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| 5/19/2012 12:00:00 AM

El aura de Fuentes

La inesperada muerte del novelista mexicano conmovió al mundo de las letras. SEMANA habló con algunos de los intelectuales más destacados de su país, quienes lo retrataron en sus múltiples facetas.

El escritor

Alos 30 años, en 1958, Carlos Fuentes publicó la obra que se convirtió, desde el primer momento, en un referente de la literatura mexicana: La región más transparente. Desde entonces, fue considerado como una voz novedosa en el panorama literario de su país. Con la muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962) y Gringo Viejo (1985) se consolidó como uno de los narradores más importantes del siglo XX.

Álvaro Enrigue, uno de los novelistas mexicanos más leídos en la actualidad, le dijo a SEMANA: “Era la espina dorsal de nuestra literatura de la segunda mitad del siglo XX. Como Octavio Paz, fue el punto de referencia, una figura tal vez ya imposible en el mundo más bien onanista y repleto de nichos en el que vivimos (un mundo en el que es inadmisible un autor con bigote): el escritor ineludible, siempre presente para su bien y mal”.

Cristóbal Nonato (1987), La Campaña (1990), Los años con Laura Díaz (1999), Instinto de Inez (2001), La Silla del Águila (2003), Todas las familias felices (2006) y La voluntad y la fortuna (2008) fueron algunas de sus obras más comentadas de los últimos años, pero su producción fue profusa: escribió crónicas, ensayos, cuentos, columnas y óperas. “Incorpora la literatura que estaba siendo escrita en español en América Latina a una tradición universal. En términos sobre todo intelectuales, reescribe la identidad latinoamericana y reescribe la identidad de un mundo donde ya aparece América Latina como un actor fundamental”, le dijo a SEMANA Ignacio Padilla, escritor de la llamada Generación Crack y profesor universitario.
“Creo que si mi generación discutió tan constantemente y con tanta vehemencia con Carlos Fuentes fue porque no podemos concebir lo literario sin su presencia. Mi trabajo como novelista no es ni explicable ni entendible sin la experiencia que supuso leer en la preparatoria ‘Las buenas conciencias’ y más tarde ‘La región más transparente’, ‘Cambio de piel’, ‘La muerte de Artemio Cruz’, ‘Agua quemada’”, dice Enrigue.
 
Protagonista del Boom

Fue un miembro distinguido del llamado Boom: la generación que propulsó la novela latinoamericana hacia la modernidad literaria. Durante toda su vida mantuvo gran amistad con sus compañeros de generación y fue un vehículo de comunicación entre ellos.

“Sin él no habríamos tenido a Gabriel García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a José Donoso, a Guillermo Cabrera Infante. Fuentes construyó el Boom. Es decir, cuando Julio Cortázar era un maestro normalista que había publicado un par de cuentos. Cuando Gabriel García Márquez era un periodista. Cuando José Donoso vendía en los tranvías de Santiago de Chile su más reciente novela. Cuando todo eso, Fuentes ya iba por delante, ya tenía un agente literario, era el más joven de casi todos, pero era el que ya tenía la vocación clara. Creó el siglo de oro de la literatura latinoamericana”, dice Padilla.

Christopher Domínguez Michael, colaborador de la revista Letras Libres y uno de los críticos literarios más respetados de su país, le dijo a SEMANA: “Protagonizó medio siglo de literatura latinoamericana, sin él, el Boom habría sido muy distinto. Creo que fue más importante como figura de la elocuencia pública –un género muy nuestro–, que de la literatura misma, aunque en sus primeros años escribió libros que a muchos nos impresionaron: ‘Aura’, ‘La muerte de Artemio Cruz’, ‘La región más transparente’. Todavía tuvo interés para la lectura apocalíptica de México, ‘Cristóbal Nonato’, en 1987. Me quedo con algunas páginas, prodigiosas, de ‘Terra nostra’, las dedicadas a Felipe II y al Escorial.”

