Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1985/06/17 00:00

EL ESPACIO DEL MIEDO

15 paisajes urbanos del pintor español Juan Genovés en la Galería Quintana

EL ESPACIO DEL MIEDO

Seis días duró incomunicado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad en Madrid. El día anterior a su detención, la policía irrumpió en la imprenta, incautó matrices y carteles, detuvo a los operarios que se encontraban en el taller. Sin embargo, la imagen que febrilmente se estaba multiplicando a través de la impresión, era del todo inocente: un grupo de personas de la calle imbricadas en un abrazo emocionado. A nadie podía vérsele el rostro: sólo cabezas, espaldas, gabardinas, chaquetas y zapatos en un gran apretón y encuentro colectivo. El cuadro original, todo en blanco y negro, se llamaba precisamente así: "El abrazo". Después, la conciencia popular le dio otro nombre: "Amnistía". Y, finalmente, pasó a ser el cuadro de la década, "el símbolo plástico más conocido de la transición española", como se dijo después.
El periodista Juan Cruz, de El País, afirmaba entonces: "El abrazo" es el símbolo de nuestro paso a la democracia y el ferviente anhelo de la definitiva reconciliación entre las que Antonio Machado denominó "Las dos Españas". En efecto, la Junta Democrática utilizó "El abrazo" para exigir al gobierno de Carlos Arias Navarro la salida de los presos políticos, en la España de 1976. Amnesty International, en Londres, tambien lo adoptó para sus carteles en todo el mundo. En ese mismo año el cuadro fue expuesto en Zurich y después pasó a la Galería Marlborough de Nueva York. Cuatro años más tarde, el Ministerio de Cultura lo adquiría allí, con destino al Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Como el "Guernika" de Picasso, se consideraba que "El abrazo" hacía parte del patrimonio cultural e histórico del pueblo español. Había que repatriarlo.
El pintor de "El abrazo" se llama Juan Genovés, reconocido como uno de los grandes maestros del arte español actual. Hace trece años, todavía en vida de Franco, el Museo de Arte Moderno de Bogotá le organizó una muestra individual, y participó también en la 11 Bienal de Coltejer, en Medellin, donde obtuvo premio. Ahora, la Galeria Quintana de Bogotá acaba de traer 15 grandes telas suyas, todas de su nueva serie "Paisaje urbano" (1983-84). Si antes fue el pintor de la represión, ahora lo es de la desolación: calles vacias de la ciudad, calles del centro con sus grandes edificios y sin gente, como se pueden ver en un atardecer de domingo. Calles sombrias y húmedas, papeles dispersos sobre el pavimento, a veces iluminadas por un tenue color. Calles en negro y blanco, como sacadas del papel periódico, e incluso con el grano de la impresión tipográfica, que él logra añadiendo arena fina al óleo y al acrilico.
En esas calles de soledad, presencias extrañas e invisibles. O reales, a veces, pero despojadas de toda identidad. El miedo, en términos plasticos, como él mismo ha dicho: "Sí, he querido crear en mis cuadros una especie de espacio del miedo. Yo representaba al hombre con su angustia y con su lucha y con su crispación, pero lo situaba en un espacio que no era nada, y era allí donde estaba, de lleno, el miedo". Eso son sus paisajes urbanos.
El blanco y negro de sus cuadros no es fortuito, lo lleva en las manos, puesto que su primer oficio fue de carbonero: "Después de la guerra, como no podían hacer otra cosa, mis padres pusieron una carboneria y yo estuve repartiendo carbón. A veces aprovechaba para pintar con carbón en las paredes, lo que me hizo ser muy conocido en el barrio". Sus antepasados, allá en Valencia, donde nació hace 55 años, eran picapedreros y judíos. Su abuelo trabajaba como aserrador, y su padre era obrero en una fábrica de muebles. El abuelo era, además, el número cinco del Partido Socialista, amigo de Pablo Iglesias. La guerra civil lo afectó profundamente: "Cuando empezó, yo tenía seis años, y las primeras imágenes que recuerdo son las de un fusilamiento enfrente de mi casa. Esa noche, al principio de la guerra, los tiros iban desde el campo de fútbol de Mestalla, donde estaban los republicanos, hasta el otro lado, donde estaban los militares sublevados. Y yo estaba con mis padres, en un barrio llamado "el barrio obrero", en medio del tiroteo".
Algo de esta atmósfera quedó en sus cuadros.
¿Su pintura? "En mis cuadros, quizá, hay un tema, pero, para mí, lo que hago es abstracto, porque cuando dibujo hago ángulos, sombras, y es ahí donde está mi trabajo de hormiga (...) En realidad, lo más importante de la pintura es lo que se hace con el lápiz, lo que está en las texturas y en las materias. En cuanto al tema de mi pintura, yo creo que es el mundo enajenado y perseguido, en soledad, porque en el fondo el hombre es solo. Si el hombre se junta y se une es para conseguir algo. El hombre de verdad es el hombre solo, no abandonado, y también abandonado. El hombre es uno a uno, porque somos uno, claro ".
¿Cómo acercarse a la exposición de Genovés? Ahí está su famosa definición: "Yo veo la obra de arte como una máquina de pensar". Con pintura se ganan pocas batallas, él lo sabe, pero ahí está su testimonio, pensado para los demás: "Yo no hago pintura para mí, mi pintura no es intimista; yo siento una preocupación tremenda por el espectador". Es gratificante ver sus cuadros, y un logro el que la Galería Quintana haya podido traerlos.

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