Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2001/10/29 00:00

El creador supremo

Para Harold Bloom, destacado y polémico crítico literario, William Shakespeare fue el inventor de los rasgos del hombre contemporáneo

El creador supremo

Durante el cambio de milenio la humanidad se impuso hacer una revisión de los últimos 10 siglos de historia y los ingleses no tuvieron ninguna dificultad en escoger a William Shakespeare como el personaje más importante de su milenio. Tal ha sido el alcance de su obra que ésta se mantiene vigente a pesar del paso de los siglos. Harold Bloom, un académico nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1930, graduado de Cornell y con estudios de posgrado en Yale —donde enseña desde 1955— va más allá pues considera que la trascendencia del dramaturgo supera el ámbito anglosajón y lo señala como “el inventor de lo humano”.

En su libro monumental La invención de lo humano, que ha sido traducido al español y publicado en Colombia por Norma, Bloom examina uno a uno los dramas y las comedias de Shakespeare. “Su libro es el legado último del profesor que ha enseñado durante décadas y ha madurado su saber en la lectura, la reflexión y la cátedra sobre la obra del gran dramaturgo isabelino. El tono del libro es el resultado de una combinación equilibrada entre la erudición del académico y la sabiduría del maestro”, señala David Jiménez, director del departamento de literatura de la Universidad Nacional y experto en la obra de Bloom.

En efecto, Bloom utiliza un lenguaje directo, destinado no tanto a los académicos como a la gente de la calle interesada en la literatura. Su idea es transmitirles su pasión por Shakespeare y dejar bien en claro su visión: fue Shakespeare quien nos creó tal cual somos.

“Bloom ha convertido la crítica y la cátedra en campos de batalla donde sustenta un principio: la literatura es vida, expresión de vida, creadora de más vida, no simple estructura lingüística o reflejo de circunstancias sociales y políticas o mero entretenimiento. Afirmar que Shakespeare es el inventor de lo humano, como lo hace Bloom en este libro, es lanzar un desafío contra los que ven en la literatura un asunto trivial o la reducen a materia de análisis escolar. El lleva las cosas al otro extremo: sin poesía, sin Shakespeare, no tendríamos palabras para hablar con nosotros mismos ni sabríamos poner en escena verbal los dramas cotidianos del amo”, señala Jiménez.

Al recorrer la personalidad de los diversos personajes de Shakespeare (Falstaff, Hamlet, Macbeth, Yago) Bloom revela lo que los ha hecho imprescindibles: esa riqueza y complejidad que nos dieron para siempre la medida del espíritu humano.

Por supuesto, estas tesis generan toda suerte de polémicas, un territorio en el cual Bloom siempre se ha sentido a gusto. Su punto de vista y sus métodos muchas veces van en contravía al de los académicos. Como señala Jiménez, el erudito típico, que ante todo es experto en minucias, desconfía mucho de la visión global de Bloom. Mientras que los historiadores de la literatura relacionan a Shakespeare con su época y en sus estudios lo enmarcan dentro de las características sociales y culturales de la época isabelina, para Bloom Shakespeare es un escritor universal que trasciende su época.

Seguramente este libro provocará más de un comentario adverso entre los académicos. Pero también impulsará a sus lectores a conocer más de cerca la obra de Shakespeare o a cambiar sus puntos de vista acerca del verdadero alcance y significado de sus dramas y personajes.n

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