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| 4/5/2017 9:15:00 AM

El colombiano que ha capturado la guerra en Oriente Medio

El fotoperiodista Mauricio Morales Duarte cuenta detalles sobre cómo ha sido cubrir la barbarie del conflicto armado en diferentes partes del mundo y por qué pese a esto, aún no pierde la fe en la humanidad.

*Por Sonia Fernanda Barrera Vargas*

Mauricio Morales Duarte conoce la guerra como pocos. Desde finales de 2012 ha sido reportero en países como Siria, Libia, Turquía, Líbano, Iraq y la Franja de Gaza. Por cuenta de su trabajo, ha sido testigo excepcional de los complejos enfrentamientos que se viven día a día en ese lado del planeta.

Una de sus impactantes imágenes, en la que se percibe en un primer plano un maniquí vestido de soldado y que lleva una máscara con el rostro del presidente Bashar al-Ásad, llegó a ser primera plana en el periódico The New York Times.

Este bogotano de 35 años, pelo oscuro, barba, contextura mediana y atraído desde la adolescencia por el tema de la guerra en un sentido que va más allá de la misma, asegura que ver de frente la atrocidad, le ha permitido forjar un sentido propio sobre la vida, el bien y el mal. A pesar de las de las desoladoras escenas presenciadas y que el lente de su cámara ha registrado, todavía conserva la esperanza en las nuevas generaciones, afirma.

Casa Destruida, Mauricio Morales, 2014. Un hombre espera dentro de su casa en uno de los distritos que eran controlados por fuerzas rebeldes en la ciudad de Alepo, Siria

Semana.com: Llega a Siria a finales del 2012 ¿Cuáles fueron las primeras impresiones que tuvo?

Mauricio Morales: Estaba en Alepo, iba en un carro y comencé a ver columnas de humo, escuchaba bombazos, veía al lado los tanques destruidos, parecía el universo de la película Mad Max. Llevaba muchas percepciones de lo que era una guerra, pero en ese momento me percaté que había llegado a una ciudad que estaba realmente en un conflicto de gran tamaño.

Semana.com: ¿Actualmente para cuáles medios internacionales trabaja?

M.M: Colaboro con Al-Jazeera constantemente. Con NBC News trabajé hace poco y continuaré con ellos. El año pasado empecé con el tema de hacer televisión, de producir y pensar en reportajes, lo hice con Caracol Noticias y hace un tiempo hice un proyecto interesante con Univisión, era un multimedia que involucraba foto, video, texto e investigación. Tengo claro que no quiero limitarme solo a la fotografía, porque me interesa explorar otros campos y también porque laboralmente es complicado mantenerse solo de esta, además que hoy en día, los nuevos medios reúnen muchas cosas, así que me parece importante apostarle a las nuevas formas de contar historias.

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Semana.com: En el año de 2013 una de sus imágenes fue primera plana en el New York Times ¿Cómo esto repercutió en su carrera?

M.M: Aunque tuvo una repercusión positiva y me ayudó a comenzar a hacer más historias para Colombia, además de abrirme muchas puertas laboralmente, hubo un sinsabor. Antes de la portada en el New York Times, les había ofrecido a los medios colombianos hacer esa historia y no me prestaron atención, pero a través de la primera plana, estos mismos medios hicieron notas acerca de mi foto para este periódico. Era contradictorio: les había ofrecido la misma historia pero la pasaron por alto, entonces ¿Cómo era posible hacer una noticia acerca de algo que ellos inicialmente rechazaron? Finalmente comprendí que así son las industrias, no somos ni héroes ni voluntarios y esto es simplemente un trabajo.

Semana.com: ¿Cuáles son los límites que debe mantener un fotógrafo de guerra?

M.M: Profesionalmente es importante mantenerse alejado de ser un activista, no se puede politizar el trabajo ni hacerlo para ambos bandos. Por lo general, se escoge un lado para contar, pero somos humanos y no se critica al que da de comer, sean combatientes o no, y ese límite es peligroso, porque se puede dejar de mirar por un lado crítico del asunto. Es algo que es necesario tener siempre presente.

Semana.com: Uno de los casos más recordados de la reportería gráfica es el del fotógrafo Kevin Carter, que capturó la imagen de un niño africano famélico que estaba próximo a ser presa de un buitre. ¿Cuál es su posición ética y profesional frente a este tipo de escenas?

