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| 10/11/1982 12:00:00 AM

EL CLAN

La arcilla, los metales, la voz son la materia prima del trabajo de una familia de artistas, los hermanos Tafur.

Carmen es la excepción. Es la unica que no se decidió por el arte. Es la mayor de las mujeres, estudió derecho y cuando es necesario les administra los asuntos a sus cuatro hermanos. Todos los demás trabajan con la arcilla, los metales o la voz. Alicia y Edgar son escultores.
Nieves hace cerámica y Marina es la soprano que este año acaba de obtener la más alta consagración en la temporada de Opera de Colcultura. Son los hermanos Tafur.
De un gran parecido físico, los hermanos Tafur han sobresalido, cada uno dentro de su estilo, como artistas de primera magnitud durante los últimos 25 años. Entre ellos cuatro, talvez Edgar es el menos conocido en Colombia. Cuando tenía 22 años abandonó sus estudios de arquitectura y escultura en la universidad de los Andes y se fue a continuarlos en las universidades de Florida y Cincinnatti, donde ha permanecido desde entonces. Sólo ha hecho una exposición en Colombia, en 1968 en la Biblioteca Luis Angel Arango, donde sus fuentes-esculturas podían vincularse más a la tradición escultórica anglosajona que a la de raíces latinoamericanas. Desde esa fecha no volvió a exponer en el país, aunque anualmente esculturas de formas compactas y voluminosas se exhiben en los museos y galerías más importantes de los Estados Unidos, Canadá y Europa.
Alicia, la hermana que le sigue en edad, ha hecho, en cambio, una carrera casi totalmente en el país, disputándose desde su primera exposición de cerámica en 1954, la primacía en los Salones Anuales de Artes Plásticas. Con una de las vocaciones artísticas más agitadas y constantes que se conozcan en una mujer colombiana, Alicia es la temperamental de la familia. De una personalidad vibrante y atractiva, se inició con Nieves en los estudios de cerámica en el Colegio Mayor de Cundinamarca, pero más tarde buscó una manera de expresarse en volúmenes y materiales distintos al feldespato, el cuarzo y el caolín y se transformó en una radical experimentadora de esculturas en metal.
Nieves, un carácter suave e inaltera ble, adquirido después de largas estaciones en la India y otros países del Oriente, se mantuvo fiel a sus exploraciones con la cerámica y en 1968 fue consagrada con el primer premio en el Congreso Mundial de Cerámica en la capital del Perú. Su trabajo ha evolucionado del simple esquema artesanal al que se hallaba reducido el ceramismo hace unos años, hasta una concepción eminentemente lírica, libre en el tratamiento, y de una gran imaginación.
A diferencia de sus hermanos, para quienes el trabajo surge de una febril combinación de imaginería y creación manual, Marina nació dotada de una voz que haría decir, años más tarde al crítico Donald Henachan del New York Times: "su voz produce una fuerte y cautivante impresión... cualquiera de nuestras más importantes compañías de ópera puede tener un lugar para ella" Desde los seis años, cuando sus padres se trasladaron de Cali a Bogotá, Marina ya se paseaba por los corredores del Conservatorio Nacional de Música donde tuvo como profesores de solfeo a Luis Macía y a Pablo Arévalo. Desde esa época hasta el pasado mes de agosto, cuando tomó varios de los principaks papeles de la Temporada de Opera, figura entre las dos mejores cantantes sopranos del país junto a Carmiña Gallo.
Los cinco hermanos rara vez se reúnen. Marina ha estado radicada por varios años en Nueva York, pero a partir de este año ha decidido establecerse de nuevo en Colombia. Alicia, Marina y Nieves están viviendo juntas en una bella casa-taller en el barrio Santa Ana Occidental en Bogotá.
Desde temprano en la mañana la casa se llena de agitación. Marina canta mientras se viste y Alicia y Nieves revolotean preparando las clases que dictan en su taller a 36 alumnos. La cerámica, el soplete, el polietileno, el cuarzo, el caolín las esperan. Edgar hace ya 30 años que no visita a Colombia y es el más marginado de la familia.
Carmen, la abogada, vive en Cali y sólo viaja a la capital por razones de su profesión. A pesar de ésto, los Tafur constituyen una familia unida y cada uno vive enterado de lo que están haciendo los demás, de sus triunfos y problemas, de sus pequeñas y grandes tristezas y alegrías.
Son inagotables, cada uno en su oficio, empeñados en hacer un mundo más hermoso del que a diario tienen que vivir millones de gentes corrientes en todas partes. Todos han recibido el reconocimiento de la crítica como creadores e intérpretes artísticos de gran calidad. Su vocación no fue herencia familiar por lo menos conocida por ellos. Simplemente las cosas sucedieron, como por casualidad.
Ahora parece haber surgido una tradición. Los hijos de los Tafur Ganivel también se proyectan como artistas. Las dos hijas de Marina han seguido las inclinaciones musicales y los 4 hijos del matrimonio de Alicia con el pintor Armando Villegas se mueven entre la pintura, la escultura y la cerámica. La tradición es un tema ya de las nuevas, generaciones.
Valentín González B.
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