Su tragedia

Aunque siempre mantuvo una actitud serena y digna en público, Fuentes vivió un profundo sufrimiento en su intimidad. Pocos lo saben, pero sus dos hijos murieron en situaciones trágicas. En mayo de 1999, el escritor recibió la noticia de que su hijo Carlos, de 25 años, había fallecido en Puerto Vallarta. El joven, que tuvo una infancia problemática, fue encontrado sin vida en su apartamento. Se dijo que había muerto de una enfermedad crónica, pero muchos sospechan que se trató de un suicidio.

Seis años después, en agosto de 2005, el cadáver de su hija Natasha apareció tirado bajo un puente. La joven, de 31 años, también tuvo una vida complicada y murió en condiciones sospechosas. El cuerpo fue encontrado en el peligroso barrio Tepito, en el centro de Ciudad de México, y todo parece indicar que Natasha murió a causa de una sobredosis de drogas.

El dandy

Fuentes siempre se destacó por su buen porte: su apariencia recordaba a los galanes de cine. Así lo describió el cronista y novelista Juan Villoro a SEMANA: “Sin apartarse del teclado, encontró la forma de que su rostro pareciera bronceado en los cañaverales zapatistas de Chinameca. A los 83 años tenía el porte de un general que ya ganó suficientes batallas pero anda en pos de un nuevo caballo”.

Aparecía constantemente en público y era considerado una celebridad. Era, además, reconocido por su elegancia: “Cuando era casi niño, estaba en Ginebra, Suiza, y de pronto vio a un hombre guapo, alto, ya muy maduro, vestido de punta en blanco con un sombrero. Le preguntó a su padre: ‘¿Quién es?’. Su padre le respondió: ‘Es Thomas Mann’. Y Carlos le dijo: ‘Yo voy a ser así’. ¿Quién fue el Carlos Fuentes que acaba de morir? Un hombre guapo, alto, novelista total, hombre de su siglo, vestido de punta en blanco y con un sombrero”, dice Padilla, que fue su gran amigo.

El hombre público

Como la mayor parte de escritores del Boom, Fuentes estuvo siempre presente en el debate público. “Se dice, y bien, que perdió la mano para la creación literaria a finales de los ochenta o principios de los noventa. No se dice con suficiente frecuencia, en cambio, que tuvo cada vez más segura la mano para el análisis político”, le dijo a SEMANA Julio Patán, ensayista, periodista y periodista cultural en ForoTv.

Su opinión fue fundamental en México durante varias décadas y les hablaba al oído a todos los presidentes de su país. También era recibido con honores de jefe de Estado a donde llegara en el mundo. Fue amigo personal de muchos presidentes –entre ellos, de Juan Manuel Santos, de quien fue profesor en la Universidad de Harvard y a quien adoptó como discípulo–. “En los setenta, con México metido hasta las rodillas en la guerra sucia del régimen de Luis Echeverría, Fuentes, ya un hombre públicamente de izquierda, se sumó a los que, en un patinazo fenomenal, llamaban a apoyar al sistema, una opción mejor que ese golpe militar que nunca llegó y que acaso nunca fue una posibilidad”, explica Patán.

Ocupó varios cargos públicos al inicio de su carrera. En 1975 fue brevemente embajador de México en Francia. Duró poco en ese cargo pero nunca dejó de ser una figura con influencia política. “Igual que Octavio Paz en su momento, era la voz de la patria. Aunque con una diferencia: en 1972 Fuentes propone apoyar al PRI para que México no sucumba a la oleada de golpes militares de América Latina. Paz responde que los escritores deben reflexionar ‘desde su recámara’. Carlos Monsiváis, como siempre, mucho más lúcido, propone que no se apoye a Echeverría hasta que no se esclarezca quién mató a los estudiantes en Tlatelolco en 1968. Y el Fuentes público era eso: siempre en medio de un torbellino, mientras Paz estuvo siempre recluido. Como buen prosista, Fuentes era el que se embarraba de realidades, a diferencia del poeta que decía mirar todo desde la ventana”, le dijo a SEMANA Fabrizio Mejía Madrid, escritor, columnista y cronista.
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