Martes, 24 de enero de 2017

| 2005/01/16 00:00

El arte de soñar despierto

Con una excelente traducción se edita en español al gran cuentista norteamericano James Thurber.

A través del personaje de Walter Mitty, el cuentista James Thurber recreó al hombre contemporáneo, obligado a vivir en un mundo extraño que lo frustra y lo apabulla. Thurber es un escritor de culto y uno de los favoritos de maestros como Augusto Monterroso.

JAMES THURBER
LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY ACANTILVADO, 2004
159 páginas
NO LO PODÍA creer. Entré a una librería y ahí estaba James Thurber, el cuentista que siempre había querido leer. El preferido del maestro Augusto Monterroso y de tantos escritores que admiro. Ahí estaba, al fin, un libro suyo en español. Y nada menos que en una bellísima y pulcra edición de El Acantilado, editorial a la que tanto le debemos por haber puesto de nuevo en circulación joyas literarias inhallables. James Thurber (1894-1961) nació en Columbus, Ohio, y luego de ser 'descifrador de claves' durante la Primera Guerra Mundial, ingresó al periodismo en el Columbus Dispatch. Regresó a Europa como corresponsal del Chicago Tribune y en 1922 se radicó en Nueva York para trabajar en el Evening Post. Después de varios intentos fallidos, la revista New Yorker -que sólo aceptaba grandes firmas: Truman Capote, Dorothy Parker, John Cheever- le publicó un cuento. Desde entonces se convirtió en una de las figuras de esa prestigiosa revista en la cual apareció casi toda su obra, incluidos sus cartoons, pues Thurber también ejerció como dibujante. La vida secreta de Walter Mitty reúne un total de 25 relatos que permiten apreciar muy bien la estética de Thurber (con excepción de los dos últimos, todos son excelentes). El que le da título al libro es su cuento emblemático. Walter Mitty, alguien corriente y apocado, acompaña a su gruñona mujer a la peluquería. Mientras conduce el auto se imagina ser el piloto de un hidroavión que lucha contra un temible huracán. Claro, exceso de velocidad: su mujer lo regaña. La deja en la peluquería, ella le hace encargos: comprar unos chanclos, galletas para el perro. Walter Mitty no cesa: en frente de un hospital se convierte en un médico famoso que realiza una difícil cirugía a un importante banquero. Ahora es un policía el que lo devuelve a la realidad: se metió en la vía equivocada. Deja el carro en un parqueadero, camina. Escucha a un voceador de periódicos anunciar una noticia sobre un caso muy sonado y de inmediato aparece en un juicio reconociéndose ante el fiscal del distrito como "un tirador de primera con cualquier tipo de arma". En el poco tiempo que le queda para recoger a su esposa -y aceptar estoicamente sus reproches por haber olvidado alguno de los encargos- alcanzará a ser un valiente soldado en la Segunda Guerra Mundial, un hombre que está a punto de ser fusilado. Walter Mitty es en la vida real una persona gris y en su imaginación, un verdadero superhéroe. En su momento, dicho cuento le dio tanta fama a Thurber que llegó a hablarse del 'síndrome Walter Mittiy'. Hasta hubo una exitosa versión cinematográfica protagonizada por Danny Kaye y, actualmente, Jim Carrey se encuentra preparando un remake de La vida secreta de Walter Mitty. Aquel personaje citadino, pusilánime, mediocre y asustadizo que es Mitty se repite en el señor Monroe -sobre el que hay varias historias- y en muchos de los protagonistas de sus relatos. "Es el hombre urbano desconcertado que acude a los ensueños como un cleptómano acude a los grandes almacenes", dice José María Guelbenzu. De alguna forma el mérito de Thurber reside en haber sido capaz de crear un personaje que es prototípico del hombre contemporáneo: debe vivir en un mundo extraño que lo frustra y lo apabulla, y cuyo funcionamiento no logra dilucidar por completo. Pero esto son generalidades y al hablar con generalidades hay el peligro -aparte de caer en lugares comunes y decir estupideces- de traicionar a un autor. Lo específico, lo irrepetible de Thurber, es la forma como maneja el humor. Los personajes y las situaciones son extremadamente cómicos y sin embargo, algo frena nuestra risa porque sentimos que pudimos haber sido uno de ellos, pudimos haber estado en circunstancias parecidas. También es único su estilo: sobrio, contenido. Y breve: en poquísimas palabras se recrea una atmósfera y se define un carácter. James Thurber resultó tan bueno como había leído que era,ww y nunca es tarde para descubrir a un buen autor viejo. Hay que estar visitando librerías.

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