti western. Sin embargo, lo más extraño de todo es que ni el mismo Connery acierta a determinar el por qué del masivo éxito de las películas de James Bond, pero sostiene que los filmes del agente 007 se seguirán haciendo mientras haya gente que los vaya a ver.
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