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| 10/6/1986 12:00:00 AM

EL ESCULTOR PUBLICO

A los 88 años, tras una obra gigante, murió Henry Moore, el Picasso de la escultura

Desde hacía dos años nada se había vuelto a saber de Henry Moore, pero ese silencio no sorprendió a nadie. Hombre sobrio que detestaba los privilegios y los protocolos (rechazó el grado de caballero porque "se me puede arruinar el día si oigo que me llaman sir Henry), el escultor ingles se habia retirado a esperar su muerte sentado en una silla de ruedas y atacado por la artritis y la diabetes. Y la muerte le llegó, a los 88 años, el pasado 31 de agosto. Con esa noticia su nombre volvió a los titulares de prensa y por ella se fue a quien se le consideró el escultor contemporáneo más importante del mundo.

Como todo talento que hace época, Moore tuvo al comienzo de su trabajo de escultor toda suerte de críticas.
Cuando presentó su primera obra en 1931, la calificaron de "descaro", la llamaron "basura" y el director de la célebre galería Tate, de Londres, dijo entonces que Moore "entrará a exponer aquí por encima de mi cadáver".
Y entró, no sólo a esa galería sino a todas las más importantes del mundo y sus esculturas se tomaron parques y otros lugares públicos.

Para muchos expertos, el lugar de privilegio de la escultura estaba desierto desde la muerte de Augusto Rodin en 1917. Quien lo ocupó fue Moore por la dimensión que le dio a su obra. "Viendo pintores como Cezanne y escultores como los africanos, comprendió que la escultura podía--o tenía--que ir más allá de las simples estatuas de los clásicos griegos", dijo de él la semana pasada un crítico londinense. Y su escultura fue más allá. De ese más allá Moore se sintió siempre orgulloso por el acceso físico que las personas tenían a sus trabajos. En su última aparición en público, en 1984, en una exposición de sus obras le dijo a un espectador que tocara tranquilo la escultura:
"Eso no se daña. Es de piedra".

Fue en piedra, en bronce y en "hueco" donde Moore fabricó su obra. Alguna vez, para definir el origen de su vocación, dijo que trabajaba sobre los recuerdos de la niñez que transcurrió en las minas de carbón de Yorkshire y sobre las sensaciones que le habían producido los masajes que le daba en la espalda a su madre reumática. "Los huecos me recordaban paisajes. El primer hueco que hice a través de una pieza de piedra, fue toda una revélación porque un hueco puede por sí mismo tener tanto significado como una masa sólida", dijo en alguna ocasión. Y los huecos se volvieron "tan característicos en su obra, como los ojos en la de Picasso", opinó a raíz de su muerte el director del Museo de Arte Moderno de París.

Las obras de Moore, en varios museos, en algunas colecciones privadas y en muchos espacios públicos, se cotizaron a precios que jamás alcanzaron otros escultores vivos. Pero su fortuna no se puede calcular porque los dineros fueron a parar desde hace años a una fundación para ayudar a artistas jóvenes. Lo que sí se puede calcular es que la fuerza creadora de Moore permanecerá en el arte por haber cambiado conceptos y señalado otros caminos. --
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