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| 9/15/2017 11:23:00 AM

El Ciclo Rosa se toma la pantalla grande

Hace 16 años se creó esta muestra que busca generar igualdad y celebrar la diversidad. Historia del origen de un festival que ya se consolidó como un referente del séptimo arte y que quiere ir más allá.

Por allá en 1998 Julián David Correa coincidió en una cena en Bogotá con Folco Näther, director del Instituto Goethe por esa época. Näther siempre pensó que la cultura debía llegar a todas las personas y por eso siempre promovía proyectos que apuntaran hacia todas las posibilidades que el arte ofrecía.

“Mientras yo crecía en Medellín, una ciudad en donde la única forma de vida posible es ser heterosexual, católico, casado con hijos, finca y camisita a cuadros, los amigos gais y el mundo que había tras ellos me parecían una forma directa de contracultura”, dijo Julián David Correa, uno de los fundadores de Ciclo Rosa durante una conferencia en 2012.

Con Folco se animaron en la titánica y necesaria labor de crear un espacio para la comunidad LGBTI, en donde se pudiera apreciar y aprender de la diversidad de los humanos por medio del cine. En 2001 nació el Ciclo Rosa.

Se llamó rosa por el nombre que el director de cine Holger Mischwitzky se puso a sí mismo: Rosa von Praunheim, y la razón de haber escogido ese nombre se debía a que ese era el color del triángulo con que los nazis señalaban a los homosexuales cuando los trasladaban a los campos de concentración.

Cuenta Correa que no faltaba nunca el espectador que asistía al evento por estar en temporada. Pero que a pesar de eso, los asistentes fieles siempre fueron los mismos: la comunidad que necesitaba espacios como estos donde pudieran reflexionar.

Ciclo Rosa no fue la primera vez que un director de cine gay se exponía en Colombia. A finales de los ochentas, los ciclos de Rainer Werner Fassbiender inspirados en la muestra de la filmoteca de la Embajada de Alemania tuvieron su auge en las salas alternativas. Y durante los noventas, se apreció una muestra gracias la Embajada Británica. Una en la que el artista plástico y realizador Derek Jarman fue el protagonista y gran revelación.

Con tres curadurías (Latinoamérica Queer I: viejos y nuevos clásicos, curaduría nacional e internacional) el Festival se consolida nuevamente como un referente para la diversidad del país.

“Las palabras son cápsulas del tiempo y van acumulando sentidos”, afirma Correa. La palabra queer se utilizó en un principio en Inglaterra y se usaba para la gente “rara” que “está parada en una sensación de extrañez”. Gente como fuera de lugar, “los raritos”.

Así como gay quiere decir feliz y se volvió sinónimo de homosexualidad, la palabra queer se volvió sinónimo de LGBT, pero habla de una cosa más amplia y la propuesta con lo queer es que existen diferentes maneras de pensar el mundo. “Hay muchos festivales LGBT”.

“La misión de la cinemateca es vital porque tiene una relación específica con una población. El cine da cuenta de una transformación cultural, al tiempo que se da una transformación cinematográfica. Abordar luchas, personajes y preguntas, avances políticos y culturales alrededor del tema a partir del cine es algo para celebrar”, dice Paula Villegas, actual directora de la Cinemateca Distrital.

“Va a estar en Medellín y en Barranquilla y de todas formas la curaduría nos permite año tras año no solamente mostrar una manifestación del cine, pues siempre nos estamos dando cuenta de los que se está haciendo en el mundo. Año tras año se va renovando y visibilizando qué preguntas se están dando en diferentes lugares del mundo”, afirma la directora Villegas.

Por eso este año el Ciclo Rosa contará con un Taller de Fanzines en la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez y en la Biblioteca la Victoria. “Lo que hemos buscado no es buscar la tolerancia sino celebrar la diferencia. Si los seres humanos fuéramos todos iguales seguiríamos en las cavernas comiendo carne cruda, la humanidad evoluciona por su diversidad”, sentencia el curador Julián David Correa.

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