Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 1982/09/20 00:00

EL FIN DEL "BUNKER"

Después de 46 años de periodismo combativo, "El Siglo" ingresa a la era del off-set

EL FIN DEL "BUNKER"

El más ortodoxo diario conservador, "El Siglo", entrará en breve y con retardo frente a sus competidores, en la era del off-set.
El viejo horno que cocina, a 720 grados farhenheit, probablemente los más incisivos editoriales de la prensa nacional, se apagará en unos dos meses. Con él se irán también el olor a plomo ardiente, los lingotes y los pesados clisés de las fotografías y las ilustraciones. Será el entierro del sistema caliente. La nueva rotativa importada de Francia reemplazará a la vieja Goss y se instalará en una moderna sede que pondrá punto aparte al bunker que en los últimos 35 años sirvió de trinchera al partido de Caro.
De típica arquitectura militar, los tres pisos del edificio actual fueron diseñados por el propio Laureano Gómez quien ordenó cimientos para sostener una estructura de ocho pisos que nunca se llegó a ensanchar. En lo físico, la edificación en la calle lateral del antiguo Colegio de la Merced fue la respuesta defensiva, primero a las reiteradas embestidas de los beligerantes liberales, y después al incendio y la destrucción total en la revuelta popular del 9 de abril de 1948. Para entonces, "El Siglo" ya contabilizaba 12 años de vida.
Fundado en 1936 por Laureano Gómez y José de la Vega, el que desde entonces se ha llamado parroquialmente "diario de la Capuchina" surgió como el más temible órgano de oposición contra los gobiernos liberales. Tiene dos cierres en su historia de casi medio siglo: el primero en 1944 a raíz del intento de golpe contra la segunda administración de Alfonso López Pumarejo, y el segundo bajo el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla en 1953.
Hace siete años comenzó lo que puede considerarse la segunda etapa del diario, bajo la dirección de Alvaro Gómez Hurtado, quien esporádicamente ya la había ejercido en otras ocasiones. Igualmente consistente en materia ideológica pero más moderado que en etapas anteriores, "El Siglo" se ha convertido -aun para sus detractores políticos- en un excelente periódico.
El aporte en dinero y en dinámica corrió por cuenta de los propietarios que, según el registro a la Cámara de Comercio de Bogotá, está conformada por las siguientes personas y sociedades con su respectivo aporte de capital que totalizado da $ 1.581.462: Alvaro H. Caicedo ($ 302.000), Hilda de Caicedo Lourido ($ 358.000), Caicedo González y Compañía ($ 215.696), Caicedo Lourido y Compañía ($ 370.000), Compañía Editores Occidente Ltda. ($ 200.000), Corporación de Inversiones Colombianas ($ 134.716), Sáenz y Sáenz de Betsalión ($ 60.000).
De hecho, las 16 páginas de "El Siglo" son, paradójicamente las que más se asimilan a un moderno concepto de periodismo escrito para diario. Con un sistema de impresión en desuso hasta en los más pequeños diarios de provincia, un equipo de redactores de planta que no supera a los 20 periodistas, con una elevada cuota de mujeres, y restringidos recursos técnicos y financieros, este diario que se autodenomina "la otra opinión de los colombianos" se prepara ahora, para una nueva etapa.
"Hace dos años empezamos el desmonte del viejo concepto que fue a la par con una reestructuración económica de la empresa" comentó Juan Diego Jaramillo, subdirector, editorialista y eminencia gris del diario conservador.
Fue entonces cuando empezó a quedar atrás la etapa en que "El Siglo" pagaba la mitad de los salarios en mística y la otra mitad en efectivo. Esa combinación que expresaba también una debilidad financiera sirvió, según Jaramillo, para cohesionar un equipo de gente joven, con ganas de hacer periodismo a la manera de Alvaro Gómez y Rafael Bermúdez, el veterano jefe de redacción que lleva 40 años en el oficio.
Podría decirse que un periodista de "El Siglo" tiene una formación más integral que la que puede ofrecer otro diario más tecnificado. El que cada quien, por ejemplo, diagrame su propio artículo tiene que ver directamente con la agilidad reconocida en la presentación del diario. Habitualmente la primera plana lleva el toque personal de Gómez Hurtado cuyo estilo se extiende a lo largo de las otras 15.
Pero no sólo en lo formal "El Siglo" contabiliza puntos por encima de sus poderosos competidores. Allí hay reglas de oro inquebrantables que rompen cualquier esquema en el anquilosado medio de la prensa: nunca se cubren ruedas de prensa porque "para eso sólo se requiere un mensajero con grabadora". Las "chivas" son el producto de trabajos propios, más concienzudos y, a veces, de lectura entre líneas de mamotréticos informes, que periodistas de otros medios apenas reseñan sirviéndose de boletines.
La unidad investigativa no está conformada por un cuerpo de redactores estable. "Se monta y se desmonta de acuerdo al tema". Los "free-lance" constituyen una redacción alterna que obvia la incapacidad de asimilación permanente de una planta grande y enriquece la sección de crónicas e investigaciones
Las páginas editoriales desde el irreverente y lineal "mono" de Timoteo (Hugo Barti) hasta la variada gama de columnistas es coordinada -caso excepcional- por una joven abogada rosarista, María Isabel Rueda, de quien dicen que es tan ducha para ver cine como para ver el transcurrir del acontecer mundial.
La sección internacional, sin duda, la más completa y analítica de todas cuantas se publican en los diarios colombianos, es el resultado de la edición de un experto en política internacional, Alvaro Montoya, quien tiene su par en lo nacional en Amilkar Hernández.
Estos son los ingredientes de la receta con que cada día se prepara "El Siglo". Un periódico que no certifica su circulación porque no es lo suficientemente alta como para competir en pauta de publicidad con otros, pero que responde de acuerdo a su subdirector "con una lectura calificada entre la clase dirigente colombiana"

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