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| 10/26/1998 12:00:00 AM

EL BAILADOR

Antonio Canales, quien visitará el país la próxima semana con su obra 'Torero',habla sobre su pasión por el flamenco.

El dominio de una de las tradiciones más entrañables de España tiene a Antonio Canales de gira por el mundo entero convertido en uno de los bailaores de flamenco más respetados de su país. Luego de haber sido la sensación delFestival Iberoamericano de Teatro, la próxima semana llega a Colombia para ofrecer al público, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, de Bogotá, su obra Torero, un montaje que lleva más de 450 presentaciones internacionales. Canales le contó a SEMANA, en exclusiva, lo que siente y piensa sobre el flamenco.
· Nací en Sevilla y fui criado a orillas del Guadalquivir al lado de mi madre, una bailaora que abandonó la profesión para dedicarse a sacar adelante su hogar. Mi abuelo materno era cantaor, así que he heredado un ramalazo muy fuerte. El flamenco lo he mamado desde que me conozco.
· Mi padre nunca me acolitó el gusto por el baile. Consideraba que eso era una faena de afeminados o qué sé yo. Así que decidí que sería bailaor tarde, a los 18 años, cuando viajé a Madrid a inscribirme en el Ballet Nacional de España.

Los cantores de Flandes
· El flamenco tiene sus raíces en la tradición andaluza y más exactamente en el cante jonde, canto campesino que luego vino a ser acompañado de guitarra y más tarde por la danza. En el siglo XV, la época más próspera del imperio español, era frecuente que los reyes invitaran artistas de otras latitudes. Los más connotados eran los cantantes de los Países Bajos, casi siempre voces blancas que iban de un lado a otro cautivando al pueblo. Cuando se empezaron a escuchar los primeros cantos del folclor andaluz la gente comenzó a decir: "Míralos, parecen flamencos", aun cuando su interpretación no tuviera nada que ver con la tradición de los Países Bajos. El término se hizo popular y así fue como nació su nombre. Es la teoría que más me gusta acerca de los orígenes del flamenco.
· Las invasiones musulmana y judía también hicieron lo suyo. _rabes y hebreos encontraron en el folclor andaluz un hermoso modo de manifestar su pena, su melancolía. Eran invasores que, sin embargo, sentían nostalgia por su tierra y el flamenco, cuyo dejo era patrimonio exclusivo del obrero, del jornalero, del desamparado, cuadraba a la perfección con sus quejas. Pero a la vez llegan, provenientes del norte de la India, los gitanos. Llegan de Francia para instalarse en Andalucía y el flamenco, una vez más, sirve de catalizador de sus cuitas. Una sola expresión sirve para la fusión de cuatro culturas: la andaluza, la hebrea, la árabe y la india.

La fusión
· Hasta hace poco tiempo no podíamos hacer muchas cosas con el flamenco, sobre todo en el mundo de la danza porque el flamenco siempre ha sido muy monocorde, muy insistente en las mismas notas, en los mismos tiempos. Es en los últimos 50 años que crece un interés enorme en realizar cosas nuevas. Paco de Lucía lo inicia con energía hace 25 años. Implementa nuevas melodías, nuevas formas, estudia la guitarra, introduce nuevos instrumentos, entre ellos la caja peruana y la flauta; y luego yo me atrevo, aunque tímido, a meter el violín porque los gitanos húngaros lo tocan muy bien.
· Entonces aparece Camarón, con esa voz rota, y renueva el cante. Hacía falta alguien que, transformada la música y el canto, le diera movimiento al cuerpo y contara historias. Entonces me atreví a contar historias con la música flamenca. El primero fue Mario Maya, pero él no tuvo la libertad de narrar cosas dramáticas, como Bernarda y Guernica.
· Luego ha aparecido el flamenco rock, el flamenco pop y flamenco de todo orden. Lo que pasa es que hay que ser prudente con las circunstancias. Por hacer mezclas absurdas, por creerse el cuento de que se está haciendo fusión, se está sacrificando la esencia del flamenco. No se puede jugar con una tradición de años por vanidad.

'Torero'
· Torero nació porque me gustan las corridas. Con Lucho Ferruzzo, el guionista, partimos de dos bases Queríamos hacer danza pero a la vez algo diferente: desnudar sobre el escenario los sentimientos del animal y los del hombre. La preocupación del torero, sus dudas, sus alegrías, sus temores antes, durante y después de la faena. Y por último el toro, su bravura, su nobleza.
· Mi espectáculo es una faena en la que yo soy el torero y el público es mi toro. Como torero quiero brindarme entero al toro, quiero ser serio y profundo con él, no quiero defraudarle. Antes de saltar al escenario siento alegría, pero también miedo e incertidumbre.
· Sucede a veces que el toro no responde. En una de las pausas _mi burladero_ pienso: "Este público es muy frío, no reacciona", no porque no le llegue el baile, pienso yo, sino porque es muy respetuoso. Al final llegan los aplausos, pero mientras tanto el público no se ha atrevido ni a moverse.
· Hay momentos en que es necesario decirle algo al torero, jalarle, puyarlo, alentarlo en mitad de un lance. Pero también, como en el toreo, hay momentos en que el torero exige un silencio sepulcral porque en ese instante se está jugando la vida.
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