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| 11/26/1984 12:00:00 AM

EL CAMBIO DE "CAMBIO 16"

Felipe González se enreda en un debate con la prensa española

Al principio, había sido casi como una luna de miel. Cuando a finales de 1982, el gobierno socialista de Felipe González se instaló en la joven democracia española, sus relaciones con la prensa, en particular con aquella que había surgido durante la apertura tras la muerte del Generalísimo Franco, parecían inmejorables. Los tres más importantes medios escritos de España, El País de Madrid y las revistas Interviú y Cambio 16 saludaban con cierto optimismo el advenimiento del nuevo gobierno que a su vez le prodigaba a la prensa los mayores elogios, calificándola de "madura, seria y democrática".
Dos años después, este panorama se ha transformado sustancialmente, a raíz de una serie de acusaciones publicadas por el periódico madrileño Diario 16, de la misma cadena de Cambio, sobre la forma como en el seno del PSOE (Partido Socialista) se pusieron en marcha mecanismos de tráfico de influencias y cohecho para asegurar el electorado en algunas provincias de España. La denuncia se refería a hechos acaecidos en 1979, pero su impacto radicaba en que por primera vez alguien se atrevia a cuestionar la honestidad de los socialistas.
Pero con todo y esto, las denuncias de Diario 16 no habrían sido tan publicitadas si la respuesta a ellas, aparte de los mentis sistemáticos dados por los voceros de la Moncloa (casa de gobierno), no hubiera venido de boca del propio Presidente González, quien en una rueda de prensa aseguró que se hacia necesario investigar la fuente de financiación de los medios de comunicación. La reacción de la prensa no se hizo esperar. Tras calificar de "revanchista" a González, todos a una arremetieron contra el Presidente por lo que se consideraba una amenaza a la libertad de expresión, un bien que los españoles valoran más que ningún otro pueblo, después de 40 años de dictadura. No habia duda: el jefe del gobierno socialista se habia equivocado y él mismo habría de reconocerlo días después, al referirse a sus declaraciones en tono aclaratorio y no descartar la posibilidad de que hubiera cometido un error al pronunciarlas.
En efecto, "Felipe se salió de sus casillas", según la muy española expresión. Pero ésta tal vez no es más que una sola cara de la moneda. La que revela cómo un gobernante, ante la frustración producida por el fracaso de sus programas, se comienza a desesperar y pierde el sentido de las proporciones precisamente con quien menos debe perderlo: con la prensa.
La otra cara exige más bien una revisión de la forma como los distintos medios de comunicación han venido cubriendo los primeros 24 meses del gobierno socialista. El mejor ejemplo es quizá la revista Cambio 16, de origen centrista, que respaldó la coalición encabezada por Adolfo Suárez y luego llegó a convertirse en su mayor crítico, para luego respaldar editorialmente a los socialistas antes y después de su victoria en 1982.
José Oneto, uno de los columnistas más conocidos de España y director de Cambio, decía en septiembre del 82, respecto al programa socialista: "es un catálogo de propuestas honestas y razonables para solucionar los problemas claves que tiene el país. Hasta ahora, sin duda, el mejor de los catálogos". Año y medio después, el tono de las palabras de Oneto era otro: "El país no funciona tan bien como muchos créían y deseaban, la altanería y el sectarismo se han adueñado de muchos pasillos del poder, la crítica es interpretada como agresión intolerable". Un viraje tan radical en Cambio 16, presente en editoriales y en artículos como uno reciente en el que la revista prácticamente acusaba a González de evadir los problemas nacionales e irse de vacaciones a una isla venezolana de ingrata recordación, como que había sido refugio del dictador Pérez Jiménez, no se explica, según algunos observadores, simplemente como expresión del descontento frente a los resultados del gobierno socialista. Para ellos, el grupo 16 tiene una razón íntima para estar disgustado con el gobierno: el hecho de que éste se haya negado sistemáticamente a transformar la televisión española (controlada por el Estado) y a permitir la instalación de canales.privados, en uno de los cuales estaría muy interesado el grupo 16.
Pero el problema para los socialistas es que, si bien ésta puede ser una buena explicación para las críticas de un importante sector de la prensa, no puede sin embargo ocultar los fracasos del gobierno: imposibilidad de reducir el desempleo pese a haber prometido la creación de 800 mil puestos de trabajo y la no realización de un referéndum sobre la OTAN, pese al compromiso adquirido durante la campaña. Además, el gobierno de González no puede acusar a la prensa de estar saboteando su mandato, ya que una encuesta de Cambio 16, publicada la semana pasada, revela que los españoles no sólo creen firmemente en su prensa, sino que piensan que en su mayoría, ésta a favor del gobierno. Como puede verse, el gobierno no puede enfrascarse en una pelea tan desigual, porque de seguro saldrá perdiendo.
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