Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/08/22 00:00

EL ESCRIBIDOR EROTICO

En medio de su campaña presidencial, Mario Vargas Llosa acaba de publicar su primera novela erótica.

EL ESCRIBIDOR EROTICO

Que nadie se sorprenda con el erotismo, la sexualidad explícita y la excitación que se sienten en las páginas de "Elogio de la Madrastra", la nueva novela de mario Vargas Llosa que ha publicado en la colección adecuada: " La sonrisa vertical", dedicada por Tusquets a rescatar, defender y promover uno de los géneros más desprestigiados de todos los tiempos, esa literatura erótica clásica y contemporánea, en la cual y bajo la guía de un erotómano exquisito como el español Luis García Berlanga, los autores se sienten deshinibidos del todo para darle rienda suelta a sus fantasías y experiencias en este campo, que todavía sigue siendo mirado con suspicacia y recelos.
Que nadie se sorprenda con este Vargas Llosa erótico, porque en sus libros anteriores ya asomaban sus deseos, sus intenciones y sobre todo el espléndido humor con el cual observa todo ese proceso delicioso de la conquista, la seducción, la cópula y el abandono, en medio de los escenarios más delirantes y salvajes. Los seguidores del escritor peruano (¿futuro presidente de su país?), ya habían observado estas inclinaciones: en "La ciudad y los perros" (el episodio de la frustrada seducción de la sirvienta en la casa de Alberto, cuando le dan a beber una gaseosa que tiene un estimulante, y más tarde las sesiones masturbatorias del Jaguar y sus seguidores), en "Conversación en la Catedral" (ese juego terrible de espejos y mentiras mientras las dos mujeres, la una muy blanca y la otra muy morena, retozan en la cama, ante la mirada cínica y aburrida de Cayo Bermúdez -pervertido y matón-, o las escenas sutiles que hablan de las relaciones homosexuales del padre de Zavalita con su chofer, el zambo Ambrosio, en circunstancias ridículas y penosas), en "Pantaleón y las visitadoras" (con las relaciones de ese oficial que se va degradando en el calor de la selva, excitado por la presencia sudorosa y cálida de las mujeres que llegan a aliviar los apuros de los soldados), en "La Casa Verde" (con las relaciones de indias y colonos prohibidas por las monjas y apuradas por el ambiente sofocante en que se mueven y agonizan los personajes), en "La tía Julia y el escribidor" (con esos amores vetados e incestuosos de los dos parientes, con el apuro del muchacho que descubre el sexo y la mujer madura que lo inicia). En esos y otros libros, así como en algunos ensayos periodísticos sobre autores eróticos como Mirabeau, Balzac, Isak Dinesen, Michelet, Schwob, Lope de Rueda y otros escritores de quienes, evidentemente, Vargas Llosa aprendió lo suficiente. En esos temas y esas, circunstancias es fácil detectar el interés del peruano por lo erótico. Por eso nadie debe sorprenderse con la escritura y aparición de esta novela que apenas tiene 200 páginas.
Algunos críticos y lectores se han sentido decepcionados con los últimos libros de Vargas Llosa. Quizás echan de menos lo fragoroso, lo monumental de sus primeras novelas, cuando la teoría de la narrativa-río lo obligaba a desplegar páginas y páginas con personajes, historias, laberintos emocionales y físicos que mostraban el dominio absoluto de un hombre que conoce como pocos su oficio en Latinoamérica, continente donde la literatura erótica es muy popular. Este es un libro decantado, escrito con enorme economía de medios, con un lenguaje limpio, cuidadoso, que más parece obra de un computador que de un escritor apurado porque las palabras no le salen (aunque el autor ha declarado que ésta es una de las novelas que más trabajo le ha causado: "La he trabajado con mucho cariño y sudando la gota gorda en cada frase, además de revisar su estructura muchas veces").
Leyendo este libro, la antigua polémica sobre erotismo y pornografía regresa a su sitio. Erótico es un Henry Miller describiendo sus conflictos sexuales con las mujeres tristes y solitarias de París, mientras espera un dinero que debe llegarle siempre demasiado tarde. Erótica es una Anais Nin abriendo su corazón y su cuerpo a los lectores que se sorprenden ante una carga de sinceridad tan brutal. Erótica es una Marguerite Duras contando el momento en que descubrió los placeres más solitarios y compartidos. Erótico es un Nabokov acariciando el cuerpo tenso de Lolita, mientras la madre los observa desde el jardin. En cambio, pornógrafos o sea, escribiendo sobre el sexo por simple afán comercial, para que sus libros se vendan, sin el menor asomo de calidad literaria, sin el menor sentido de los estético o lo social o lo síquico, buscando la sola excitación del lector, pueden ser Harold Robins y Jacqueline Susann, y también el Charles Bukovski de los últimos años, maleado por el éxito y convencido, equivocadamente, que en sus novelas iniciales lo más valioso era el ayuntamiento de los personajes, cuando el lector lo que buscaba era la descripción de ese mundo sórdido que le tocó vivir a quien iba dando tumbos de bar en bar, perdido para el mundo y rescatado sólo por su convicción de que era un excelente narrador.
Por eso la nueva novela de Vargas Llosa se inscribe en lo erótico y no en lo pornográfico, porque más allá de las descripciones explícitas de genitales en sudorosos y largos combates, lo más hermoso y valioso, lo que el lector recordará después de pasadas la sorpresa y la excitación iniciales, será la forma casi matemática, exacta, elegante y cerrada como el peruano construye su nuevo universo. Un universo dominado por el triángulo conformado por los protagonistas: la madrastra Lucrecia, el padre, Rigoberto, y el hijo, Fonchito, unidos por la forma como observan el mundo, la vida misma, el amor, el desarraigo y la curiosidad ante el espectáculo de un sexo ejercido con alegría, mente sana y cuerpos vigorosos. Por supuesto, al acechar estos personajes, el lector irá identificándose con sus temores mientras el autor los toma como referencias para un análisis más detenido sobre los elementos eróticos, que caben en pinturas famosas y que el lenguaje del libro es capaz de recrear de nuevo, más frescas, más tangibles.
Quienes conozcan bien a Vargas Llosa irán descubriendo a través de los distintos pasajes del libro, los fantasmas, las obsesiones, los autores favoritos, las películas, los fragmentos de sus propios libros. También están los recuerdos de su niñez, las mujeres que han pasado por su vida, los libros, los viajes y también, su interés por esa pintura erótica, fresca, llena de carnes rosadas y tibias, con mujeres que nunca envejecerán, que jamas conocerán el tedio ni las arrugas. Mujeres que son inspiracion para un Vargas Llosa que es capaz de abrirle los ojos del erotismo a un lector supuestamente inocente.

