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| 4/22/2015 11:00:00 AM

El encanto del Parque Tayrona

A propósito del Día Mundial de la Tierra, homenaje a uno de los secretos mejor guardados de nuestro país.

Quizá cuando García Márquez habló en el primer párrafo de Cien años de soledad de las “piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos” que había en Macondo, a su imaginación llegó un paisaje similar al de las playas del Parque Tayrona.

Pero ese es solo un detalle más de la belleza que ofrece este lugar. En los 150 km² que comprende el parque es difícil encontrar basura, no hay contaminación de ningún tipo ni construcciones, hay apenas los suficientes carros para transportar lo necesario. En cambio, la variedad de aves, de lagartijas, tipos de arena y piedras son innumerables. Las formaciones coralinas, el litoral rocoso, los manglares, las lagunas y las enormes rocas son algunas de las piezas naturales que abundan en este lugar. El Tayrona, pues, conserva bien su hábitat. Por eso, la contemplación de este paisaje cohíbe, abruma.

La adecuada conservación obedece en buena parte al cumplimiento de sus reglas: está prohibido realizar caza, pesca, excavaciones y tala de cualquier índole, hacer fogatas, ruidos o utilizar equipos de sonido que perturben el ambiente natural. 

Y es que la belleza del Tayrona va desde la Sierra Nevada de Santa Marta (la montaña costera más alta del mundo) hasta sus pies (el mar donde las olas de distintos azules rompen contra estos huevos prehistóricos). Miles de especies de flora y fauna se distribuyen en los diferentes pisos térmicos que van desde el nivel del mar hasta alturas de 900 metros.

Son tan variados y extensos los posibles caminos y rincones que hay para visitar, que una semana es tiempo apenas suficiente para conocer. Sin embargo, un solo fin de semana basta para confirmar que este lugar es uno de los más hermosos del país, además de una de las reservas ecológicas más importantes de Sur América. Observación de aves, caminatas a las ruinas antiguas de las tribus Tayrona, o simplemente pasear a lo largo de las diferentes playas que bordean el Parque son actividades imprescindibles.

El Parque Natural fue antes de la conquista un área en la cual los indígenas Tayronas convivieron, dejando evidencias significativas de su paso por esa tierra, como el pueblito Chairama que aún se conserva y se puede visitar. Aún hoy tribus de Arhuacos, Wiwas, Koguis y Kankuamos permanecen en el Parque y cuidan sus tradiciones.

Como en pocos lugares turísticos, el disfrute del parque es democrático: hay planes para todos los gustos, las edades y los bolsillos. Desde camping por 15.000 pesos o hamaca por 30.000, cabañas por 150.000 hasta alojamiento en los Ecohabs, desde 250.000, uno de los hospedajes más exclusivos y auténticos en el país: 14 bungalows ubicados en lo alto de una montaña con vista al mar y al trópico verde de la reserva natural. Fueron construidos en 1986 con madera nativa y altos techos cubiertos de hojas de palma por el arquitecto Fernando Samper Salazar. El diseño se inspiró en las tribus antiguas que habitaban el lugar.

El Parque Tayrona tiene capacidad de recibir hasta 6.900 personas al día, una cifra que parece alta pero que, si se busca intimidad, se puede evadir.

Sin lugar a dudas, visitar este trópico seco es una forma de enamorarse de la naturaleza, de hacer propio lo que el país nos ofrece y de descansar de la forma más integral.

Para más información ingrese aquí y aquí.
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