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| 12/6/1999 12:00:00 AM

EL ATRAVESADO

Andrés Caicedo, además de escritor, fue un crítico de cine apasionado y riguroso. El libro 'Ojo <BR>al cine', recientemente publicado, rescata esta faceta no tan conocida del autor de '¡Que viva la música!'.

El mito de Andrés Caicedo, el escritor caleño que se suicidó en marzo de 1977 porque
pensaba que vivir más allá de los 26 años carecía de sentido, se ha construido en torno a sus obras de
ficción, en especial la novela ¡Que viva la música! Sin embargo una faceta desconocida de su trabajo lo
constituye su labor como crítico de cine y organizador de cineclubes.Ojo al cine (así se llamaba la revista
que él publicó en Cali) es un nuevo aporte a la 'caicedomanía' de sus dos amigos del alma, el escritor Sandro
Romero Rey y el director de cine Luis Ospina, quienes se han encargado de organizar y publicar el material
inédito de Caicedo. Ya lo habían hecho en 1984, cuando editaron Destinitos fatales, en el que se recopilaba
su obra literaria aún no publicada.Ojo al cine estaba listo desde hace 15 años. "Cuando Andrés Caicedo se
mató nadie se puso en la tarea de organizar el material que había dejado sin publicar. Yo me encargué de
eso, me demoré un año y luego, con Luis Ospina, nos juntamos y sacamos 'Destinitos fatales'. Armamos el
libro de cine, que nos parecía que era el más importante de Andrés, porque si a algo le dedicó tiempo en su
vida fue a escribir de cine, programar y tener un cineclub. Su vida giró siempre en torno al cine". Sin embargo
el libro pasó por muchas editoriales, que no se atrevían a lanzarlo pues temían que fuera un fracaso
comercial, hasta que Editorial Norma decidió lanzarse al agua."Yo creo que este libro es una lección de
cómo asumir la crítica cinematográfica, señala Sandro Romero. La tarea como crítico de Andrés no
solamente tiene un gran valor en el sentido de la profundización de las imágenes sino también tiene un gran
valor literario. El asumía la crítica como si estuviera escribiendo ficción. Estos textos se leen como si
fueran relatos o experiencias autobiográficas. Yo creo que hay una actitud muy original, muy de autor, que es
importantísimo rescatar". Romero está seguro de que los lectores de la obra literaria de Andrés Caicedo
encontrarán gratas sorpresas.. Andrés Caicedo fue un amante del cine en general. A pesar de ser de izquierda
y formar parte de una generación muy politizada él no tenía ningún reparo en proclamar su pasión por el
cine norteamericano, y en especial por géneros 'reaccionarios' como los westerns y las comedias
musicales. También le gustaba el cine independiente y de serie B (en especial vampirismo y cine negro
policial) que se producía en Estados Unidos, al igual que el cine cubano de finales de los 60.Pero el libro no
solo recoge sus críticas cinematográficas. "También incluimos en la última parte lo que nosotros
denominamos 'ficciones cinematográficas', señala Romero. Hay cuentos alrededor del tema del cine y en
varios de ellos el del vampirismo se vuelve como una obsesión".Este es un libro que ofrece muchas lecturas.
"Es la lectura de una época, la lectura de una actitud generacional, la lectura de un ser humano a mi modo de
ver excepcional, dice Romero. Se parece, guardando las proporciones, a 'El oficio del siglo XX', de Cabrera
Infante, que también es una cosmovisión del cine de una época específica". n'De la crítica me gusta lo
audaz'Estos son apartes de una entrevista concedida por Andrés Caicedo al diario El Pueblo, de Cali, y que
forma parte del contenido de Ojo al cine.¿Qué es la crítica cinematográfica?La crítica es para mí un intento de
desarmar, por medio de la razón (no importa cuán disparatada sea), la magia que supone la proyección. Ante
la oscuridad de la sala el espectador se halla tan indefenso como en la silla del dentista. Comenzar a pensar
en el proceso de montaje, de cambio de rollos, de alteraciones en el color, es una especie de posición de
defensa, de decir "Comprendo esto, veo los trucos, no me pueden engañar, y el resultado de esta relación
entre la pantalla y mi persona no puede ser la alineación".¿Asumen los críticos colombianosuna posición
terrorista o paternalista frente a la película? ¿Por qué?Primero que todo, considero que es más saludable una
actitud terrorista que paternalista. Pero para lograrla es necesario contar con un medio propio, como es el
caso de nosotros con la revista Ojo al cine. Cuando un crítico enfrenta una serie de condiciones con las
distribuidoras y con el exigente gusto mediocre del espectador medio, su crítica se irá ablandando, irá
haciendo concesiones, no importa que muchas sean involuntarias. Hay que alertar al espectador, darle
conciencia del peligro que significa el acto aparentemente trivial de ir a cine, convencerlo de que la mayoría de
las veces detrás del producto se encuentra una ideología dirigida en forma vertical contra el consumidor. Hay
que desmistificar los falsos valores, las grandes celebridades, los mensajes de 'gran' importancia. Siempre, de
la crítica, me ha gustado lo insólito, lo audaz, lo irreverente, lo maleducado. Para esto sería bueno encontrar
un método que universalice lo personal. Cada gusto es una aberración.¿Ustedes escriben para un
determinado número de personas o llegan a la gran masa?Si se escribe en un periódico de alto tiraje, se
llega a la gran masa. Si se escribe desde una revista como Ojo al cine, los lectores no serían más de 2.000.
Si uno escribe para el espectador medio, se tiene que emplear un método didáctico, una fraseología
sencilla, una construcción directa, informativa sobre todo. Si uno escribe para el cinéfilo o el cineasta, lo que
se busca es hacer que él compruebe sus teorías. La gran masa mira al crítico de cine con desconfianza; lo
juzgan impertinente, pretensioso y especulador: creen que es un improperio que alguien escriba tantas
cosas sobre unas imágenes que todo el mundo ve y comprende. Pero lo que se pretende es que el
espectador vea de una sola forma el filme, la que sea más adecuada.
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