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| 10/6/2012 12:00:00 AM

El doble del diablo

Basada en la biografía del doble de uno de los hijos de Saddam Hussein, esta película es una reflexión sobre los peligros del poder.

Título original: The Devil's Double
Director: Lee Tamahori
Guión: Michael Thomas.
Actores: Dominic Cooper, Ludivine Sagnier, Raad Rawi, Mimoun Oaissa.

El diablo en esta película tiene los ojos desorbitados y una sonrisa estúpida; cuernos y tridentes brillan por su ausencia. Aun así esta emanación del infierno resulta aterradora, gracias a la doble labor del actor Dominic Cooper.

Está basada en la historia real de Latif Yahia, el doble de Uday Hussein, uno de los dos hijos de Saddam Hussein que hacían y deshacían en Irak antes de que la guerra orquestada por los Estados Unidos arrasara con la familia.

Es una película sobre la maldad y el poder. Comienza con un soldado nadando en las aguas del golfo después de la guerra entre Irak e Irán que poco después llega a una lujosa mansión donde lo recibe el diablo de sonrisa tontarrona.

Es un monstruo disfrazado de tonto, un Bugs Bunny sicópata y corto de mecha, que está buscando un doble para sus presentaciones públicas y tiene la fortuna de que el tipo rescatado de las aguas del golfo se parece a él (Cooper los interpreta a los dos). Hay pequeñas diferencias, los dientes pronunciados de Uday y su manera de peinarse, pero todo es fácil de arreglar.

A cambio de aceptar su nuevo papel, Latif recibe acceso a todos los lujos que rodean a Uday: relojes, trajes, automóviles y mujeres en vestido de baño. "Ahora eres mi hermano", le dice. Como incentivo, lo amenazan con enviar a su familia a prisión si se niega.

La entrada a este mundo viene con una advertencia: mantenerse lejos de las mujeres que Uday ha escogido para sí. Lo que sigue es una muestra delirante de los excesos del hijo de Saddam bajo la mirada incrédula del recién llegado. Hay atletas torturados; colegialas recogidas en la calle, emborrachadas y violadas, y novias raptadas el día de su boda.

Hay un humor negro horripilante en todo esto. El retrato de Uday como una criatura repulsiva y escurridiza, al mismo tiempo generosa y egoísta, infantil y todopoderosa, es el centro gravitacional de la película y lo que la hace funcionar.

Es, además, una criatura mezquina obsesionada con el sexo. "Me gustan las mujeres, quiero mujeres, cuando veo una mujer quiero follármela… amo a mi madre, amo a mi padre, pero amo a las mujeres más que a Dios", dice en un momento (esa es la traducción pacata de los subtítulos, en inglés dice cunt en vez de mujer y resulta muchísimo más vulgar e infantil).

En contraste, Latif no es nada llamativo. Frente a los excesos del Uday erotómano y drogadicto, el otro personaje es soso y gris. Eventualmente rompe la regla que le impusieron y se enamora de Sarrab (Ludivine Sagnier), una de sus mujeres, pero incluso el riesgoso romance es poco colorido.

Lo interesante de la película es el contraste entre el poder de este tipo y su inmadurez y entre su mundo cerrado y lo que sucede por fuera. Porque para él solo existen sus caprichos, no importa que paralelo a sus desmanes Irak invada a Kuwait y suceda la primera Guerra del Golfo. La idea es que el poder más que corromper, infantiliza. Y el rostro de Uday con sus rictus y temblores, como un muñeco animado fuera de control, lo muestra a la perfección.
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