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| 8/1/2004 12:00:00 AM

El encanto de lo simple

Hoy en día se hace televisión con las mismas características de 1955, cuando todo era en vivo, sin cortes para repetición. Ese es quizá el encanto de los 'realities'.

Parece que en algún momento todo tiende a volver a su origen. Desde la aparición de la televisión hace 50 años, cuando los dramatizados o teleteatro y la publicidad se hacían en vivo, el proceso de elaboración de la industria ha llegado muy lejos. Es toda una fábrica de resultados en el que cada elemento es necesario: libretos, casting, actores, actrices, tecnología, una y otra repetición de la misma escena hasta lograr lo que se espera.

Quizás tanta elaboración para llegar a hacer de la televisión una obra de arte o un producto acabado es lo que ha cansado a la televidencia, a la que se le ha despertado un encanto grandísimo por los realities. Se ha regresado a la improvisación, a las equivocaciones frente a la cámara, a la espontaneidad, a lo que no es planeado y preparado. Esa simplicidad de los realities, sin libretos ni ensayos, ha generado atracción en todas las edades.

 El primer programa que hizo Pacheco fue Agencia de artistas, al que se invitaba gente que quería ser artista. Pacheco se burlaba de los 'consagrados', que cantaban y tocaban bien, y halagaba a los 'desastrosos', que ni quiera afinaban. Este fue un ejemplo, en la década de los 50, del inicio de la televisión en el país. Ese primer experimento no es otra cosa que el exitoso reality American Idol, el programa estrella de la televisión norteamericana que cambió los estándares de la producción musical en Estados Unidos, puesto que ya no está en manos de los productores discográficos fabricar estrellas sino de la audiencia anónima.

 Así se está regresando al principio. Se destapa quizás la saturación de la gente por el maquillaje y lo demasiado retocado, se pasa de la televisión elaborada y reelaborada a la televisión de 1955, cuando todo era en vivo y en directo y la cámara mostraba que los protagonistas se caían, se equivocaban y eran imperfectos. Como las modas, todo regresa a su inicio.
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