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| 12/16/2006 12:00:00 AM

El despegue del cine

En 2006 el cine colombiano mostró calidad y cantidad. Gracias a la Ley del Cine se comienza a consolidar una industria. Pero todavía falta mucho camino por recorrer.

El proyecto de reforma tributaria que presentó el gobierno nacional puso al cine nacional en la primera plana de los diarios. La noticia de que la Ley del cine que había hecho despegar la industria cinematográfica en Colombia podría llegar a desaparecer fue la mecha que encendió el interés general por saber qué era exactamente lo que estaba pasando con el cine colombiano. Al final, los gritos de ayuda lanzados por los directores, productores, actores y la misma dirección de cinematografía del Ministerio de Cultura y Proimágenes no sólo terminaron por ayudar a que esta ley se salvara, sino que pusieron a los colombianos a hablar de su cine. Y a ver su cine.

Cada vez más espectadores se acostumbran a ver películas nacionales en cartelera. El mayor ejemplo es que este fin de año se estrenarán tres producciones. Algo impensable hace un tiempo, cuando se daba por sentado que no se podían proyectar dos producciones nacionales a la vez, pues el público no respondería. Además, que en un mismo año surjan películas tan diferentes y de tan de buena calidad como Soñar no cuesta nada, El Colombian Dream y Al final del espectro es un ejemplo de que se están haciendo las cosas bien.

Ocho películas estrenadas, 60 producciones en desarrollo, más dos millones de espectadores que vieron cine nacional son algunas de las cifras con las que termina el año 2006. Pero el balance va mucho más allá de los números. Queda claro que aunque todavía son muchos los aspectos en que tendrá que mejorar, la cinematografía colombiana está despegando. Y el futuro que se vislumbra invita al optimismo.

Orlando Mora, crítico de cine del periódico El Colombiano de Medellín, reconoce que hay dos aspectos muy positivos: la excelente respuesta del público ("salvo un par de dolorosas excepciones") y la presencia que han cobrado los productores como figuras clave para la organización de los proyectos. "No se puede crear una industria de cine sin productores profesionales y activos", explica Mora.

Y es que a la hora de hacer una radiografía del cine colombiano hay que reconocer que la aparición de productores que están poniendo todo de su parte para que el negocio se convierta en una industria sólida, que genere empleo y que cree espacios para que surjan profesionales en todas las áreas cinematográficas, ha sido uno de los grandes motores de esta nueva etapa del cine nacional. "Hacer cine no puede ser un karma donde la gente tenga que hipotecar la casa y quedarse sin ahorros. El cine, ante todo, se debe hacer desde la organización de una casa productora, como cualquier empresa, donde se consigan unos recursos para tal fin y así mismo se inviertan", explica Clara María Ochoa, de CMO Producciones, empresa que tiene tres películas en proceso de producción para 2007 y cinco más en desarrollo para 2008 y 2009.

"El cine deja de ser únicamente un arte que expresa lo que cada realizador quiere decir, sino que contempla una parte comercial que hace que el modelo de negocio sea viable. Los nuevos talentos, al incluir en la ecuación inversionistas privados, adquieren un compromiso de retornar estos recursos cambiando la mentalidad en donde no había dolientes, ya que muchos de los recursos eran donaciones o premios que no era obligatorio recuperar", explica Andrés Calderón, de Dynamo Capital, empresa que busca inversión privada para producir cine.

Y es que la mentalidad ya no es la misma. La llegada de una serie de productores que decidieron apostarle al cine colombiano a partir del surgimiento de la Ley de Cine ha cambiado la lógica de los cineastas. Entienden que se puede hacer buen cine y un buen negocio al mismo tiempo. "Actualmente los realizadores, al haber tenido experiencias en el exterior, se dan cuenta de la importancia de tener una calidad competitiva en el nivel global. Apoyados en los mismos premios que mencionaba anteriormente, en los beneficios tributarios y en el capital privado, logran obtener mayores recursos para producir con una calidad óptima", complementa Calderón.

Uno de los retos que tiene por delante la industria cinematográfica colombiana es hacer películas de calidad internacional que puedan abrirse cada vez más espacio en los mercados internacionales y en los grandes festivales de cine del mundo. Este año ninguna producción nacional fue exhibida en uno de los principales festivales de cine como Cannes, Sundance o Berlín, por ejemplo. Y sólo cuando las películas colombianas comiencen a ganar terreno en el panorama internacional, se podrá considerar que tenemos una industria con un lenguaje propio que propone temáticas y narraciones atractivas para otros públicos.

"Nuestro cine ha mejorado sustancialmente, pero sin duda todavía tiene dificultades por resolver, no sólo en la escritura de guiones y en la dirección de actores, sino en toda la cadena de la realización fílmica... Creemos que una mayor y más continua producción de cine en el país debe generar oficio, y esto debe redundar en la calidad", dice David Melo, director de cinematografía del Ministerio de Cultura, quien considera que no obstante ser interesante el presente del cine nacional, aún está lejos de lo que se quiere. Para Melo, el objetivo es mantener una producción continua que sea capaz de consolidar las propuestas de los directores de mayor trayectoria y, al mismo tiempo abrir espacios para nuevos realizadores.

Entre las grandes esperanzas del cine nacional están los nuevos realizadores que apenas se abren camino, como Jorge Navas, Andrés Bayz, Rubén Mendoza e Iván Wild, quienes ya están produciendo sus óperas primas. "Creo que estos cineastas tienen el talento y la disciplina para propiciar un gran salto cualitativo en el cine de acá", dice Ciro Guerra, director de la Sombra del caminante. Y es que si este año fue positivo, lo que se viene el año entrante parece más esperanzador.

En el camino aparecen proyectos como Satanás, de Andrés Bayz; Paraíso travel, de Simon Brand; Bluff, de Juan Felipe Martínez; Perro come perro, de Carlos Moreno, y documentales de talla internacional como Personal Che, de Adriana Mariño y Douglas Duarte. El 2006 fue un buen año. Pero este es apenas el comienzo del que se espera sea un largo y sustancioso camino. Ya los cimientos están puestos. El resto está por hacer.
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