Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/11/24 00:00

EL ACORAZADO

EL ACORAZADO

El museo Guggenheim Bilbao parece ser el paradigma de laarquitectura del próximo siglo. La pregunta es si esta obra de arte será, además, funcional.a primera vista la mole se asemeja a un enorme acorazado de titanio, un buque de dimensiones colosales que incluso llegó a estar amenazado por la pólvora enemiga el día de su inauguración, cuando un grupo de militantes de la ETA estuvo a punto de hacerlo estallar en mil pedazos y la operación fue interceptada por un policía que resultó muerto en el incidente. No había zarpado todavía y el buque insignia del río Nervión ya registraba una baja. La descomunal fortaleza anclada en la ribera del Nervión es, en realidad, el nuevo museo de arte contemporáneo de Bilbao, construido en sus orillas e inaugurado la semana pasada por los propios reyes de España, Juan Carlos y Sofía, ante la presencia de cerca de 800 personalidades internacionales del arte, la cultura y la política. Se trata del Guggenheim Bilbao, sucursal recién estrenada de la fundación Salomon Guggenheim, considerada como la más grande colección de arte del siglo XX en el planeta, con cerca de 10.000 obras distribuidas en dos sedes en Nueva York y otra en Venecia. Ahora le ha tocado el turno a España, en especial al País Vasco y en específico a Bilbao, una ciudad industrial de 400.000 habitantes que desde hace años estaba buscando una atracción para arrastrar turistas. La fundación, por su parte, también andaba a la caza de una nueva sede, de manera que los intereses mutuos hicieron posible el milagro. El gobierno del País Vasco y la Diputación Foral de Vizcaya se encargarían de la financiación del proyecto, mientras la fundación Guggenheim lo haría de la administración del museo.La obra, cuyo diseño anuncia lo que bien puede ser la arquitectura del próximo siglo, es fruto de la creación del canadiense Frank Gehry, uno de los más prestigiosos arquitectos norteamericanos, autor de piezas como el American Center, de París, el Museo de Arte contemporáneo de Los Angeles y el Frederick Weisman Art Museum, de la Universidad de Minessota. Antes de medírsele al Guggenheim Bilbao ya su trayectoria lo había hecho merecedor del premio Pritzker, el más importante en su ramo y catalogado como el Nobel de arquitectura. A orillas del Nervión, donde hace apenas siete años se levantaba uno de los más imponentes depósitos de madera de España, Gehry hizo realidad el sueño bilbaíno: un museo de dimensiones futuristas capaz de atraer la atención por sí solo antes que por el patrimonio artístico que está destinado a alojar. Obras de artistas tan representativos como Matisse, Chillida, Brake, Kandinsky, Giaconetti, Kiefer, Jackson Pollock, Andy Warhol, Pablo Picasso y Marc Chagall, han quedado opacadas por la estructura alucinante del Guggenheim, una edificación de 24.000 metros cuadrados de superficie recubierta de piedra caliza y forrada por miles de placas de titanio, encargadas de jugar con los rayos del sol. Su ondulante fachada, similar a una gigantesca boa plateada, ha dejado obnubilados a los miles de visitantes y a los propios habitantes de Bilbao, quienes desde ya la han visto como el símbolo de una ciudad que ha empezado a saludar el nuevo milenio.Aunque en primera instancia las estadísticas oficiales hablan de un costo total de 120 millones de dólares en el proyecto, algunos expertos no dudan en afirmar que la obra superó los 200 millones de dólares, una cifra que ha hecho levantar más de una voz de protesta. El director de la fundación Guggenheim, Thomas Krens, intentó acallar la polémica argumentando que con el Guernica, de Picasso, exhibido, en dos años la inversión se habría recuperado. Pero el Guernica, quizás el más famoso cuadro del genial artista español, nunca llegó, pues su creciente deterioro, ocasionado por las 19 movilizaciones que ha sufrido a lo largo de su historia, hicieron imposible su traslado a Bilbao.Sin embargo el Guggenheim tiene atractivos suficientes como para atraer a los 500.000 visitantes anuales estimados. El museo es, en sí mismo, una obra de arte y en su interior tendrán cabida las obras de quienes han sido considerados los artistas más representativos del siglo XX. A pesar de su esplendor visual, para muchos no deja de preocupar el hecho de que haya sido construido más en aras de su diseño arquitectónico que de su funcionalidad museográfica. De hecho, la sede circular del Guggenheim en Nueva York, un enorme cilindro dispuesto en forma de espiral construido a mitad de siglo y muy alabado en su momento, ha sufrido serias críticas en relación con su carácter museográfico. Más allá de su imponencia y de su revolucionario sistema de iluminación natural, para algunos expertos la disposición espacial del museo no sólo dificulta la exhibición de las obras más vanguardistas, sino que tampoco favorece la de los propios cuadros. La sensación general es que el museo sacrificó la funcionalidad en beneficio del diseño.Algo similar puede sucederle al Guggenheim Bilbao, pues es innegable que en su construcción ha primado más el sentido estético. "Eso fue lo que se me pidió, ha dicho Gehry. Los políticos me dijeron que el edificio tenía que ser increíble y debía tener un marcado sentido artístico, para que cuando la gente viniera a verlo lo considerara como una muestra del arte del pueblo vasco". Por lo menos visualmente parece que lo ha logrado, pues independientemente de las exposiciones programadas para los próximos años, el Guggenheim Bilbao ha entrado con su acorazado de titanio en un milenio que desde ya vaticina muchas sorpresas arquitectónicas.

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