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| 6/7/2008 12:00:00 AM

El Arte-Ba bien

El evento más grande de arte contemporáneo de Latinoamérica, ArteBa, recién celebrado en Argentina, genera pasión, ventas y atrae público por millares. Un modelo a seguir.

Tres cosas sorprenden de la feria de arte contemporáneo más grande de Latinoamérica, ArteBa, que se realiza cada año en Buenos Aires: sus dimensiones, que agotan al visitante y superan los 18.000 metros cuadrados. La asistencia es digna de un partido de fútbol, con filas eternas en las entradas y gente que negocia boletas para entrar. Y el hecho es que las ventas fueron masivas. Milo Lockett, artista argentino, se quedó sin sus 55 obras en apenas tres días. Las galerías grandes vendieron casi todo y las pequeñas se quedaron con poco.

Con cerca de 120.000 asistentes, 300 invitados del exterior y 81 galerías, hubo un detalle adicional que llamó la atención en esta feria con 17 años de historia: el nivel de las propuestas y la apuesta por una creatividad inspirada en lo cotidiano por parte de los artistas. De hecho, la Tate Modern, de Londres, y el Museo de Arte Moderno de Los Ángeles, se interesaron por obras expuestas y hubo un acercamiento de los jóvenes compradores que apenas inician sus colecciones.

Aunque la variedad fue amplia, si se le suman 19 espacios para las propuestas jóvenes, el homenaje a tres grandes del arte (Gyula Kosice, Enio Iommi y Clorindo Testa), los suplementos culturales invitados, nueve espacios de videos y un espacio abierto a obras de gran formato, la tendencia de lo que se está moviendo en el arte lograba evidenciarse: los artistas se basan en los objetos visibles de la ciudad y los modifican para crear sus visiones personales; una creciente mayoría tiene conciencia ecológica, busca hacer algún tipo de denuncia o revelar una situación que no los complace, aunque pocos son evidentes en su mensaje; y es claro que hay un incremento en el uso de nuevas técnicas digitales y de alta tecnología entre los creadores.

SEMANA comparó algunas de las propuestas más interesantes de la feria con sus posibles orígenes en las calles de Buenos Aires (ver especial en semana.com) para cotejar el proceso de evolución de esas ideas.

El joven Mauro Guzmán fue el artista más premiado en la feria. Ganó el galardón máximo entregado por ArteBa y Petrobras con una instalación que oscila entre el cine, el teatro y la plástica, en la que acomodó a los espectadores en automóviles diminutos, igual a un autocine de juguete, y les puso tres mediometrajes realizados por él y sus amigos. En un espacio dinámico, con un diseño de callejones atestados de público, los galeristas afirmaron a los medios que el arte parece revivir. Nunca tanto público había asistido a la feria y todo parecía ser una consecuencia de lo que se ve en la ciudad misma: sus calles, después de la crisis y ante las dificultades económicas que se siguen viviendo, se han colmado de galerías y de centros de diseño que se la juegan por la creatividad para diferenciarse y sobrevivir. Y la gente se siente ya conocedora de arte y decide invertir en obras.

Más allá de los premios, la Feria de Arte de Buenos Aires, ya consolidada, se convierte en el ejemplo soñado de lo que debe ser una feria: atrae público por millares, genera pasión y consigue su finalidad primordial: vender arte como si fueran boletas para un concierto o para un partido de fútbol.
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