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| 10/4/2014 10:00:00 PM

El actor de ‘Cantinflas’, más que un imitador

SEMANA habló con Óscar Jaenada, el actor español que asumió el reto de interpretar a Mario Moreno, Cantinflas, el humorista más famoso y recordado de América Latina. Pese a la enorme presión, su papel superó todas las expectativas.

Pocos días después de llegar a México D.F. a preparar el papel de Mario Moreno en la película Cantinflas, el actor catalán Óscar Jaenada se detuvo frente a un quiosco de periódicos. Al acercarse vio su cara en la primera página de un diario y notó que, sin haber rodado una sola escena, México ya lo había descalificado: “Entonces entendí la envergadura de lo que se esperaba, del riesgo que era y del escepticismo que rodeaba mi elección”, confesó a SEMANA.

Hoy, desde su natal Barcelona, Jaenada observa con orgullo las reacciones que genera la cinta, después de que el proyecto de más de 3 millones de dólares estuvo congelado durante varios años. “Cuando uno tiene un producto así solo quiere mostrarlo”, asegura. La película ha sido vista por más de 2 millones de mexicanos, 750.000 estadounidenses, puntea en asistencia en Centroamérica y se exhibe desde esta semana en Colombia. Su éxito se debe en gran parte al magnetismo del protagonista. El mítico Mario Moreno, Cantinflas, un personaje que por su carácter, humor único y dimensión histórica tarde o temprano iba a ser llevado al cine, cautivó a Jaenada y puede ser el rol que lo ratifique como un actor de primera categoría.

El desafío era grande: encarnar al más reconocido de los cómicos mexicanos, a quien Charles Chaplin llamó en 1956 el hombre más gracioso del planeta. Un ídolo enmarcado en la época dorada del cine mexicano que retumbó en toda América Latina y salpicó a Estados Unidos. Muchos de los seguidores de Cantinflas no creyeron que un español fuera capaz de lograrlo, y la prensa hizo eco a actrices que trabajaron con Moreno, como Lucía Méndez y María Sorté, quienes expresaron en público su desacuerdo con la escogencia.

El director mexicano Sebastián del Amo sintió todo lo contrario. “Probamos a ocho actores mexicanos, y los productores incluso le ofrecieron el papel a uno muy famoso –le contó a esta revista–. Pero Óscar, que se enteró del proyecto por la prensa, se puso en contacto con nosotros a través de su agente y nos envió unas fotos como Cantinflas. Nos sorprendió y le pedimos que viniera a México a hacer un ‘casting’. Fue el mejor por lo que mostró, las inflexiones de voz, la gestualidad. Fue impresionante”.

Jaenada, de 39 años, aretes, pelo rebelde y ropa sacada de un libro futurista se transformó en Cantinflas, y también en otra persona menos conocida para el público: Mario Moreno, el hombre sin maquillaje. “Tenía que interpretar a dos personajes muy distintos, y el trabajo que me pedía cada uno era muy diferente. En el caso de Cantinflas, había que ver sus películas, una y otra vez hasta encontrar los momentos en los que empezaba a improvisar. Había que ser muy escrupuloso en el análisis de sus actuaciones. A Mario Moreno, en cambio, tuve que investigarlo más a fondo”, cuenta con su marcado acento ibérico.

Cuatro meses antes del rodaje se empapó de cultura mexicana. El director le enseñó el contexto histórico del momento en el que nació Mario Moreno, en el que inventó su personaje. También lo ilustró sobre la situación social y política del país y luego lo dejó volar. Jaenada montó en su apartamento un altar cantinflesco cargado de estampitas, íconos y música. Allí vio unas 14 veces cada una de sus películas, y cuando no, el silencio era acallado por música de Chavela Vargas o Agustín Lara. El actor pegó el guion en las paredes para ver las curvas emocionales del papel. Con el director, también visitaron la casa donde nació Moreno, en un sector icónico de la ciudad que concentraba el entretenimiento de la época, cerca al Palacio de Bellas Artes.

Más que un actor técnico, Jaenada es tan apasionado y visceral que se mete en los zapatos de sus personajes. Por eso incluyó en su preparación a un equipo que integraba varias disciplinas: “Trabajé con un foniatra (un especialista que le ayudó a ocultar su acento), una profesora de baile y también un imitador que me presentó algunas escenas. Era muy exagerado en su interpretación y para mí fue un gran trabajo desdibujar a un Cantinflas televisivo para encontrar ciertas pautas, detectar dónde estaban las diferencias entre lo que la gente veía, y lo que era. La imitación es una sobrecarga a la cual no quise llegar, mi trabajo consistió en encontrar al personaje de verdad”.

Del Amo asegura que era apenas natural que los mexicanos cuestionaran a un extranjero en ese rol, pues se trataba de un personaje querido por varias generaciones, pero le sorprendió que se generara tanta controversia. Sin embargo a Jaenada no le tomó mucho tiempo acallar a sus críticos. Incluso Mario Moreno Ivanova, el hijo de Cantinflas, afirmó que ver al español en la piel de su padre durante el rodaje lo llevó al borde de las lágrimas. “Trabajamos al 200 por ciento, pues no solo íbamos a contar la historia de un actor sino de un  director, productor, guionista, de un pionero del cine, y también una parte de la historia de México”, explica. A pesar de las críticas que cuestionan el enfoque light de la cinta, pues esta se centra sobre todo en la faceta de showman del Mimo de México, sus compatriotas la han recibido muy bien y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas la escogió para representar al país en la preselección de Mejor película extranjera de los premios Oscar. 

De llegar a quedar entre las nominadas, Jaenada consolidaría su carrera definitivamente.   En 2005 asumió el rol de Camarón de la Isla, un cantaor cargado de virtudes y de tormentos, venerado entre los aficionados a la música flamenca, a quienes les parecía que el actor no tenía el alma gitana. Jaenada dudó, pero se arriesgó. “Uno va conociendo sus límites”, afirma. Estudió y pulió el personaje, y lo encarnó tan bien que ganó el Goya en 2006. “Si los premios te sirven para seguir haciendo lo que quieres, bienvenidos sean”. El catalán pasó de ser cuestionado a ser llamado el próximo Javier Bardem. Asumió luego varios papeles que lo vieron subir y bajar, y apareció incluso en la saga de Hollywood Piratas del Caribe.

Ahora que puede observar su trayectoria en perspectiva, Jaenada recuerda dónde empezó todo. Cuenta que cuando niño frecuentaba la casa de su abuela en Barcelona, debajo de la cual había una sala de cine. La abuela tenía un trato con los dueños: les dejaba ubicar la cartelera en su ventana y 
a cambio recibía boletos gratis. El pequeño Óscar pasó tardes allí viendo películas y todo lo que pasaba dentro. “Creo que ahí surgió algo. Quizá todo fue producto de la casualidad” concluye. En su caso el valor ante el riesgo también ha jugado su parte. 
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