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| 10/2/2005 12:00:00 AM

El bardo del siglo XX

Bob Dylan es nominado al premio Nobel de Literatura de nuevo, lo que genera la pregunta de si las letras de sus canciones se pueden considerar poesía.

Bob Dylan ha sido llamado 'Mesías de la cultura contemporánea', pero esto no lo ha salvado de ser considerado por otros como un Judas. Nunca aceptó que lo encasillaran como cantante de música de protesta, a pesar de que Blowin' in the wind se convirtió en un himno para el movimiento de los derechos civiles en los años 60. Después de sus inicios en el folk, durante su presentación en el Festival de Newport de 1965 decidió dejar de lado su guitarra acústica y su armónica para conectar una guitarra Gibson y dar un paso hacia el rock n' roll. Esto generó la indignación de muchos de sus fanáticos que en ese momento lo acusaron de ser un traidor. A finales de los 60, a pesar de haber nacido en un hogar de inmigrantes judíos, se convirtió en cristiano renacido, lo cual también le valió fuertes críticas, porque esto coincidió con la etapa más baja de su carrera. Y como Dylan, nacido Robert Allan Zimmerman, nunca ha sido amigo de las catalogaciones, no es de extrañar que la semana pasada volvieran a nominarlo al premio Nobel de Literatura por octava vez consecutiva.

Su influencia en el mundo de la música es innegable. De hecho, hace pocos meses una encuesta realizada por la revista Rolling Stone escogió a Like a rolling stone, que Dylan grabó en su álbum Highway 61 revisited, de 1965, como la canción más importante de la historia del rock. Dylan se atrevió a cuestionar las letras del ya entonces fenómeno musical de los Beatles y motivarlos a cambiar su estilo y, sin lugar a dudas, es el letrista más importante y talentoso del siglo XX. Sus canciones se han convertido en versiones para muchos artistas que han logrado más éxito en ventas que las originales del mismo Dylan, como por ejemplo Mr.Tambourine man,de los Byrds; Knockin' on heaven's door, de Gun's and Roses y Eric Clapton,y Like a Rolling Stone, de los Rolling Stones, pero el reconocimiento principal del público siempre ha estado destinado al autor.

El homenaje más reciente ha sido el documental Sin dirección a casa (uno de los versos del coro de Like a rolling stone), dirigido por Martín Scorsese, que se estrenó el 26 de septiembre por la cadena estadounidense PBS y la británica BBC. En él se muestran sus primeros cinco años de carrera, desde cuando decidió ir a buscar fortuna al Greenwich Village neoyorquino, centro del folk norteamericano, hasta aquella controversial presentación en Newport. A pesar de que esta obra no toca el tema de las drogas y el caos personal de Dylan, a través de entrevistas a personas que convivieron con él durante esos años logra dar una idea de quién fue y aún es. Su amiga y antigua amante, la cantautora Joan Baez, recuerda en el filme cuando Dylan le mostró una canción y le dijo que en los siguientes 20 años personas 'tontas' seguirían discutiendo el verdadero significado de la letra, cuando en verdad ni él mismo lo sabía.

Pero aquellas letras de las cuales ni él conocía su significado le han brindado el estatus de leyenda e ícono que ha sobrevivido generaciones. Como escribiría el recientemente fallecido cronista del rock Al Aronowitz: "La historia recordará a Bob Dylan como el Shakespeare de su era...Para mí, Bob es uno de esos genios locos que han cincelado su nicho en la conciencia común. ¿El Shakespeare de su era? Él es un Alejandro Magno de la cultura". Y es que muchos literatos se han dedicado a estudiar sus letras, a tal punto que ellos se hacen llamar a sí mismos dylanólogos. Uno de los más reconocidos es Christopher Ricks, quien entre otros textos dedicados a la obra del autor escribió Las visiones de pecado de Dylan, y aunque él declara que nadie usa mejor las palabras que el músico, "la cuestión no es si merece el Nobel como reconocimiento, es si su arte puede ser considerado literatura".

Alrededor de Bob Dylan siempre se ha tejido la controversia. Su voz no es su cualidad más destacada. Es más, muchas veces ha sido definida como horrible, lo que ha puesto en entredicho su importancia como cantante. Además, como es un músico autodidacta, no ha sobresalido por su virtuosismo con una guitarra o una batería. Lo anterior ya da a entender que la fuerza misma de sus melodías es de por sí muy grande. Pero son sus letras las que han marcado a todos los que en alguna oportunidad lo han escuchado. "En Dylan renace el papel del antiguo bardo, de los trovadores gracias a los cuales se difundieron los clásicos de la literatura occidental, quienes cantaban aquellas obras literarias con acompañamiento musical para que el público las conociera", dijo a SEMANA Gordon Ball, profesor de literatura del Instituto Militar de Virginia, quien desde 1996 ha nominado al cantautor como candidato al máximo premio en las letras. Él cree que Bob Dylan vuelve a las raíces más puras de la literatura y por lo tanto puede ser considerado uno de los más importantes poetas contemporáneos. Originalmente fueron dos fanáticos noruegos del artista quienes propusieron al poeta beat Allen Ginsberg nominar a Dylan. A Ginsberg le sonó la idea y la compartió con Ball. Ambos mandaron cartas a la Academia Sueca. Después de la muerte del poeta, en 1997, Ball continuó haciéndolo de nuevo cada año.

Las letras de Bob Dylan podrían prescindir de la música , porque básicamente son pequeñas historias en las que se tratan los temas comunes como el amor (Lay lady Lay), el desamor (Visions of Johanna) y la traición (Lily, Rosemary and the Jack of Hearts), pero también están cargadas de un mensaje social (The lonesome death of Hattie Carroll) y político (The times they are a-changing), que tratan de la realidad del día a día y del idealismo de un mundo mejor y más justo. Y esto las hace únicas.

"Las relaciones de propiedad/ susurran en el viento/ aquellos condenados a actuar en conformidad/ y esperar a los reyes subsiguientes/ y yo trato de armonizar con canciones/ canta el solitario gorrión/ no hay reyes en las puertas del edén", de The gates of Eden.

O "Mordí la raiz del fruto prohibido/ con el jugo derramándose por mi pierna/ después traté con tu jefe/ quien nunca ha sabido perder/ y siempre ha sido demasiado orgulloso para pedir", de Where are you tonight.

"La música es el reflejo del mundo en el cual se realiza", dijo a SEMANA Manolo Bellon, periodista y crítico musical. Y en el caso de Bob Dylan esta afirmación es muy válida. Vivió su juventud en el idealismo de los 60 cuando terminó la generación de los beats y comenzó el hippismo. En un mundo convulsionado por la lucha contra el racismo, la guerra de Vietnam y el asesinato del presidente Kennedy. Tal vez por esto sus primeras letras se comprometieron tanto con el mensaje, el cual él mismo quiso llevar al público a pesar de su timidez y de no querer tener mayor contacto con sus fanáticos. Y cuando se aburrió de ser portavoz de una generación, se metió de lleno en el surrealismo y la poesía, sin importarle el desconcierto y la rabia de quienes querían más y más Blowin' in the wind y The times they are a-changin'. Porque, como aparece diciendo él mismo en el documental de Scorcese, "la manera más fácil de hacer algo es no pedir la opinión de nadie". Y él siempre lo ha hecho así.
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