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| 3/5/2011 12:00:00 AM

El cisne negro

Una bailarina de ballet, interpretada por la ganadora del Óscar Natalie Portman, desciende paso a paso hasta el infierno. ***1/2

Título original: Black Swan

Año de estreno: 2010

Género: Drama

Dirección: Darren Aronofsky

Guion: Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin

Actores: Natalie Portman, Vincent Cassel, Mila Kunis, Barbara Hershey, Winona Ryder.

Logra ser una pesadilla: logra articular las imágenes, los giros, las señales de una pesadilla. Nina, una aniñada bailarina de ballet perdida dentro de sí misma, obtiene el papel principal en un nuevo montaje de El lago de los cisnes. Y desde entonces todos los personajes de su vida, una mamá en el borde del ataque de nervios que la quiere tanto que la odia, un director francés que no confía del todo en ella porque parece incapaz de expresar sus pasiones, una valiente compañera de la claustrofóbica compañía neoyorquina a la que pertenece se le vuelven fantasmas que se le cruzan para recordarle que está a punto de perder la cabeza. Nina es frágil: quiere ser la protagonista de la obra, quiere interpretar a la perfección a esa heroína trágica que no encuentra la salida, pero un miedo que solo se siente cuando niño le está arruinando el espíritu día por día.

La actuación de Natalie Portman, que ya lo había entregado todo en películas como El perfecto asesino (1994), Tiempo de volver (2004) y Llevados por el deseo (2004), merecía, sin lugar a dudas, el Premio Óscar que acaba de ganarse. La determinación delirante que le da a su personaje prueba que las mujeres siguen siendo, a estas alturas, las primeras víctimas del mundo. Sus gestos y sus ojos cargados de miedo, que convierten el pequeño drama de una bailarina en una estremecedora película de horror psicológico en la tradición del cine de Alfred Hitchcock, Roman Polanski o David Lynch, nos llevan al borde de la silla desde el principio hasta el final. Su cuerpo de mujer empujada al abismo, que de escena en escena se pega más a sus huesos, nos pone de su lado de la peor de las maneras: tememos, físicamente, por ella.

La brillante dirección de Darren Aronofsky, que ya había retratado descensos a los infiernos cuando filmó la agotadora Réquiem por un sueño (2000) y la conmovedora El luchador (2008), nos instala en esa mujer que se devora a sí misma en la búsqueda de la perfección. Sus juegos con la cámara y con el montaje, que al principio de su carrera solían robarse sus películas, ahora le sirven a la historia que está narrando. Se piensa en obras maestras de la obsesión como Las zapatillas rojas (1948) o Las diabólicas (1955) o Vértigo (1958) o Repulsión (1965) o Ese oscuro objeto del deseo (1977), mientras se ve de reojo El cisne negro, porque también logra convertírsenos en trauma. Y es Aronofsky, con su don para lo espeluznante, quien ha puesto en escena semejante suma de alucinaciones.

Yo he tenido este largometraje en la cabeza desde que lo vi: todavía hoy, tres semanas después y muchas películas más tarde, sufro por su protagonista. Sé de las trampas de esta producción. Sé de su ridícula ausencia de humor. Sé de su final discutible. Pero no consigo deshacerme de tantas de sus escenas porque, a punta de buenas actuaciones y buen pulso, logra ser una verdadera pesadilla.
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