Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/10/09 00:00

EL BOLERO DE DANIEL

La imaginación de Luis Rafael Sánchez arma todo un paseo por la vida del cantante puertorriqueño.

EL BOLERO DE DANIEL

"Castigo Divino" Sergio Ramirez, novela, Edivisión, 460 páginas.
Una película norteamericana, protagonizada por Charles Laughton y Maureen O'Sullivan, cargada de signos de fatalismo e inquina, marca la atmósfera dentro de la cual se mueven los personajes y las circunstancias de esta novela de Sergio Ramírez, actual vícepresidente de Nicaragua y quien con este libro estuvo entre los finalistas al recién entregado premio "Rómulo Gallegos".
El pretexto para contar su historia es verídico. En la ciudad de León, en octubre de 1932, varias personas mueren envenenadas. Un hombre sobre quien recaen todas las sospechas, activista político, loco por una mujer que no era la suya, con un sistema de vida que despierta la curiosidad de los vecinos y recién llegado de otro país, se convierte en el eje de una auténtica tragedia, contada con el lenguaje ampuloso y risible de los archivos judiciales, echando mano de las palabras y las actitudes morales de los años treinta. Mientras tanto, la justicia intenta descifrar tanto desorden que reina entre presuntos testigos y falsos amigos y camaradas quienes, a la hora de la verdad, dejan solo a quien entiende desde siempre que está perdido.
La cursilería, lo anónimo, lo ridículo, lo romántico imperan en estas páginas. Sergio Ramírez goza escribiendo este folletín que se emparenta con la obra de Guillermo Cabrera Infante y Manuel Puig, porque los tres escritores conocen muy bien el lenguaje doméstico, ese que es empleado en las radionovelas, un lenguaje que, aunque se refiera a sucesos sangrientos como estos, alcanza otro nivel de lectura porque ahí en esa historia que sucede en una pequeña ciudad que después será estremecida por un terremoto, están escondidas algunas de las claves sociales, políticas y culturales para comprender dónde están las raíces de lo que después sería la Revolucion Sandinista. La dictadura somocista esta a punto de iniciarse. Estos hombres y mujeres, aferrados a una moral hipócrita, infieles y ambiciosos, ridículos y torpes, son testigos del derrumbe de una serie de mitos sociales mientras en la cárcel el hombre acusado de estos crímenes se convierte en símbolo de una época difícil.
Noticias de periódicos, actas de juzgados, declaraciones de testigos, diálogos cargados de humor y venganza, esquelas amorosas, análisis de laboratorios, murmuraciones, envenenamiento de perros, son algunos de los elementos que rodean a Oliverio Castañeda, detenido y juzgado, y al periodista Rosalío Usulutlán, esa voz que va impregnandose del miedo y el recelo que sacude a la comunidad.
Con este personaje, saliendo de un cine y más tarde escapando de una ciudad en escombros, comienza y cierra una novela que puede leerse como una mirada sarcástica a un episodio histórico pero ridículo, que encierra muchos significados para la crónica reciente de Nicaragua. Con una víctima.

"La importancia de llamarse Daniel Santos" Luis Rafael Sánchez, novela, Editorial Diana, 204 páginas.
Esta no es una biografía de Daniel Santos. Tampoco un análisis crítico de sus interpretaciones románticas y pegajosas que lo han convertido desde hace muchos años en el bolerista mas popular en América Latina.
Tampoco es una indagación historica, ni sociológica, ni sicologica, ni siquiera un resumen del aporte de Daniel Santos a la cultura popular de todos estos países. Luis Rafael Sánchez, quien acaba de ser finalista con este libro en el premio "Rómulo Gallegos" y reconocido por su anterior novela, "La guaracha del Macho Camacho", confiesa que aquí todo, excepto la letra de las canciones, es inventado. Inventado, no falso. En su infatigable recorrido en busca de las claves para comprender ese mundo del machismo, los celos, las puñaladas traidoras, la infidelidad de las mujeres, la traición de los amigos, el licor, la marihuana, los sitios nocturnos y malolientes, las bailarinas desnudas, en ese infierno particular que es la indagación humana y literaria, el escritor atraviesa sitios peligrosos de Guayaquil, Cartagena de Indias, Barranquilla, Caracas, Cali, Ciudad de Panamá, Lima, Quito, Managua, Bogotá, Ciudad de México, Santo Domingo y otros escenarios demenciales, recorridos mientras la letra de las canciones más conocidas de Daniel Santos sirve de apoyo a estas divagaciones que difícilmente pueden encasillarse en un determinado género literario porque es injusto.
Luis Rafael Sánchez ha logrado un libro irreverente, enloquecedor, contagioso, popular, egocéntrico, cargado de una irrefrenable sexualidad caribe, con ganas de perturbar el sueño de los lectores racionales. Este Daniel Santos es mítico, quizás no corresponda con el modelo real que está muy enfermo, pero el lector, imposible que no haya escuchado alguna vez uno de sus boleros, sabrá apreciar y agradecer este retrato de un cantante en quien se condensa todo lo bueno y todo lo malo de los machos latinos.

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