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| 5/16/2009 12:00:00 AM

El domingo de la Revolución

El 19 de mayo el Museo de Antioquia inaugura un homenaje a los 50 años de la Revolución Cubana con una particular exposición: la muestra de un archivo desconocido de la época.

Si algo queda de la Revolución Cubana —además, claro, de los diarios y cartas del prolífico Che— es la fotografía. La fotografía épica cubana, como se dio en llamar al conjunto de la obra de los cuatro fotógrafos oficiales que le siguieron los pasos a Fidel Castro después del primero de enero de 1959: Alberto Korda (el ojo que registró la imagen del Che que hoy se ve reproducida y vuelta a reproducir en camisetas y afiches), Osvaldo y Norberto Salas y Liborio Noval y su registro de una Cuba triunfante y luchadora.

Y queda porque desde un principio fue pensado para que así fuera. ¿Cómo más adoctrinar un pueblo cuyos índices de analfabetismo, para ese entonces, era de un 60 por ciento? Con revistas de altísima calidad fotográfica al estilo de Life , que el Che —periodista y fotógrafo aficionado— organizó y llamó "cuerpo del ejército ideológico": las hoy míticas Verde Olivo y Bohemia. Las fotografías que allí se publicaron quedarían para la posteridad y hoy se pueden ver en la Fototeca de La Habana: cientos de miles descansan en un juicioso archivo para hacer honor a la historia. Allí está todo lo que se sabe de los primeros años de la Cuba comunista. Todo, menos la historia de Gilberto Ante, el quinto fotógrafo de la revolución. De su archivo de 25.000 negativos, que se verá por primera vez a partir del 19 de mayo en el Museo de Antioquia, en Cuba no se conocen más de 10 fotografías.

Igual que el destino de su archivo, la vida de Gilberto Ante a duras penas llegó a la luz pública. La suya es la historia del nieto de la matrona de un prostíbulo de Manzanillo que, para emplearse en el oficio más demandado de la época (fotógrafo de matrimonios), cobró una indemnización por la pérdida de dos dedos -que él mismo se cortó-. Un hombre cuya verdadera carrera empezó en 1959, después de conocer a Celia Sánchez, la mujer de Fidel durante más de 25 años, que para entonces reclutaba campesinos a las afueras de Manzanillo; la historia de un hombre que en los 60 estuvo muy cerca del poder, fue un orgulloso protagonista de la Historia, y se regodeó con las mujeres más lindas de La Habana, pero que por giros de la vida -y a causa de su alcoholismo- terminó en una redacción haciendo copias fotográficas de las tiras cómicas de los diarios.

No se sabe por qué su archivo desapareció. Algunos dicen que Ante nunca entregó los negativos al "organismo ideológico" del Che (y tenía buenas razones para no hacerlo), otros que los retiró indignado al verse reducido a técnico. Lo cierto es que su nombre fue borrado y su archivo permaneció en la oscuridad hasta que en el año 2000, a través de un merchante de arte cubano, llegó a manos de Katherine Hernández, una colombiana historiadora del arte que para entonces estudiaba en México. Desde los años 90, uno de los dos hijos de Ante que aún estaban vivos había intentado venderlo fuera de Cuba. Ahora Hernández tiene en comisión las fotografías y por ello se verán expuestas es en Medellín por primera vez en el mundo.

El Domingo de la Revolución es una muestra de 50 fotografías del archivo de Ante -en el que se mezclan las imágenes oficiales de Fidel, el Che y Camilo Cienfuegos-, con otras de mujeres desnudas en cuartos de hotel, un retrato de la cosmonauta Valentina Tereshkova en la peluquería con el casco de un secador de pelo en la cabeza, otra de una mujer pop frente a los cañones de Morro Cabaña y hasta el retrato en Angola de un par de monos en una pose extrañamente similar a la de los soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Un archivo que revela la ingenua mirada de un campesino o la de un bromista pesado, de alguien, como señala Beatriz López, una de las curadoras de la exposición, "que apenas tuvo un medio para expresarse desarrolló un sentido estético".

Pero en todo caso un archivo que, a 50 años de la Revolución, muestra la vida cotidiana durante el cambio de régimen, su otra cara o su faz irónica, sus contradicciones o, como su nombre lo indica, el domingo de la Revolución, el día en que la revolución descansa.
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