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| 11/14/2004 12:00:00 AM

El abrazo partido

Una comedia conmovedora que sitúa, en un barrio popular de Buenos Aires, el eterno conflicto entre los padres y los hijos.

Año de producción: 2004.
Dirección: Daniel Burman.
Actores: Daniel Hendler, Adriana Aizemberg, Jorde D' Elía, Sergio Boris, Rosita Londne, Diego Korol.

El rabino Benderson dice: "Los nietos son los premios que Dios nos da por no haber matado a nuestros hijos". Y así, al tiempo que encoge los hombros, resume la cuestión de fondo de esta admirable comedia argentina titulada El abrazo partido. Que sitúa en un barrio popular de Buenos Aires, en una galería de locales administrados por una antología de comerciantes judíos, el eterno conflicto entre los padres y los hijos. Y sigue paso a paso la crisis de un hombre joven, Ariel Makaroff, que no consigue olvidar que es descendiente de una pareja de músicos, hermano de un buen tipo que importa juguetes absurdos, amante secreto de la dueña de un café Internet, confidente de un agente financiero más bien informal que sueña con encontrar una secretaria menos gorda y heredero del almacén de ropa de un progenitor invisible, Elías, que se fue a la guerra en Israel cuando él tenía apenas unos meses de nacido.

¿No queda claro aún que ha llegado a nuestros teatros otra de esas emocionantes películas argentinas que nos invitan a no despreciar las historias mínimas? Entonces tengamos en cuenta que el director, un bonaerense llamado Daniel Burman, vivió con estas anécdotas en la cabeza durante mucho tiempo. Tengamos en cuenta que ha pasado cientos de veces frente al pasillo comercial en donde fue filmada, que reescribió el guión -el narrador Marcelo Birmajer, también de origen judío, participó en la redacción- cuando conoció mejor a su elenco de actores naturales y que ha oído hasta el agotamiento las aventuras de aquellos individuos que fueron capaces de dejar a sus familias en nombre de la causa de su pueblo errante. Tengamos en cuenta, en resumen, que el autor de este largometraje sabe perfectamente a quiénes está filmando: no se corre ningún riesgo, se sabe, cuando se entra a ver una película de alguien que sabe lo que está contando.

Ver El abrazo partido es irse de vacaciones a un lugar del que uno no quiere volver tan pronto. Sí, su trama es mucho más ajustada, mucho más simbólica y mucho menos documental de lo que la mareadora cámara al hombro pretende hacernos creer. Algunas escenas determinantes se quedan en la mitad del camino. Y su drama meditado, el de un hombre que no conoce a su padre, no está tan bien resuelto como todos querríamos pensar. Pero sus personajes son, uno por uno, seres humanos maravillosos que no mueren cuando caen los créditos finales: en sus conversaciones, sus gestos y sus historias sueltas viaja la vida que conocemos sin perder nunca el sentido del humor, sin perder jamás la compasión, y esto, en tiempos en los que hacemos lo que esté a nuestro alcance para abstraer a los demás, es mucho más que suficiente. Por supuesto: puede que nos gusten más como personas que como cinéfilos. Pero, ya que somos personas unas 20 horas del día, al final no será ningún problema.
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