Martes, 17 de enero de 2017

| 2001/08/13 00:00

El filo de la navaja

En el país se exhibe la película ‘13 días’, un dramático recuento de la crisis de los misiles cubanos. ¿Qué tan heroico fue el presidente John F. Kennedy? Los expertos aún no se ponen de acuerdo.

El filo de la navaja

En 1962 el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear. Todo comenzó (según la historia oficial) cuando un avión espía U2 que sobrevolaba Cuba descubrió el emplazamiento de misiles de mediano alcance que ponían en peligro inminente a todas las grandes y medianas ciudades de Estados Unidos, salvo Seattle. El 16 de octubre George Mc Bundy, asesor de Seguridad Nacional, le mostró al presidente Kennedy las fotografías aéreas que tomó el avión espía, que contradecían las aseveraciones del gobierno soviético, que en los meses anteriores le había asegurado a Kennedy que no tenía intenciones de instalar armas nucleares en Cuba. En los días siguientes se desató en la Casa Blanca una verdadera guerra de nervios entre quienes presionaban un ataque aéreo a las bases antes de que los misiles fueran operativos y una posterior invasión a Cuba y quienes se oponían a una medida de fuerza que pudiera desembocar en una represalia soviética en Berlín y el consiguiente desencadenamiento de un holocausto nuclear.

Durante 13 días el tira y afloje entre Estados Unidos y la Unión Soviética en diversos escenarios (en las Naciones Unidas y a través de los conductos diplomáticos oficiales, pero también con algunos contactos informales secretos que los Kennedy tenían con los soviéticos) tuvieron al mundo en vilo, en especial a partir del 22 de octubre, cuando el presidente le anunció a la opinión pública la existencia de los misiles en Cuba. En pocas horas la gente desocupó los supermercados y en las iglesias se veían largas colas de personas que querían estar confesadas cuando se iniciara el ataque.

Mientras tanto el mando militar de Estados Unidos puso en alerta máxima a la armada, la infantería y la aviación, que estaba lista para responder en cualquier momento un posible ataque soviético. Para fortuna de la humanidad la crisis se resolvió, al menos a los ojos del mundo, tras una sorprendente e intrépida combinación de fuerza y diplomacia.

Casi 40 años después de aquel episodio, y con base en documentos e información desclasificada que salió a la luz pública en la segunda mitad de la década de los 90, el director Roger Donaldson intentó reconstruir de manera dramática las tensiones que se vivieron en la Casa Blanca durante la crisis. Más que el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética la película gira alrededor de las tensiones entre el presidente John F. Kennedy (interpretado por Bruce Greenwood), su hermano Robert (Steven Culp), varios de sus asesores, diversos secretarios de Estado y los altos mandos militares. “La película realmente es acerca de todas las intrigas y las tensiones, la lucha de poderes y las agendas personales que se desarrollaron tras bastidores en la Casa Blanca”, señala Donaldson.

El protagonista, sin embargo, no es el presidente Kennedy sino su asesor Kevin O’Donnell (interpretado por Kevin Costner), quien tuvo un punto de vista absoluto de la crisis. “O’Donnell fue uno de los asesores más confiables de Kennedy y como vehículo creativo fue la persona perfecta para llevarnos a través de esos momentos trascendentales en la historia”, explica el guionista David Self. “El filme ofrece un lado de los Kennedy que raramente se muestra. Esta no es una nostalgia patriotera. Es una historia que los presenta desde un punto de vista humano, desde la perspectiva de las decisiones que tuvieron que elegir durante la crisis”.

Como lo manifestó el historiador y asesor especial de Kennedy Arthur Schlesinger en su libro Mil días, “fue aquella mezcla de dureza y contención, de voluntades, temple y sabiduría, tan brillantemente controlados, tan incomparablemente calibrados, lo que deslumbró al mundo. Los 13 días enseñaron al mundo —también a la Unión Soviética— un sentido de la resolución y la responsabilidad norteamericanas en el uso del poder”.

Sin embargo no todo el mundo está de acuerdo con esa visión idílica y épica de los Kennedy. De acuerdo con el periodista Seymour M. Hersh, ganador del Premio Pulitzer en 1970 y autor del libro La cara oculta de J.F. Kennedy (Planeta, 1997), “una ingente variedad de pruebas ha revelado que gran parte de lo que dijo la administración Kennedy en su momento, en público o en privado, no era cierto. El engaño principal —que continúa distorsionando la historia de estos 13 días— fue la absoluta determinación de Jack y Bob Kennedy de ocultar su campaña de asesinar a Fidel Castro y destruir su régimen”.

En efecto, de esto no se dice ni una sola palabra en la película. Por el contrario, todo el tiempo se da a entender que Kennedy y su hermano no querían invadir a Cuba a pesar de las presiones de los generales y algunos asesores guerreristas.

La conclusión de Hersh acerca de la crisis, por el contrario, deja muy mal parados a John y Robert. “Las mentiras de Kennedy sobre su vida privada y la corrupción de la elección presidencial de 1960 palidecen ante el falso legado que él y su hermano inventaron en los días y semanas posteriores a la crisis de los misiles. Kennedy puso al mundo al borde de una guerra nuclear para obtener una victoria política: humillar al adversario (Castro) que lo había humillado (en Bahía Cochinos). Pero a la nación se le diría —y ella lo creería— que el valeroso y joven presidente había ganado la guerra de los misiles desde una posición de fuerza. Las enseñanzas supuestamente extraídas de esta crisis atormentarían a los gobernantes norteamericanos durante las negociaciones de paz en Vietnam y habrían de hacer aún más difíciles para los presidentes Lyndon Johnson y Richard Nixon la aceptación de una transacción, en caso de que hubieran querido hacerla, con lo que se perpetuó una contienda bélica que acabó con la vida de miles de norteamericanos y millones de asiáticos”.

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