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| 8/28/2014 12:00:00 AM

Burning Man, el Woodstock de hoy

El Burning Man, uno de los festivales musicales más estrafalarios y surreales del mundo, se lleva a cabo esta semana en el desierto de Nevada, Estados Unidos.

Escenarios dispuestos en la mitad del enorme desierto de Nevada, aislados de cualquier contacto con la civilización, donde el dinero está prohibido y miles de personas viven en casas rodantes y están vestidas con atuendos estrafalarios. Parece el set de una película de ciencia ficción, pero es el Burning Man ('Hombre ardiente'), un festival de musica electrónica que se está llevando a cabo en una ciudad que solo existirá durante esta semana.

Perder el contacto con la realidad y buscar la mayor expresión de libertad parece ser el objetivo de las 70,000 personas que asistieron este año al evento. Sus promotores lo describen como “un experimento en comunidad de autoexpresión y autosuficiencia radical”. Y no es para menos, es un evento que busca tener contacto la libertad de distintas maneras: desde vestirse como quieran (o sin nada), pasando por las variadas de experiencias con sustancias alucinógenas, y llegando hasta las formas más sofisticadas de expresión del arte y la música. Eso es lo que hace del Burning Man una experiencia tan única.

Pero el festival no solo es libertinaje y descontrol, por el contrario, los participantes tienen varios principios que deben cumplir: no se ve un pedazo de basura en el piso (la gobernación de Nevada solo permite el uso del desierto con la condición de que lo devuelvan en el mismo estado): 'No dejes rastro', (leave no trace) es uno de los lemas de este festival, que lleva más de 20 años. Los celulares se dejan en casa, pues no hay señal ni acceso a internet. Tampoco existe dinero, no se ven anuncios comerciales ni se hacen notar las marcas. Todo se regala, se comparte o se intercambia.

Karen Carner y su esposo, Mark Lee, mientras decoran una bicicleta el pasado 26 de agosto, en un almacén de Wal-Mart en Reno, Nevada. La pareja proporciona un servicio de conserjería para dos mujeres de Pittsburgh que son primerizas en el festival. Foto: AP.
Sin embargo, se dice que el mensaje del festival que pregona tanto anticapitalismo se ha venido desdibujado. Medios como BBC han titulado: “Burning Man, el festival hippie que no se pierden los millonarios de Silicon Valley”.

Aunque para algunos las boletas son muy caras: salieron a la venta por un valor de $380 dólares y llegaron a costar en la reventa más de $1,000, hay hechos que demuestran mejor cómo el evento se está convirtiendo en una tendencia más para la élite que para los auténticos hippies que lo idearon.

Algunos de los millonarios más conocidos de la industria de la tecnología de Silicon Valley asisten a la fiesta. Se dice que entre ellos están los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, el presidente ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, directivos de compañías como Twitter y Uber e inclusive reconocidos ejecutivos de fondos de inversión.

Así que el espíritu contra-cultura con el que la compañía Black Rock City creó el festival parece que ya no es el mismo. Nick Bilton, reportero del New York Times, recientemente reseñaba que lejos de acampar a la intemperie, ahora los magnates de Silicon Valley compiten por hacer los campamentos más lujosos y exuberantes, en los que, en medio del desierto, tienen una cama de verdad, aire acondicionado (en un clima que supera los 40 grados), conexión Wifi, chef, entre más comodidades. Esta 'invasión' de los millonarios a un evento que suponía reivindicar la esencia hippie, ha indignado a los fieles y veteranos asistentes de un festival.

Independientemente de la polémica, por lo pronto, millonarios y no millonarios estarán disfrutando esta semana de un festival alucinante, en todo el sentido de la palabra, “de una orgía hedonística de arte, música y de todo lo que se quiera imaginar”, como ha sido descrito por uno de sus asistentes. No en vano es comparado con el icónico concierto de Woodstock celebrado en 1969.
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