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| 5/12/1997 12:00:00 AM

EL FANATICO

En una historia más bien débil, Robert de Niro confirma su talento para interpretar sicópatas.

Director: Tony Scott
Protagonistas: Robert de Niro, Wesley Snipes, John Leguízamo y Ellen Barkin
Quizás uno de los personajes que más ha calado en la imaginación de los seguidores de Robert de Niro es el que protagonizó en la película Cabo de miedo, de Martin Scorsese, en la cual De Niro hacía el papel de un sicópata dispuesto a hacerle la vida imposible al abogado que, violando la ley, permitió que lo condenaran a prisión por varios años.
El prestigioso actor, considerado como uno de los más serios intérpretes de Hollywood, recupera en El fanático algunas de las facetas de su personaje de antaño para protagonizar ahora a un mediocre vendedor de cuchillos que ve en su afición al béisbol la válvula de escape a sus propias frustraciones personales. El tema, por sí solo, no tiene mucho de ficción. En Estados Unidos no son pocos los deportistas y estrellas del espectáculo que han tenido que lidiar con verdaderos enfermos mentales que, impedidos para hacer realidad sus propios sueños, crean alrededor de sus ídolos atmósferas escalofriantes.
Dirigida por Tony Scott, El fanático es la historia de un hombre que hace hasta lo imposible por ganar los favores de su estrella preferida de las grandes ligas, un bateador en mala racha (Wesley Snipes) que no alcanza a imaginar los extremos patológicos que puede generar la fidelidad de su mayor fanático.
Aunque De Niro confirma con su actuación que es un experto en este tipo de papeles, el director comete el error de descargar todo el peso de la cinta en la interpretación del actor, descuidando una historia con un buen argumento pero con una débil y efectista resolución dramática. Quizás hizo falta un guión como el de Taxi Driver para gozar de un De Niro en su máximo esplendor antes de verlo esforzándose en todo momento por mantener la tensión en una película que, al fin y al cabo, no ofrecía mayores posibilidades.
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