Jueves, 19 de enero de 2017

| 1995/09/04 00:00

EL ANGEL RESUCITADO

En un ambicioso proyecto de restauración el Castillo del Angel San Rafael y otros monumentos más de la isla de Tierra Bomba, Cartagena, han comenzado a resurgir de sus cenizas.

EL ANGEL RESUCITADO

LOS HABITANTES DE BOCACHICA, EN la isla de Tierra Bomba, Cartagena, llevaban decenas de años depositando sus basuras en lo más alto del Cerro del Horno, en un foso natural rodeado de maleza. Los desechos lo cubrían por completo y habían comenzado a rebosar la empinada cuando llegaron los expedicionarios al mando de Alberto Samudio: un grupo de arquitectos restauradores de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Cartagena. Según los mapas históricos, debajo de toda esa pila de tierra, basura y vegetación debían reposar los vestigios del Castillo del Angel San Rafael.
La fortaleza había sido construida en 1762 por Antonio de Arévalo, 21 años después del asedio del capitán inglés Vernon a Cartagena, quien destruyó a su paso el Castillo de San Luis y dejó inservibles las baterías de San Felipe, Santiago y Chambas en su intento por tomar la ciudad. Un ejército comandado por Blas de Lezo había detenido finalmente las tropas en San Felipe de Barajas, pero con España nuevamente en guerra con Inglaterra era indispensable levantar en Tierra Bomba una nueva fortaleza en el alto del cerro, para reforzar la guardia del Castillo de San Fernando y la batería de San José, dispuestas en ambos flancos de Bocachica con anterioridad, ante la hipotética llegada del enemigo.
Aunque la fortaleza del Angel San Rafael fue levantada con modernas instalaciones de defensa, incluido un túnel de más de 700 varas de largo que desemboca en la batería de Santa Bárbara, ubicada a orillas de la bahía, jamás alcanzó a enfrentar desde su estratégica posición los embates de corsarios y piratas. Tampoco alcanzó a entrar en guerra con los ingleses, pero para la historia quedó como uno de los últimos bastiones construidos en Tierra Bomba para salvaguardar la entrada de Bocachica.
Con el paso de los siglos el Angel San Rafael quedó sepultado bajo sus propios escombros, pero sobre todo bajo la espesa vegetación y las toneladas de basura depositada en su foso. Camuflado en el paisaje, los historiadores sabían de su existencia por los mapas antiguos y por su ubicación, en la punta del Cerro del Horno. Los restos de la edificación aguardaron bajo tierra decenas de años hasta hace pocas semanas, cuando el grupo de restauradores al mando de Samudio llegó hasta allá para redescubrirlo. Pronto los habitantes de Bocachica se dieron cuenta de que el foso no era natural y que en realidad pertenecía a un castillo colonial abandonado a su suerte. Despejada de malezas y desperdicios, en el comienzo de uno de los más ambiciosos planes de restauración de la historia reciente de Cartagena, la fortaleza ha renacido de sus cenizas. Maltratado en todos sus flancos por la inclemencia del tiempo, el castillo conserva aún su estructura, algunos de sus muros y la base de sus recintos interiores, a la espera de la mano mágica de los restauradores, quienes iniciaron por estos días la tarea de recomponerlo en su totalidad, utilizando los materiales de la época y casi con la misma técnica de antaño, para sumarle a La Heroica un monumento más dentro de su conjunto histórico.
Sin embargo, el proyecto no se refiere sólo a la recuperación del Castillo del Angel San Rafael. El plan involucra la restauración de más de 12 zonas arqueológicas ubicadas en el noroccidente de Tierra Bomba, incluidas las baterías de Santa Bárbara, San Felipe, Santiago y Chambas (averiadas durante la incursión de Vernon) y otra más, llamada igualmente De Santiago y perteneciente al Castillo de San Fernando, el cual también está en vías de restauración. El objetivo final es crear un parque arqueológico que enlace las diversas obras arquitectónicas por medio de la recuperación de los caminos militares de la época, de manera que el turista pueda recorrerlas en un completo viaje histórico por estos legendarios bastiones de defensa. En este sentido, la base rectangular del destruido Castillo de San Luis serviría de plaza mayor, pues su recomposición iría en contra de los acontecimientos históricos sufridos por una edificación que murió en combate. Pero si el redescubrimiento del Castillo del Angel San Rafael ha entusiasmado tanto a arqueólogos como restauradores, otros descubrimientos no menos importantes han llamado la atención de los especialistas. Se trata del hallazgo de decenas de hornos de construcción de los siglos XVII y XVIII en los alrededores de Tierra Bomba y Barú y a lo largo de la orilla continental, ubicados por los estudiantes de arquitectura y restauración Alfonso Cabrera, Rosemary Martelo y Rosa Helena Martínez, quienes utilizaron su proyecto como tesis de grado en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Hasta hace tres años el inventario de hornos prácticamente no existía. Salvo quizás los de Grandiablo, en Tierra Bomba, y los de Cocón y Coquito, en Barú, las referencias sobre los famosos hornos coloniales que ayudaron a la construcción de una de las ciudades más hermosas del planeta eran escasas. "Era imposible de creer que sólo dos o tres hornos hubieran generado los más de un millón de metros cúbicos de piedra caliza necesarios para el levantamiento de la ciudad colonial -dice Alfonso Cabrera-. Así que nos pusimos a la tarea de descifrar los mapas antiguos para encontrar más".
Y dieron en el clavo. Después de un trabajo que demandó más de tres años de investigación, el grupo de arquitectos ha ubicado 125 ruinas y un total de 36 hornos, algunos de ellos fascinantes no sólo por su factura, sino por su estado actual, casi perfectos en mitad de la espesa vegetación. Desde el punto de vista histórico, el descubrimiento de los hornos ha permitido comprobar la manera exacta como trabajaban las haciendas y ubicar los campamentos y el tipo de vida de los anónimos albañiles que contribuyeron con la materia prima en la construcción de Cartagena antigua. En el campo de la arquitectura, estos vestigios ayudan a entender, desde el mismo instante de la fabricación de los materiales, el proceso mediante el cual la ciudad se fue gestando.
Al igual que con las baterías y los castillos de Tierra Bomba, el objetivo es recuperar todos los hornos y trazar una ruta que contribuya a comprender mejor las raíces de Cartagena. Por lo pronto el primer proyecto está respaldado por la subdirección de Monumentos Nacionales del Instituto Nacional de Vías, con un presupuesto de 1.400 millones de pesos y un plazo de culminación de obras de tres años.
De esta manera, quienes creían que la Cartagena histórica se refugiaba detrás de sus murallas, estaban equivocados. El hallazgo y la recuperación de estos monumentos lejanos no hace sino enriquecer un patrimonio que sigue fascinando al mundo.-

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