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| 1/22/2011 12:00:00 AM

¡El fútbol no es así!

Un economista y un periodista, basados en estadísticas, desvirtúan los principales mitos del fútbol.

Simon Kuper y Stefan Szymanski
¡El fútbol es así!
Urano, 2010
414 páginas


El fútbol no es un buen negocio. Al menos no para los clubes que apenas se apropian de una pequeña parte de "la pasión por el fútbol". Incitados por sus hinchas y los medios de comunicación, siempre están tomando decisiones económicas "irracionales" y sin ningún sentido del largo plazo. Siempre están pagando el fichaje de jugadores sobrevalorados y unos sueldos excesivos. Para que cualquier empresa sea rentable, sencillamente debe gastar menos de lo que gana. Y eso en el fútbol parece imposible: hay que pagar buenos sueldos para que un equipo gane partidos. "Es un trueque: si se quiere la gloria, tendrá que olvidarse de maximizar los beneficios". Los inversionistas pierden, pero los clubes subsisten. ¿Por qué? Porque aparecen nuevos inversionistas dispuestos a perder y los gobiernos salvadores. No por mucho tiempo, creen Simon Kuper y Stefan Szymanski: en un futuro cercano, teniendo en cuenta las cifras cada vez más increíbles que se mueven alrededor del fútbol, no se permitirán gestiones poco profesionales.

¿Pero es posible meterle lógica económica al fútbol? Desde luego que sí. Ahí están las estadísticas, los hechos, solo hay que ponerles atención, insisten Kuper y Szymanski. Noruega, aunque no lo crean, es el país que más ama el fútbol. Y es más la gente que se salva por ver fútbol que la que se suicida. No es cierto que todos los hinchas sean monógamos, a la manera de Nick Hornby, "encadenado" hasta su muerte al Arsenal. No, existen, y cada vez en mayor número, los hinchas polígamos: "Desde finales de la década de 1990 ha habido hordas de nuevos hinchas en todo el mundo -sobre todo mujeres- que se han acercado al fútbol sin manifestar una lealtad duradera. Muchas de esas personas parecen ser hinchas en serie, que seguramente apoyarán al mismo tiempo al Manchester United y al Liverpool, o al Real Madrid y al FC Barcelona". Tampoco es cierto que la organización de un campeonato mundial de fútbol sea rentable para un país. Se construyen costosos estadios -elefantes blancos después- con los impuestos de todos y los visitantes nunca traen la bonanza económica esperada: "Casi todas las investigaciones demuestran lo mismo: el hecho de ser anfitriones de un campeonato deportivo no aumenta la afluencia de turistas ni de puestos de trabajo, ni fomenta el desarrollo económico". ¿No deja nada? Sí, deja muy contentos a los anfitriones, casi felices. Aunque no es precisamente felicidad lo que prometen los organizadores de estos eventos. "¿Por qué no lo dicen y punto? ¿Por qué tienen que revestir sus organizadores de previsiones económicas falsas?".

La selección de España gana y la de Inglaterra pierde. John Terry erra un tiro penal crucial y su equipo, el Chelsea, no gana la final de la Champions League de 2008. "El fútbol es así". No, no es así. Si Terry hubiera aplicado la teoría de los juegos, como la aplicó el arquero Van der Sar con Anelka, el resultado habría sido diferente. España no gana por azar, sino porque cambiaron favorablemente sus circunstancias históricas. Pasó de ser el país aislado que propició la dictadura franquista a convertirse en un país conectado con las redes del continente europeo, donde se juega el mejor fútbol de nuestra época. Europa occidental descubrió el secreto del fútbol: un juego de atletas rápido y colectivo donde no hay que driblar sino pasar rápido el balón. Todo empieza en 1973 -poco antes de la muerte de Franco- , cuando el Barça contrata a Johan Cruyff y al entrenador Rinus Michels, quien introduce el concepto de fútbol total. Armand Carabén, el secretario del club, dijo: "¡Un holandés en el Nou Camp! Pero ¿adónde iremos a parar?".

Inglaterra pierde porque se aisló de esa red europea ("El juego de los británicos se basa en un absurdo: chutar y correr mucho"). Y porque el nivel educativo de sus futbolistas es bastante deficiente. Para Kuper y Szymanski la educación y el desarrollo económico se encuentran íntimamente ligados a los éxitos deportivos. Por eso, malas noticias, no le vaticinan mucho futuro al fútbol del tercer mundo. Japón, Estados Unidos y China están más cerca de ganar un campeonato mundial que un país africano.
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