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| 3/2/2013 8:00:00 AM

El director que desafía al maestro

El excéntrico Paul Thomas Anderson se arriesgó a rodar una cinta sobre la cienciología. El resultado es magistral y el joven director ya es comparado con Stanley Kubrick.

Pocas películas recientes han generado tanta curiosidad como El maestro. No es porque sea protagonizada por grandes estrellas o tenga un presupuesto descomunal. Tampoco tiene celebridades desnudas o efectos especiales novedosos. Ni siquiera es en 3D. La expectativa que ha generado esta película independiente tiene una razón específica: toca uno de los temas más controversiales de los últimos tiempos, la cienciología.

Su director, Paul Thomas Anderson, es un excéntrico cineasta. Cuando tenía 23 años, a principios de los noventa, se inscribió a estudiar Cine en la Universidad de Nueva York. El primer día de clases le pidieron escribir un borrador de una escena, y Anderson decidió entregar un guion escrito por el célebre David Mamet. Al día siguiente recibió una mala calificación y decidió retirarse de la universidad. 

Se dedicó a ver cintas de Jean Renoir, Max Ophüls, François Truffaut y Martin Scorsese y con el dinero que tenía para pagar su matrícula rodó su primer corto, Cigarettes & Coffee, en el que ya mostraba varias de sus obsesiones. Vivió durante un tiempo de la publicidad hasta que, en 1996, rodó su primer largometraje: Sydney. Al año siguiente, sin embargo, vino la cinta que lo dio a conocer, Boogie Nights, sobre la industria del cine pornográfico. El filme se convirtió en una película de culto y le dio su primera nominación al premio Óscar.

Sus dos siguientes cintas también tuvieron mucho éxito. En 1999 estrenó Magnolia, considerada por muchos uno de los mejores retratos de la sociedad de final de siglo. En su siguiente proyecto decidió cambiar de rumbo e hizo una cinta histórica, ubicada a principios de siglo XX, basada en la novela Oil! de Upton Sinclair. La producción, titulada Petróleo sangriento, es, hasta ahora, su mayor éxito: Anderson fue nominado al Óscar como mejor director.

Anderson empezó a ser considerado uno de los mejores directores de su generación y por eso generó tanto revuelo al anunciar que haría su siguiente película sobre la cienciología. 

Inmediatamente se encendieron las alarmas y salieron a flote los casos en los que el poderoso lobby de esa Iglesia logró detener proyectos incómodos. El director, sin embargo, no cedió y rodó en absoluta reserva, para evitar que se filtrara información o que hubiera intentos de boicot. También, para evitar acciones legales, decidió cambiar los nombres de los personajes, aunque las similitudes son evidentes. Tampoco cayó en la tentación de hacer una película contra la cienciología: en vez de ello, reconstruye la forma como nació ese culto.

El maestro cuenta la historia de Freddie Quell, un combatiente de la Segunda Guerra Mundial que regresa a su casa y se encuentra fuera de lugar. Se entrega a los excesos, y en medio de la desesperación, conoce a un predicador, Lancaster Dodd, fundador y profeta de una secta llamada La Causa, quien le ofrece una nueva vida. Pronto Quell se da cuenta de que la fachada amigable de la Iglesia no lo es tanto y que la única manera de redimirse es desafiar a su maestro.

Joaquín Phoenix interpreta a Quell. Se trata de uno de los actores más enigmáticos de los últimos años, quien no actuaba desde 2008, cuando anunció que se retiraría para siempre y que se dedicaría a ser cantante de rap. Pero Anderson lo convenció de que regresara, con bastante éxito: Phoenix acaba de ser nominado a un Óscar como mejor actor principal por su papel en El maestro.

Por su parte, otro de los grandes actores del momento, Philip Seymour Hoffman, interpreta a Dodd. El carismático actor, quien ha trabajado en cinco de las seis películas de Anderson, interpreta a ese falso profeta que es una alegoría del fundador de la cienciología, Ron L. Hubbard. Y, aunque se trata de ficción, la magistral representación de Hoffman —por la que también fue nominado al Óscar—está llena de guiños.

Anderson investigó minuciosamente la creación de la cienciología. Se inspiró en particular en dos fuentes: Dianetics in Limbo, un libro de Helen O´Brien, una de las primeras fieles de ese culto, y Mission into Time, un texto del propio Hubbard. Pero no le interesaba hacer una recreación histórica o documental. Buscaba, por el contrario, mostrar cómo en momentos de desesperanza –como la posguerra– la gente busca la fe en los lugares equivocados. Sin embargo, no es una crítica directa a la cienciología. Si quieres aprender sobre un tema ve un documental. Yo hago ficción”, le dijo hace poco al diario español El País. “La idea de que la cienciología es una secta es ridícula, lo que pasa es que es una religión más nueva, más joven, y la gente piensa que se la puede criticar más fácilmente, lo que es injusto. Yo la defiendo hasta un punto: creo que su sistema de creencias es tan válido y racional como cualquiera otro, continuó.

El maestro es una compleja fábula sobre la religión. Anderson decidió rodarla en 65 milímetros, un formato amplio, –el de clásicos como Lawrence de Arabia, West Side Story y 2001: Odisea del espacio– que hace a las imágenes especialmente intensas. Justamente, su trabajo ha sido comparado por varios críticos, entre ellos el de The Guardian, con Stanley Kubrick, que utilizó ese formato. Y sin duda hay otras similitudes: ambos son directores fuera de serie, que conocen a fondo el lenguaje cinematográfico y hacen una radiografía profunda de su época. 
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