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| 8/30/1982 12:00:00 AM

EL GALPON DE ATAHUALPA

A los 79 años, Atahualpa del Cioppo sigue siendo una figura clave del teatro latinoamericano.

"El Galpón", del Uruguay no es un grupo más de teatreros latinoamericanos. Es prácticamente una leyenda, cuyo origen parte de la figura de su fundador Atahualpa del Cioppo. Es un hombre de 79 años, alto, delgado, modesto. Habla siempre en plural revelando un gran respeto por la labor de sus compañeros de trabajo. De origen italiano, su verdadero nombre es Américo del Cioppo. Este seudónimo surgió cuando era joven, y escribía versos pero, como también era reconocido deportista pensó que la gente cambiaría la imagen que tenía de él. Su impulso literario lo llevó pronto al teatro, profesión a la que ha dedicado toda su vida. Hace seis años salió de su patria, el Uruguay, con sus compañeros de "El Galpón". El gobierno militar de ese país, después de apresar y torturar a algunos integrantes del grupo, lo disolvió: su labor, consideraron, afectaba el nuevo estilo de vida uruguayo.
En México, donde trabajan actualmente, "El Galpón" ha logrado vivir de su arte, meta que muy pocos profesionales del teatro han podido conseguir, haciendo montajes de obras latinoamericanas, del repertorio clásico y de su propia cosecha. Y es precisamente dentro de esta última categoría en la que Atahualpa del Cioppo piensa que han obtenido una de sus más importantes realizaciones, al llevar a escena la pieza "Artigas General del Pueblo", que se presentó en Bogotá. "Artigas -explica Del Cioppo- fue el fundador de la nacionalidad oriental y tiene, para nosotros, la misma importancia que Bolívar. Los dos son personajes que expresan una época con conceptos muy similares sobre el desarrollo, la libertad y la justicia social. Además, Artigas fue el fundador del Ejército uruguayo. Pero su ejército trabajaba para la liberación del pueblo; no era como el actual, que priva al pueblo de sus libertades, que mantiene en la cárcel no solamente a estudiantes y a obreros, sino también a militares. Esta obra, que pretende dar a conocer quién era Artigas y su importancia dentro de Latinoamerica, la construimos de acuerdo con nuestro esquema de trabajo. Esquema que se fundamenta en la aspiración de producir una obra de arte, dentro de un proceso en el que actores y directores hacen propuestas para su desarrollo. Propuestas que se discuten y concretan". Precisamente las piezas montadas por el grupo, bien sobre la base de un librero previo o de la creación colectiva, denotan una especial integración profesional y humana entre los participantes del grupo. "La síntesis de "Artigas General de un Pueblo" -continúa del Cioppo- la hizo Rubén Yáñez y está basada en serias investigaciones sociales y del personaje. No sé si habremos alcanzado la dimensión de Artigas, pero este montaje es de alguna manera una forma de seguir viviendo en la patria".
A pesar de vivir lejos de la patria, Atahualpa del Cioppo no se queja, más aún, parece ser un hombre feliz. Tiene en su haber dos matrimonios lo cual prueba, según sus palabras, que "sí se puede tropezar dos veces con la misma piedra". Con hijos de la edad de sus nietos, este abuelo no soporta ningún otro viejo diferente a él mismo. Su vitalidad nace -de acuerdo con su explicación- de la falta de tiempo. "No he tenido tiempo para enfermarme, creo que tampoco lo tendré para morirme".
En las palabras profundas y filosóficas de Atahualpa del Cioppo que van desde concepciones metafísicas hasta las más avanzadas ideologías, siempre resalta un sincero reconocimiento hacia la labor de los profesionales del teatro colombiano. Inclusive, parte de la pieza "La Maestra", del dramaturgo Enrique Buenaventura, se encuentra integrada a un montaje de "El Galpón", "Voces de Amor y Lucha", que dirige César Campodónico. Admira también la labor realizada por Santiago García con el grupo "La Candelaria" y la de Jorge Alí Triana con el T.P.B.
Para este hombre que vive, sueña y trabaja en el teatro, esta expresión artística es más trascendente de lo que puede parecer. "El teatro -dice- es un factor que entra a crear conciencia del valor de la historia. Nuestro teatro anda por el mundo para exponerle a la gente qué pasa en el Uruguay . Aunque sabemos que no va a transformar las condiciones del país. Pero en él hacemos propuestas para que la gente tome conciencia. Porque el teatro no es solamente una forma sensible de conocimiento sino también científica".
Al llegar a Colombia Atahualpa del Cioppo encontró que poseía muchos amigos que no conocía y que aquí existen las mismas inquietudes y hay una especie de comunión práctica y espiritual con el trabajo de "El Galpón". De las obras presentadas en Bogotá resuenan aún los diálogos duros y directos de "Pedro y El Capitán".

PEDRO Y EL CAPITAN
Fragmento inicial de "Pedro y el Capitán", obra teatral de Mario Benedetti, cuyo tema gira alrededor de las relaciones que se tejen entre un prisionero político condenado a muerte, y su carcelero.
Escenario despejado: una silla, una mesa, un sillón de hamaca o de balance. Sobre la mesa hay un teléfono. En una de las paredes, un lavabo, con jabón, vaso, toalla, etcétera. Ventana alta, con rejas. No debe dar, sin embargo, la impresión de una celda, sino de una sala de interrogatorios.
Entra PEDRO, amarrado y con capucha, empujado por presuntos guardianes o soldados, que no llegan a verse. Es evidente que lo han golpeado; que viene de una primera sesión -leve- de apremios físicos. PEDRO queda inmóvil, de pie, allí donde lo dejan, como esperando algo, quizá más castigos. Al cabo de unos minutos, entra el CAPITAN, uniformado, la cabeza descubierta, bien peinado, impecable, con aire de suficiencia. Se acerca a PEDRO y lo toma de un brazo, sin violencia. Ante ese contacto, PEDRO hace un movimiento instintivo de defensa.
CAPITAN
No tengas miedo. Es sólo para mostrarte dónde está la silla. Lo guía hasta la silla y hace que se siente. PEDRO está rígido, desconfiado. EL CAPITAN va hacia la mesa, revisa unos papeles, luego se sienta en el sillón.
CAPITAN
Te golpearon un poco, parece. Y no hablaste, claro.
PEDRO guarda silencio.
CAPITAN
Siempre pasa eso en la primera sesión. Incluso es bueno que la gente no hable de entrada. Yo tampoco hablaría en la primera. Después de todo no es tan difícil aguantar unas trompadas y ayuda a que uno se sienta bien. ¿Verdad que te sentís bien por no haber hablado?
Silencio de PEDRO.
CAPITAN
Luego la cosa cambia, porque los castigos van siendo progresivamente más duros. Y al final todos hablan. Para serte franco, el único silencio que yo justifico es el de la primera sesión. Después, es masoquismo. La cuenta que tenés que sacar es si vas a hablar cuando te rompan los dientes o cuando te arranquen las uñas o cuando vomites sangre o cuando... ¿A qué seguir? Bien sabés el repertorio, ya que constantemente ustedes lo publican con pelos y señales. Todos hablan, muchacho. Pero unos terminan más enteros que otros. Me refiero al físico, por supuesto. Todo depende de en qué etapa decidan abrir la boca. ¿Vos ya lo decidiste?
Silencio de PEDRO.
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