Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/11/06 00:00

El chelo romántico

Un compacto de obras para violonchelo a cargo de la francesa Anne Gastinel. Un homenaje que es también una semblanza del compositor del Renacimiento.

El chelo romántico

SCHUMANN
Anne Gastinel, violonchelo
Claire Désert, piano
Orchestre Philharmonique de Liège · Louis Langrée
Naïve · Forum


Por ser este el año del bicentenario de Schumann (Zwickau, 8 de junio de 1810), este compacto de obras para violonchelo tiene un especial significado. Pese a su fascinación por un instrumento que incluso estudió en sus años juveniles, Schumann apenas le dedicó tres obras: el Concierto en la menor Op. 129 y las Cinco piezas en el sentimiento popular Op. 102. Son solo tres, pues las Cinco romanzas, de 1853, una de sus últimas composiciones, fueron destruidas por su viuda Clara en 1893. Lo hizo porque evidenciaban los irreversibles trastornos mentales que obligaron al año siguiente su ingreso al sanatorio donde murió, en 1856.

Curiosamente, en obras originales para otros instrumentos, Schumann consignó su decisión de permitir ser interpretadas ad líbitum en violonchelo, y los chelistas las adoptaron. Es lo que ocurre con Piezas de fantasía Op. 73 y el Adagio y Allegro Op.70, indispensables en el repertorio de los grandes chelistas.

En este compacto, Anne Gastinel, 'la embajadora francesa del violonchelo', toca repertorio 'sinfónico' y de 'cámara', para chelo, naturalmente.

El resultado es ejemplar. Porque logran hacerle justicia al Concierto Op. 129, que es el concierto más importante del romanticismo alemán para el instrumento. Se trata de una obra cuya compleja estructura demanda un carácter más 'camerístico' que 'sinfónico' en la orquesta, en la que el chelo debe resolver una partitura de altísima exigencia técnica, casi virtuosa, con un tono eminentemente 'vocal' y sin solución de continuidad. El tono 'vocal' se establece en el primer movimiento y escala su cota más alta en el segundo, que en realidad es un monumental lied para chelo y orquesta, que el trío de Gastinel, Filarmónica de Lieja y el director Louis Langrée construyen y desarrollan magistralmente.

Ahora, lo propio podría decirse de la frescura casi inocente que la chelista y su compatriota Claire Désert trabajan en las Cinco piezas en el sentimiento popular. Son piezas que no se interpretaron en público en vida del compositor y que se tocan como una suite para chelo y piano, porque profundizan inteligentemente en sus numerosas y refinadas relaciones internas, con un resultado excepcional.

En la selección para piano y chelo ad líbitum, las Piezas de fantasía, originales para clarinete y piano, han hecho de los tres fragmentos una obra unitaria y compacta, cosiendo con detalle de orfebres el paso de uno a otro. Esto es algo que el compositor no solo desea sino exige, en medio de un crescendo de intensidad emotiva que va de la ternura inicial a la pasión desbordada del final. Désert es la estrella y lleva la carga más pesada de la responsabilidad, lo que no debe extrañar si se piensa que la parte fue originalmente escrita para Clara, de soltera Clara Wieck, la pianista más importante del siglo XIX.

En cuanto al Adagio y Allegro Op. 73, original para trompa y piano, las intérpretes nos entregan el retrato de la personalidad de Schumann, que a sí mismo se veía como el melancólico Eusebius y el apasionado Florestán. Eusebius en el Adagio que Gastinel toca con emotiva intimidad y cálido vibrato, para dar paso a la furia desbocada de Florestán, que pone punto final al compacto de 59 minutos, homenaje a la obra de uno de los más grandes y originales compositores de la historia de la música.

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