M.M: Es necesario registrar esas imágenes, porque ese es el trabajo. Esa foto era lo que era, era lo que estaba ocurriendo y personalmente, en lo que en realidad no estoy de acuerdo es en hacer posar las situaciones o exagerarlas. Esa imagen contó mucho. El tema por el que a Carter lo recriminaron se trataba de no haberle ayudado al niño, pero esas son situaciones que como periodista deben quedarse en el terreno, y cada quien decide qué hace o qué no hace, en dónde meterse y hasta dónde ir. Es complicado cuestionar. No me atrevo a juzgar, es algo que va más allá de mí.

Semana.com: ¿Qué aspectos de su vida personal cambiaron después de estar en Oriente Medio? 

M.M: Muchos, pero principalmente se les bajó el volumen a mis problemas del día a día. Estar aquí es un privilegio y pienso que esa precisamente fue la razón por la que me animé a tener una hija. Siempre quise ser papá, pero esta experiencia me permitió darme cuenta que vivir es un regalo y es increíble, pero también entendí que el humano es capaz de hacer las cosas más crueles y las cosas más buenas, esto me dio una perspectiva lejos de la desesperanza, pero sí de: somos una especie difícil. 

Semana.com: El hecho de haberse convertido en padre hace un par meses ¿Puede significar eventualmente el final de su carrera en este tipo de reportería?

M.M: Cuando veía casos de niños que murieron en la guerra o los padres que pasaban por esa situación, me impactaba el dolor. Ahora que tengo una hija, no imagino tener que socorrerla en un bombardeo o verla vuelta pedazos, no me cabe en la cabeza, pero a la vez y a futuro, creo que ella también va a conocer un poco sobre  qué es la vida a través de mí, no para que ella lo tenga que vivir, sino para que las nuevas generaciones entiendan que éramos muy primitivos, muy locos y traten de no cometer los mismos errores. Hay una frase bíblica que dice: "El nacimiento de cada niño demuestra que Dios todavía no está decepcionado del hombre", y en eso creo también, en traer una esperanza, y para mí, es un motivo de felicidad, pero eso no significa que tenga que cambiar mi rumbo como reportero de guerra. Sí es importante tener más cuidado que antes, pero este es el camino que escogí y ese compromiso debo mantenerlo.

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Semana.com: ¿Cuáles fueron las reacciones iniciales de su familia cuando decidió partir a Siria?

M.M: Mis padres pensaban que era el peor error que estaba cometiendo, mis hermanos, por el contrario, siempre me apoyaron. Con el paso del tiempo, mi papá tuvo un cambio radical al darse cuenta que me iba bien, pero mi mamá nunca ha estado de acuerdo con el tema, y es algo natural que se relaciona con el instinto maternal frente al peligro que este oficio implica. Mi pareja también me apoya mucho, ella es la persona que ha tenido que afrontar muchos momentos difíciles.

Semana.com: ¿Cómo explica lo que está ocurriendo en Oriente Medio? 

M.M: Brevemente es difícil de explicar porque es un conflicto que viene desde la primera guerra mundial. De cierta forma lo relaciono con el conflicto colombiano, porque se puede ver como una guerrilla contra el gobierno, y en teoría sí, pero hay muchas aristas en el conflicto que se tienen que explorar para poderlo contar. En Oriente Medio también hay muchas complejidades, pero básicamente, lo que ocurre, es que allí hay varios países nuevos que son sectarios, y eso ha alimentado la guerra, además del asunto del petróleo, que ocupa en este territorio aproximadamente el 70% de las reservas mundiales.

Arcoiris, Mauricio Morales, 2016. Hombres se reúnen en lo que queda de su casa destruida en la ciudad kurda de Kobane

Semana.com: ¿En qué momento se encuentra este conflicto? ¿Se podría decir que ya está en la fase final?

M.M: Creería que sí. Eventualmente la oposición va a tener que negociar de alguna manera y se van a llegar a unos acuerdos. Los rebeldes ya perdieron Alepo y controlan muy poco. Pero honestamente son suposiciones, la verdad es que en Oriente Medio cualquier cosa puede pasar.  

Semana.com: ¿Y cómo ve este panorama político?

