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| 12/27/1999 12:00:00 AM

EL DIA FINAL

La posibilidad de que el mundo se acabe con la llegada del nuevo milenio.


EL TEMOR A LAS profecías que se han generado en torno al fin del milenio son poco creíbles para muchos
pero al, no deja de existir cierta malicia con la llegada del año 2000. Con este pretexto el direcptor Peter
Hyams hizo su propia versión sobre la posibilidad del fin del mundo uno de estos días.
Basada en las Escrituras sagradas la Iglesia Católica advierte el inevitable nacimiento de una mujer que está
destinada a ser poseída por el Diablo en la medianoche del último día de 1999. Un detective llamado Jericó
(Arnold Schwarzenegger), quien no tiene nada que perder y que, contradictoriamente, parece sólo creer en su
pistola, se encuentra en la lucha entre el bien y el mal y la opción de evitar la catástrofe final.
Con buenas dosis de humor, en medio de los tiroteos y los espeluznantes asesinatos, se plantea la condición
de quienes creen en Dios y en el Diablo y la dualidad moral que enfrentan por ello. Con manifestaciones
similares a películas como El abogado del diablo, protagonizada por Al Pacino, en la cual el infierno se
presenta como algo no tan malo mientras que el bien se da como sinónimo de sumimision ante las
imposiciones religiosas, El día final transcurre con el debate superficial de dichas ideas.
Más allá de la verosimilitud del guión, el cual se sustenta en angustiantes escenas de acción que clavan al
espectador a su silla, El día final padece lo que pasa muchas veces con cintas de este género, y es la
predecibilidad que permite advertir desde los primeros minutos cuál será el final.

Descubrir la identidad de un criminal pone
en peligro la seguridad mundial.

CINE CINEMA, CONvenio entre la embajada de Francia y Cine Colombia, creado con el propósito de difundir
el cine francés en varias ciudades, ha permitido tener contacto con directores poco promovidos en el país. El
primero de los cuatro estrenos que cobija la muestra fue Aire de familia, de Cédric Klapsch, una cinta basada
en un encuentro familiar en el cual la hipocresía ante los seres amados ya no tiene justificación. Pronto
estarán en cartelera Lautrec, de Roger Planchon, una película que recrea la vida del famoso pintor francés Henri
de Toulou- se-Lautrec, y Juana de Arco, de Luc Besson, el mismo director de Azul profundo y el Perfecto
asesino.
Actualmente se está presentando K, de Alexandre Arcady, una historia de intrigas y suspenso sustentada en
la figura de un hombre cuya identidad se desconoce. En el empeño de revelar su verdadera condición está
Sam Bellamy (Patrick Bruel), un joven inspector de policia que se encuentra en una encrucijada, pues teme
que quien ha sido como su padre durante años se vea envuelto en la investigación.
Es así como K está guiada por las pruebas que Sam va adquiriendo y que involucran escenarios como París,
Berlín, Hamburgo y Jerusalen. La búsqueda de pistas y sus consecuencias genera la tensión suficiente para
esperar con ansiedad el desenlace de la cinta. Sinembargo el afan de inmiscuir a los protagonistas en tantos
hechos hace que el guión parezca recargado y se deja entrever una intención de abarcar mucho detrás de la
aparente trama. Por ello el espectador verá alusiones al holocausto nazi a la compra ilegal de arte, a las
luchas politicas propias de la Guerra Fria y hasta el trafico de armas en el conflicto del golfo Persico. Sin
duda K es muy entretenida pero, tal vez, sobran algunos elementos.
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