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| 4/18/2009 12:00:00 AM

El Caribe imaginado

El 24 de abril se abre en Barranquilla el Museo del Caribe, un ambicioso proyecto para albergar la memoria de una de las zonas con más riqueza cultural en Colombia.

Este es un museo sin piezas. Sin objetos. Sin pinturas, ni esculturas. Es un museo diseñado a partir de los mitos, la naturaleza, la gente, la palabra, y la acción de los habitantes del Caribe colombiano exhibidos a través de videos, instalaciones sonoras y hologramas. Y es un museo concebido como parte de un proyecto mucho más grande llamado el Parque Cultural del Caribe que será terminado, según Carmen Arévalo Correa, directora del Museo, en el año 2012. Ese Parque incluirá la construcción de una sede para el Museo de Arte Moderno de Barranquilla y la Cinemateca del Caribe.

Pero el Museo del Caribe también servirá para que los mismos habitantes de la región se vean reflejados en los cinco pisos de un edificio ubicado en el centro histórico de Barranquilla, diseñado por el arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti y que acaso hará comprensible por qué, ante su evidente riqueza cultural, el Caribe haya tenido que enfrentar tanta desidia institucional y tanto olvido por parte de sus habitantes. Porque si algo busca el Museo del Caribe, construido en un centro deteriorado y por muchos años dejado a las manos de Dios y las aguas infectas de los arroyos, es ser el primer paso para la recuperación de una zona urbana fundamental en el desarrollo de esa ciudad.

La historia del Museo del Caribe comenzó hace 11 años cuando fue elegido el historiador Gustavo Bell como vicepresidente de Colombia. Aunque eran los días de la zona de distensión y ese parecía ser el único tema de la agenda política del país, Bell siempre pensó impulsar una obra que recogiera las tradiciones y representaciones culturales de una región en la que nació el premio Nobel colombiano, muchas de las glorias del deporte nacional, cineastas e intelectuales de gran importancia y un sinnúmero de músicos de primer orden. Por eso, en una reunión el 31 de diciembre de 1998 en el Club Campestre de Barranquilla, Bell convocó a intelectuales y periodistas junto a líderes empresariales y culturales de la región. Su idea era proponer la construcción del museo que desde este jueves estará abierto al público en el centro de Barranquilla.

Después de esa reunión, Bell convocó, además, a Gabriel García Márquez y los dos hicieron un viaje a Nueva York para hablar con el industrial Julio Mario Santo Domingo y pedirle apoyo en el proyecto del Parque Cultural del Caribe. Santo Domingo, mediante su Fundación, donó los terrenos para un sueño que, sin embargo, aun debió esperar largos años para conseguir la financiación.

De los 22.000 millones de pesos invertidos al día de hoy, 3.000 corresponden a los terrenos en los que se construyó el museo. Los restantes 18.000 se reunieron gracias al Plan de Regalías de la Nación, el Ministerio de Cultura, la Alcaldía de Alex Char, la gobernación de Eduardo Verano de la Rosa y aportes de empresas privadas como Cementos Argos y Bancolombia, entre muchos otros. Sin embargo, tendrían que pasar seis años para volver a activar los planes. Después de un concurso abierto para la construcción del edificio -que ganó Mazzantti- y de encargar al menos 50 ensayos sobre las diversas expresiones de la cultura popular del Caribe, Carmen Arévalo encontró en Brasil lo que estaba buscando para el primer museo regional del país.

En ese país, Arévalo conoció el Museo de la Lengua Portuguesa, diseñado por el artista, museógrafo y diseñador brasileño, Marcello Dantas. Dantas diseñó el guión para este museo ubicado en la vieja estación de trenes de la Luz en Sao Paulo, inaugurado hace dos años y que es el primer museo dedicado a la lengua en el mundo. Su propuesta encajó con las expectativas de Arévalo y su grupo. Lo contactaron y desde entonces agruparon los ensayos de diversos especialistas para que Dantas se pusiera al frente. Dantas dice que "el museo del Caribe hace parte de un nuevo lenguaje de una serie de museos que se han inaugurado en el mundo en los últimos años. Ese lenguaje privilegia el sumergirse en la cultura para entender nuestro tiempo a través de lo audiovisual e interactivo más que una comprensión narrativa de la historia a través de los objetos. Los museos son hoy en día las catedrales de nuestro tiempo. El museo de la Lengua Portuguesa es un muy buen ejemplo de cómo estos espacios pueden reencontrarse con el público adoptando un lenguaje más innovador y contemporáneo".

El Museo del Caribe tiene 22.000 metros cuadrados y cinco pisos y está dividido en cinco ejes temáticos. La idea es, como ocurre en el Guggenheim de Nueva York, que se recorra de arriba abajo. Por ello, el visitante primero conocerá la sala de naturaleza, en la que se encuentran una pantalla de 10 metros de ancho por cuatro de alto que muestra paisajes de la región; un mirador al río Magdalena en donde pueden seleccionarse fragmentos de audio que recogen testimonios sobre la interacción del hombre con el río; así como diversas animaciones sobre la formación geológica del Caribe. Al bajar al cuarto piso, se encuentra la sala de la gente, en donde hay varios audios con mensajes de las etnias indígenas; un juego interactivo que consiste en una suerte de plato giratorio en el que el visitante puede escoger ingredientes y descubrir la preparación de platos típicos; y después un juego de espejos y de luz que invita al espectador a reflexionar sobre el mestizaje. Así mismo hay mapas de población y paneles de información sobre la gente del Caribe.

En el tercer piso se encuentra la sala de la palabra, en donde por medio de una serie de biombos con videos los habitantes de la región cuentan su historia, o la de los mitos y leyendas sobre las que se construyó su identidad. En el centro de esta sala hay una cabina en forma cilíndrica en la que el usuario puede escuchar la voz de poetas fundamentales como Meira del Mar o Raúl Gómez Jattin. Así mismo, una serie de paneles exhibe diversos fragmentos de obras literarias del Caribe colombiano. Un piso más abajo el espectador se encontrará con una larga selección de objetos -son los únicos- y herramientas exhibidos en una vitrina que muestran el trabajo de sus habitantes. Allí también hay un video de la historia social de la región. Finalmente, el espectador se encontrará con la sala de la expresión en donde se busca hacerle un homenaje a la música del Caribe a través de proyecciones de músicos que van desde los legendarios vallenatos hasta conciertos de Shakira. De otro lado, habrá una sala dedicada a Gabriel García Márquez, que consiste en una réplica de una sala de redacción de un medio de los años 50 en la que habrá ediciones en todos los idiomas a los que ha sido traducida su obra.

Tal vez, como dice Dantas, esta sea una nueva manera de volver a reconciliar a los espectadores con los museos. El Museo del Caribe quiere desacralizar las "catedrales de nuestro tiempo" para volverlas cercanas a la gente. Y quiere convertir el centro histórico olvidado de una ciudad en un polo de desarrollo para que se comprenda que la cultura está inserta en el cotidiano de la gente y no es un asunto para elegidos. "Es un hecho que estamos haciendo todo lo contrario a los demás museos. Le estamos ofreciendo al usuario una vivencia, y aunque hay algunos objetos, mi preocupación ha sido siempre la vivencia y no la simple observación de la propia cultura", concluye Dantas.
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