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| 6/6/1988 12:00:00 AM

EL COLOR DE LA NATURALEZA

Bosques, agua y movimiento en la exposición de Ana María Rueda, en la tertulia de Cali

En bosques sin contorno y sin medida, la exploración de la luz se hace cada vez más vaga. El gran vuelo de las hojas arrastradas por el viento, dibuja un panorama en movimiento. Pero el vaivén por fin aplaca los sentidos. Tras la tempestad viene la calma, se dice. Y sin embargo, aún sobreviven los vestigios de la gran agitación. La naturaleza jamás depone sus armas. Otras circunstancias reviven el mismo misterio y el mismo encanto de los elementos en la pintura de Ana María Rueda. Vuelta sobre la naturaleza, pero libre para una nueva elección. Del agua rizada con su alucinado estallido de cromatismos, del agua impetuosa, rítmica o monótona, brotó una quietud recién creada: ahí está el plácido lienzo de la serie "Jardín", que da origen a una nueva estructura pictórica en la problemática que ahora se plantea Ana María Rueda. ¿Cómo, obedeciendo a los fuertes impulsos de la abstracción, mantener vivo y vivificante el vínculo con la naturaleza? Ana María Rueda encuentra su propia respuesta, cuando aproxima al orden natural de otra manera, más íntima, imprevisible, sin modelos de continuidad, empujándonos con suave fuerza a un jardín en que se renueva la visión de la naturaleza.
Abandonando el gesto, traslada la vida emocional a formas puras de un arte que ya no responde a la belleza objetiva, sino a la verdad profunda de la pura introspección. Pocas veces hemos visto cómo la abstracción evita, con tanta audacia, la gravedad del gesto.

De regreso a formas consolidadas por la naturaleza, define y supera el objeto. Es una metamorfosis, que por medio del color, el tiempo y el espacio, alcanza algo esencial de la trama objetiva de las cosas, fruto, árbol, tierra, agua, hoja, pero también, signo que participa del mismo carácter de lo real: color, trazo, forma, luz, sombra y extensión. Del supremo artificio que comporta la abstracción en la pintura a la sensibilidad que hace de ella pleno devenir en la naturaleza.

Ya no podemos seguir considerando el arte figurativo como modelo y fuente primordial en la relación del artista y la naturaleza, ni siquiera ya es posible un arte que se reduzca a servirle de simple imitador.

En esta serie de pinturas de Ana María Rueda, que expone 15 óleos a partir del 10 de mayo en "La Tertulia" de Cali, se ha comprendido cómo la fuerza originaria de la naturaleza implica una fuerza correspondiente en el arte que se interna en sus visiones. Sobrepasa la relación modeloimitador. Se sitúa en un campo cada vez más audaz, pero también más peligroso y solitario: allí donde sólo cuenta nuestra sensibilidad hacia los signos de lo abstracto. Allí, donde esta pintura murmura su callada evidencia: ejercen estos lienzos sobre nosotros la atracción de lo que se aparece por primera vez arite nuestros ojos, de algo nunca visto. Y sin embargo, identificamos en ellos su doble condición: como imagen de la naturaleza y como luz desconocida proyectada sobre el arte. --
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