M.M: Pienso que la política, la geopolítica, y lo que se entiende por comunidad internacional son instrumentos ineficaces. Una cosa es prender el televisor y ver que los gobiernos charlan o hacen un veto, pero en las calles de Alepo continúan asesinando hombres, mujeres y niños a diario. Políticamente seguimos siendo tan primitivos como en la Edad Media.  Por otra parte, hay un tema muy interesante y es el de la izquierda, porque mucha gente en Colombia que tiene una inclinación política de izquierda, tuvo un pensamiento de conformidad con lo que hacía Al-Ásad, ya que él es visto como un anti imperialista de la izquierda árabe, y es absurdo, porque comenzaron a mezclar asuntos de la izquierda, el capitalismo y el anti imperialismo con una guerra tan cruda como la que existe actualmente en Siria, así que políticamente las cosas siguen siendo las mismas desde hace mucho tiempo. No se soluciona nada, la política ha fallado.

Semana.com: ¿Considera que esta guerra que lleva varios años, ha tenido un buen cubrimiento por parte de los medios nacionales?

Colombia no ha realizado un buen cubrimiento frente a este tema. La crisis económica puede ser un factor que ha influido en esto porque los grandes medios locales no tienen corresponsales allí y transmitirle información a las personas a través de los cables de las agencias internacionales es muy difícil, cuando se trata de explicar y humanizar lo que verdaderamente se vive en Oriente Medio. Son muy pocos los periodistas colombianos que lo han cubierto, entre ellos está Catalina Gómez, que vive en Irán, Mónica Villamizar y Luis Ángel. La mayoría de personas saben que Oriente Medio está en guerra, pero no saben quiénes son los actores o por qué ocurre, y eso es lo que falta: un poco de minucia en la investigación.

Semana.com: ¿Recuerda particularmente un momento en el que haya estado muy cerca de un suceso fatídico?

M.M: Hubo un bombardeo frente al lugar en el que me estaba quedando en Siria, cuando salí a cubrirlo todo era polvo, luego el avión bajó y volvió a lanzar otra bomba media cuadra más adelante de donde yo estaba, esto es conocido como Double Tap: lanzan una bomba y cuando la gente llega para auxiliar a los demás, tiran otra, y así logran causar un mayor número de bajas. Ese momento me impactó de sobremanera.

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Semana.com: ¿Qué pasó por su cabeza la primera vez que capturó fotográficamente a alguien siendo asesinado?

M.M: Inicialmente quise decir algo, pero después supe que no era mi lugar y además era un riesgo. Lo único que podía hacer como periodista era registrarlo y contarlo. 

Semana.com: ¿Llegó a conocer a algunos de los implicados en estos crímenes?

M.M: Sí, y de hecho, muchas veces lo más duro es percatarse que quienes cometieron asesinatos, era gente que me estaba dando la mano. No son monstruos, son personas que llegaron al límite para actuar de esa manera. El concepto de bien y mal comienza a esfumarse. Tampoco hay buenos ni malos. En la guerra las únicas víctimas son los civiles que no tienen armas, el resto son victimarios. 

Semana.com: ¿Haber presenciado eventos con un alto grado de violencia y crudeza generó en usted estrés postraumático?

M.M: Sí, bastante, pero es importante aprender a manejarlo. Hubo un pico muy alto especialmente en los primeros viajes que hice a Siria y ese es un tema que por ejemplo, en Colombia no se tiene muy en cuenta tanto en ex combatientes del ejército como de la guerrilla.

Semana.com: Ya que usted menciona a Colombia ¿Cuáles han sido sus hallazgos en los cubrimientos que ha realizado en campamentos guerrilleros?

M.M: El principal descubrimiento fue encontrar que la presencia guerrillera en algunas zonas del país existe porque allí no hay presencia de nada más, no hay presencia del estado, entonces los grupos armados toman ese rol. Una de las cosas que más me llamó la atención, es que en estos lugares no hay ni siquiera puestos de salud, están absolutamente abandonados y aislados del gobierno colombiano.

Semana.com: ¿Cuál es su visión del mundo? ¿Y cómo cree que podríamos mejorar como especie?

M.M: Si en tiempos de paz el humano es un desgraciado, en tiempos de guerra es aún peor,  así que lo mejor que se puede hacer es evitarla. Como he dicho anteriormente, en la guerra no hay ángeles ni demonios, sino gente como usted o como yo, que dadas ciertas circunstancias son empujados a cometer actos que jamás imaginaron hacer. Ese lado oscuro vive en cada uno de nosotros. Yo no soy Gandhi que piensa en paz y amor, pienso en la búsqueda de diferentes tipos de diálogos y caminos para desescalar el nivel  de violencia que carga el humano.

*Estudiante de la maestría en periodismo de la Universidad del Rosario y SEMANA. 

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