Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/03/30 00:00

EL ESPEJO DE GALINA

La legendaria Galina Vishnievskaya es la única estrella del bel canto que ha visto su vida convertida en ópera.

EL ESPEJO DE GALINA

La ópera de Lyon acaba de servir de escenario para el estreno mundial de Galina, la última ópera del compositor ya octogenario Marcel Landowsky. Como cualquier estreno que se respete, tirios y troyanos no consiguen ponerse de acuerdo, porque para una fracción de los asistentes fue un éxito por fuera de cualquier sombra de dudas, en tanto que otra la vio con menos entusiasmo. Uno de los espectadores no pudo confesar si el espectáculo le había satisfecho, o por el contrario le había desagradado: la soprano Galina Vishnievskaya. Sencillamente sintió una especie de shock cuando al final se vio a sí misma cantando la escena de la despedida del teatro Bolshoi de Moscú. Hasta la fecha, ninguna de las grandes estrellas del bel canto se había dado el lujo de ver con sus propios ojos su vida convertida en ópera.
Galina sí, y eso tiene sentido. Porque Vishnievskaya, de 72 años, consiguió construir una de las carreras más sólidas y deslumbrantes de este siglo como la más grande cantante de la Unión Soviética y prima donna de la Opera Bolshoi de Moscú, incursionando con idéntico éxito en el repertorio ruso y occidental, a más de ser la dedicataria de obras de compositores de la talla de Prokofiev y Shostakovich. Además es la esposa del gran chelista Mstislav Rostropovich, quien en innumerables oportunidades ha sido su acompañante, obviamente como chelista y también como pianista y director de orquesta. Por encima de estas consideraciones, Vishnievskaya ha sido protagonista de una vida excepcional: cruzó a pie en invierno el golfo de Finlandia cuando era apenas una niña, adolescente conservó ocultos cadáveres de sus familiares durante la guerra para continuar utilizando los bonos de racionamiento. Convertida en una celebridad conoció de cerca los desmanes del poder de la burocracia soviética, que en medio de pavorosas borracheras obligaban a venir en plena madrugada a las estrellas del canto y el ballet para animar las fiestas.
En el 78 Rostropovich y Vishnievskaya, luego de padecer atroces persecuciones, emigraron a Occidente. Seis años después Vishnievskaya, sin pelos en la lengua, publicó Galina, su autobiografía, que inmediatamente se convirtió en un documento de excepción para adentrarse en el conocimiento del mundo cultural de su país, del que en más de un caso no quedó títere con cabeza. Sobre este testimonio escribió Landowsky su ópera, que hoy por hoy es el más publicitado platillo de la temporada lírica europea: "Hacia el final tuve que contenerme y taparme la boca para no gritar, me sentía derrumbada, era como ver mi vida desde el otro mundo, una de las experiencias más devastadoras de mi vida".

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