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| 6/20/1994 12:00:00 AM

EL DESCUBRIDOR

Con la muerte de Gerard Reichel-Dolmatoff, Colombia pierde a quien ha sido tal vez el más grande antropólogo de la historia del país.

EL DOMINGO 15 DE MAYO DE 1994, a las 8:05 de la noche, Gerard Reichel-Dolmatoff le puso punto final a la conferencia con la que inauguraría un Seminario sobre Antropología y fronteras en la Universidad Complutense, de Madrid.
Esa noche se encerró en su oficina a recorrer en la máquina de escribir toda la experiencia acumulada tras décadas de investigaciones. La conferencia la tituló 'Colombia: indios y fronteras invisibles' y ella se iba a convertir en su último legado a la humanidad como antropólogo, etnólogo y arqueólogo dedicado al redescubrimiento de esa Colombia que nadie se había atrevido a desentrañar y que parecía condenada al olvido: los territorios indígenas.
Terminó de escribir y se acostó en su cama, visiblemente cansado por el paso de los años. Su hija Helena se le acercó y le dijo: "Papá, no le quejes que pareces de 15". A lo que él contestó: "Parezco de 15, pero me muero el 16". Como si fuera la última premonición de alguien que utilizó como pocos la intuición, al amanecer del lunes 16 de mayo, a Reichel-Dolmatoff se le escapó la vida. Era la primera vez que dejaba de pensar en su trabajo.
Nacido bajo el imperio Austro-Húngaro en 1912, Dolmatoff llegó a Colombia en 1939. Un colega suyo, el antropólogo francés Paul Rivet, había visitado el país por invitación del entonces presidente Eduardo Santos, y le propuso la aventura de viajar a Colombia. Reichel-Dolmatoff estaba huyendo de la invasión alemana a Austria y decidió dirigir sus velas hacia Suramérica. En corto tiempo supo que el destino jugaba a su favor. El contacto con Colombia lo enamoró de tal manera que cuando Santos le brindó la nacionalidad colombiana dos años después de su llegada, Reichel la aceptó no sólo por el orgullo de recibir tal ofrecimíento sino porque ya le hacía falta llamarse colombiano.
El terreno estaba reconocido. Ahora faltaba el desafío mayor: explorarlo. Durante más de 50 años recorrió las costas Atlántica y Pacífica; exploró los Llanos Orientales, el Vaupés y la meseta cundiboyacense; redescubrió la Sierra Nevada de Santa Marta, poseedora de una riqueza étnica y arqueológica hasta ese momento desconocida, y prácticamente le presentó al país una región de cuya existencia escasamente se sabía: la Amazonia.
La comunidad internacional de científicos lo reconoció como uno de los antropólogos más importantes del continente por sus invaluables aportes al conocimiento arqueológico americano y al estudio de las sociedades indígenas colombianas. Al mismo tiempo fue condecorado en inumerables ocasiones en Colombia y en el exterior.
En el campo de la arqueología, Reichel-Dolmatoff fue el primero en proponer una teoría acertada sobre el período formativo de las comunidades primitivas colombianas, esa etapa eR la que el hombre nómada comenzó a volverse sedentario. Simultáneamente, en Puerto Hormiga (Bolivar) halló la cerámica más antigua de Suramérica. Estos dos descubrimientos fueron la plataforma de lanzamiento para una nueva era en la arqueología colombiana.
En el campo de la antropología, el trabajo de Reichel se volcó sobre el estudio de las comunidades indígenas en la Sierra Nevada, en la Amazonia y el Pacífico, obteniendo como resultado enriquecedoras monografías sobre cada una de ellas. En pocas palabras, se encargó de devolverles el alma ante la civilización, que veía en los indígenas simples buenos salvajes. El mismo confirmó en una conferencia dictada en 1987 en la Universidad Nacional, que en su convivencia con los diversos grupos indígenas no había encontrado seres inferiores, sino "un mundo de una filosofía coherente, de una moral elevada, una organización social y política de gran complejidad y un manejo acertado del medio ambiente con base en conocimientos bien fundamentados. Vi que las culturas indígenas ofrecían opciones insospechadas, estrategias de desarrollo cultural que simplemente no podemos ignorar".
Sus investigaciones, que quedaron compiladas en libros como Los Kogi, sobre los habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta, Desana: simbolismo de los indios Tukano del Vaupés y en su texto autobiográfico Indios de Colombia, no procuraron otra cosa que rescatar la dignidad y la sabiduría indígenas, extirpadas por la llegada de los españoles. En pocas palabras, desentrañó la historia y el pensamiento indígena americano en aras de encontrar una identidad propia en estas tierras. "Uno de sus grandes legados -comenta Roberto Pineda, director del Instituto Colombiano de Antropología- es haber mostrado que las sociedades indígenas poseen estructura y pensamiento sociales complejos, con avanzados sistemas simbólicos de regulación ecológica que la civilización desconoció durante años". Cuando el profesor francés Claude Levi Strauss leyó las investigaciones sobre los indios Tukano, le dijo: "A partir de esta obra la etnografía suramericana nunca será la misma, ya que usted la ha hecho entrar en una nueva era". Por su parte, el profesor John Landaburo, del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes (fundado por Reichel-Dolmatoff en 1964), dice: "Sus estudios sobre el uníverso simbólico indígena en relación con el medio ambiente y las creencias transformadas en religión con las comunidades Kogi y Desana, y la comparación entre ellas para demostrar constantes en el universo suramericano, hicieron de él una gran figura de la antropología". Tales fueron los logros de Gerard Reichel Dolmatoff, un hombre cuya obra antropológica es considerada como única en Colombia.
Sin embargo, él, que había dedicado todo su amor al rescate de la verdadera cultura colombiana, fue testigo también del deterioro paulatino de un territorio que era un paraíso cuando llegó. "Sus últimos años estuvieron marcados por una decepción constante al observar el deterioro ambiental y cultural de Colombia -dice su esposa Alicia Dussán de Reichel, quien como arqueóloga lo ayudó en todas sus investigaciones-. Se lamentaba al ver que ese país que él conoció con un potencial enorme de desarrollo, finalmente no había florecido".
Aun así, el legado de Gerard Reichel-Dolmatoff quedará marcado para la historia de Colombia como uno de los más valiosos de cuantos se han construido en el país. A este antropólogo, que llegó casi por casualidad y decidió volverse uno más del territorio, Colombia le debe nada menos que el descubrimiento de sus raíces.
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