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| 9/9/2006 12:00:00 AM

El Angel desconocido

El nombre de Albalucía Angel no le dice nada a la inmensa mayoría. Sin embargo, ella es una de las novelistas más importantes de Colombia. El III Congreso de Escritoras que se celebra en Bogotá le rinde homenaje.

El nombre de Albalucía Angel es un susurro que siempre se escucha en el medio literario colombiano. Sólo unos cuantos han leído sus escritos -son casi imposibles de conseguir-, pero todos saben que es autora de Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, considerada una de las obras cumbre que narra la época de la violencia en el país. Pocos la reconocerían en la calle -tal vez nadie-, pero la gran mayoría sabe que es una escritora cuya obra se estudia con interés en muchas universidades del mundo. Y lo que casi nadie entiende es por qué esta mujer que vive hace más de 40 años fuera de Colombia nunca ha tenido la difusión que merece. "Creo que he dicho cosas muy inconvenientes para la época en que las estaba escribiendo, cuenta Albalucía desde Barichara, Santander, donde para por el momento.Nunca he pensado que mis novelas vayan a ser aprobadas por la masa".

En España, en los años posteriores a la dictadura, fue, como dice ella, leída por hombres y criticada por hombres. Luis Suñén, crítico literario, llegó a decir de Misía Señora (tal vez su obra más homenajeada, que casi no circuló en Colombia), que era una "novela de mujeres que tenía que ser leída por todos los hombres". Y fue un hombre editor español, Carlos Barral, quien apostó por ella mientras estuvo vivo. La manera de contar desde la intimidad femenina y la forma como utilizaba su lenguaje apasionado, casi barroco, para descubrir cada uno de esos rincones vedados para la mujer latinoamericana, cautivó a muchos hombres que se acercaban a este universo a través de sus obras.

A pesar de este apoyo, sin embargo, sus obras nunca tuvieron una lectura masiva. "No soy una escritora legible para el público de masas porque pongo a la gente a pensar. Tengo la impresión de que todo lo que yo estaba contando, así sea con ese perro humor pereirano que dice mucha gente que tengo, era para que la gente discurriera consigo misma y no sólo estuviera viendo episodios como en los videos de televisión, que es lo que realmente vende", dice. Era tan cautelosa con sus escritos, que ni siquiera los integrantes del boom, con los que compartió muchos momentos, sabían que era escritora.

Y cuando se enteraban, ni siquiera llegaban a leer sus obras. "Yo era una cantante que cantaba música latinoamericana por el mundo. Y en Barcelona llegaba a las 4 de la mañana a la casa de Gabo y Mercedes Barcha y allí podía estar Julio Cortázar sentado frente a Pablo Neruda. Podían estar Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. En esa época, esa casa siempre hervía. A veces ellos me pedían una ranchera, yo la cantaba, y seguía escuchando en silencio, cuenta. Mi vida no se ha basado en tener plata para escribir ni ganar plata con la escritura".

El silencio sobre lo que escribía fue una enseñanza de Eduardo Caballero Calderón: "No muestres mucho porque te van a cortar las alas, le dijo en París, cuando apenas empezaba. Cuando mostraba una página era a Carlos Barral. Cuando él muere me dejan de publicar hasta hoy". Su último libro de 100 ejemplares, No hay mariposas en el bosque, tuvo que ser editado por amigos académicos colombianos, ante la negativa de las editoriales a publicarlo. Esa obra llegaba después de 20 años de silencio, donde desapareció y muchos llegaron a pensar que había muerto. Vivió en muchas partes del mundo, especialmente en Escandinavia donde, dice, se escondió entre las nieves perpetuas. Ahora está de vuelta al país. El jueves 14 de septiembre, el III Congreso de Escritoras Colombianas le rendirá un homenaje.

"Mi vida fue a toda velocidad y terminé muy rápido mi carrera literaria, a los 42 años ya había terminado de escribir". Si algo queda claro después de conversar con Albalucía es que lo convencional nunca ha sido su compañera de viaje. Se lo dijo Alberto Baeza Flórez hace años "Niñita. Tú llegaste 30 años antes de tiempo y vas a tener que pagar las consecuencias" . Albalucía, quien ya franqueó la barrera de los 60 años, todavía asiente y dice que Baeza tenía razón.
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