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| 6/11/1990 12:00:00 AM

El color de la naturaleza

Hojas, troncos y aguas, en la exposición del manizaleño Jenaro Mejía.

A través de los siglos, la naturaleza siempre ha sido motivo de inspiración para los artistas. Muchos han tratado de imitarla hasta en sus mínimos detalles, otros han buscado recrearla desde sus propios puntos de vista. Y algunos, especialmente antes que surgiera la fotografía, mezclaron la tarea artística con la cientifica para dejar testimonio de la fauna y la flora de una determinada región, como ocurrió con las láminas de la Expedición Botánica. Es dentro de este último grupo donde se enmarca la obra del manizaleño Jenaro Mejía, quien desde la semana pasada expone sus obras en la Galería Diners de Bogotá, junto con la pintora bogotana Margarita Gutiérrez.
Mejía trabaja en acuarela, técnica que domina bastante bien. En sus cuadros están presentes varias de las especies más conocidas en el país, que son manejadas con una cierta intención botánica. Las flores del borrachero, los cerezos y todas esas plantas que crecen en los rastrojos, en las montañas, hacen parte de su botánica. Las formas características de las diferentes especies están trabajadas con mucho cuidado y una sóla rama de árbol se convierte en toda una selva.
Mención aparte merece el manejo del color. Como es de esperarse por la temática tratada, los verdes en todos sus tonos predominan en los cuadros. Pero es ahí donde Mejía va más allá y deja en claro que su intención no es sólo la de reseñar, al estilo de los ilustradores, una determinada flora. Los juegos de la luz al reflejarse en las hojas de los cerezos, los verdes profundos que de repente se van desvaneciendo en azules o rojos discretos, no dejan duda de que el pintor está mirando la naturaleza con otros ojos, con una óptica que rebasa el interés científico. No se trata de un catálogo. Mejía en sus acuarelas encuentra nuevas posibilidades expresivas a través de hojas y tallos, de luces y sombras, en las que está claro un sentimiento ecologista que va de la mano con su interés artístico.
No se puede afirmar de manera tajante que Mejía sea un paisajista, aunque dentro de la muestra se incluye un cuadro de gran formato, anterior al resto de los expuestos, "Quebrada", que permite pensar en una fuerte influencia del paisajismo colombiano de primera mitad del siglo. Pero la obra reciente, una evolución en esos conceptos y el manejo del paisaje, es sólo una herramienta para abordar otras problemáticas.
La obra de Margarita Gutiérrez, la otra artista que expone en la Diners, es bien diferente. Se trata de una serie de cuadros, en pastel de aceite sobre lienzo, de carácter intimista. Son signos, círculos y rayas, que mueven los recuerdos. Los mismos títulos de las obras "Horas oscuras y doradas", "Sol y arena" o "Recuerdos", dejan en claro que lo que la artista busca es recuperar determinadas sensaciones, o sentimientos, a través de la abstracción de algunos elementos. Son cuadros en los que priman los colores fuertes, amarillos, rojos, azules, que contrastan con el negro y los fondos discretos, en los que Margarita Gutiérrez trata de volcar una gran carga de sensibilidad.
A pesar de tratarse de dos experiencias artísticas totalmente diferentes, la de Diners es una exposición que llama la atención. De unas referencias concretas, en el caso de Mejía, se pasa a la sensibilidad de la Gutiérrez. Se trata, además, de dos artistas poco conocidos para el gran público que pueden resultar interesantes.
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