"EL EROTISMO EN LA LITERATURA DEBE SURGIR ESPONTANEAMENTE" Convertido en una superestrella y una trasnacional de la Literatura, Mario Vargas Llosa viene apareciendo en numerosos periódicos y revistas del mundo a propósito de su nuevo libro, "Elogio de la Madrastra". A continuación, SEMANA presenta apartes de una entrevista concedida por Vargas Llosa en Francia, con motivo de la publicación de su última novela.

Pregunta: ¿Por qué la novela está dedicada a Luis Carcía Berlanga?
VARGAS LLOSA: Porque somos muy amigos, porque lo quiero y admiro mucho, porque es el director de ese invento formidable que es la colección erótica "La sonrisa vertical" y porque es de los escritores en el mundo que más ha peleado por defender el derecho que tienen los autores eróticos, de tener libre acceso a un mercado donde sus obras son miradas en ocasiones con prevención.

P.: ¿Hasta qué punto lo erótico es importante para su vida personal y profesional?
V.LL.: Lo erótico es importante para cualquiera de una forma u otra. Es una manifestación de sensibilidad y vida, es una manera de prolongarse en la vida de los demás, es una forma de conocernos mejor a nosotros mismos. Para que el sexo cumpla sus funciones debe contar con cierta sensibilidad erótica porque, de otra forma, como ocurre con la mayoría de los libros eróticos que conozco, todo se reduce al aspecto físico que es el importante pero no lo clave en este campo de las relaciones humanas. Por eso, esas supuestas historias eróticas se repiten, intentan llamar la atención del lector con descripciones fatigantes y aburridas, con descripciones que carecen de cualquier asomo de imaginación y sensibilidad. Por eso siempre he creído que la llamada literatura erótica no puede ser sólo eso, erótica. Tiene que trascender hacia otros aspectos de la vida del ser humano, tiene que abarcar más elementos, ser más universal para no correr el riesgo de ser relegada inmediatamente.
Por eso quienes lean a Sade, Diderot o Mirabeau encontrarán que estos autores no redujeron sus historias a simples descripciones de copulaciones, no, ellos fueron capaces de expresar teorias que actualmente siguen vigentes, teorias sobre la libertad humana, sobre las luchas sociales, sobre los sueños de los hombres. Y en ese sentido, aunque algunos piensen que exagero, esos escritores eróticos también fueron revolucionarios, se adelantaron a su época con los conceptos que emitían.
P.: ¿Cuál es la clave de la literatura erótica, dónde reside su mérito principal?
V.LL.: El erotismo en la literatura debe surgir espontáneamente, no debe ser fabricado, utilizado a la fuerza dentro de un texto. Debe surgir por generación natural, provenir de los personajes y las circunstancias, no debe asaltar al lector, debe invitarlo dentro de un proceso cálido, muy humano, lleno de emociones y con lo erótico me ocurre lo mismo que con otros géneros, siempre prefiero la sorpresa, que el autor no me haga guiño, que no me anuncie lo que viene, que no me ponga pistas simplemente que la situación se alimente a ella misma y surja en medio de una página. Al azar.
P.: ¿Existe un lector ideal para esta literatura erótica?
V.LL.: El lector ideal nunca existe, pero a grandes rasgos, el que mejor aprecia este género es aquel que a través de la comida, la pintura, el cine, los libros, el paisaje, es capaz de crearse fantasías tan emocionantes como ante el cuerpo de una mujer.
P.: ¿El erotismo actual es igual al de antes?
V.LL.: El de antes era más transgresor, más revulsivo, más inflamable yen cambio ahora, con el relajamiento de las costumbres y la desaparición de los tabúes, sin censura, sin condena social, el erotismo es más permitido pero también es más pobre. Es más vulgar y una de sus peores manifestaciones está en el cine porno o las revistas para hombres morbosos.

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